Incertidumbre

La idea de lo sagrado es simplemente una de las ideas más conservadoras en cualquier cultura, ya que busca convertir las otras ideas – la incertidumbre, el progreso, el cambio – en crímenes.

Salman Rushdie

Es algo que gestionamos muy mal. No nos gusta. A pesar de que nos repitamos, una y otra vez, que estamos abiertos al cambio, a ver otras posibilidades en nuestra vida, generalmente nos engañamos. Queremos seguridad. Y esto es una de nuestras mayores debilidades. Donde somos especialmente vulnerables.

Esto ocurre porque nos vamos construyendo, con la inestimable ayuda de quienes están interesados en ello, una fantasía de estabilidad que nos atrapa. Aunque esté sostenida en falacias, inexactitudes e, incluso, deshonestidad. Es un fenómeno de acostumbramiento. Como quien se habitúa a que no le consideren o que le maltraten. Pensamos que podría ser peor o que no todo está tan mal. Este sometimiento puede llegar a grados extremos cuando se convierte en resignación y conformismos con las más evidentes circunstancias injustas.

Es, en cierto modo, dependencia emocional, un fenómeno que sostiene las más atroces relaciones de maltrato físico y psicológico. La persona -o la sociedad-, se ve anestesiada en su capacidad de reacción, al recibir tantas desventuras, que termina validando el conocido dicho de más vale malo conocido, que bueno por conocer.

Así, a quien maltrata, se le permite de todo. Se le justifica cualquier cosa. Llegamos a pensar que lo está haciendo por nuestro bien. Que nos quiere. Y esto se convierte en un potente condicionamiento que nos atrapa y no nos permite ver más allá de lo que nos propone el propio causante de nuestras desdichas.

Este fenómeno que se da, principalmente, en las relaciones de pareja, ocurre también con los grupos, e incluso, países. Es el pilar principal en el que se apoyan todas las sectas destructivas. Y regímenes totalitarios. Te hacen creer que solo hay una decisión, la que hay entre la estabilidad -que te proporcionan-, o la incertidumbre. Lo que no explican es que solo la incertidumbre, administrada adecuadamente, es capaz de generar cambios.

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¿Estás segur@?

Nos cuesta admitir errores, porque eso significa renunciar a la seguridad que esos supuestos simplificadores nos proporcionan.
Daniel Kahneman

¿Cuantas  veces  al  día  podemos  preguntarnos  esto?  Queremos  conocer  al  detalle    lo que vamos a hacer vale lo que cuesta, nuestro esfuerzo, nuestro tiempo … En definitiva, nuestra vida. 

Esto  nos  lleva  a  embarcarnos  en  una  negociación,  muchas veces  con  nosotros  mismos, otras con los demás.  Pedimos certeza, cuando sabemos que  la  única  forma de avanzar es  la que proporciona el arriesgarse.

Que cuanto más arriesguemos, más obtendremos. Sin embargo seguimos pidiendo  seguridad.  Es  nuestra  lucha.  Queremos  saber  los  resultados  incluso  antes  de haber empezado a hacer nada.  Esto  en  principio  no  tiene  porque  ser  algo  malo.  Siempre  que  no  nos  paralice. 

Y, seamos  sinceros,  esto  es  lo  que  ocurre  en  la  mayoría  de  las  ocasiones.  Nos  quedamos quietos  por  miedo  a  que  las  cosas  no  vayan  como  esperamos  o  queremos  que  vayan. Luego vienen las lamentaciones. Cuando vemos que quien ha arriesgado, lo consigue. 

En  el  fondo  es  la  historia  de  siempre.  Queremos  conocer  el  futuro  antes  incluso  de tomar ninguna decisión en el presente.

Pero la clave es la incertidumbre. Si simplemente somos conscientes de que no hay nada escrito y que, en muchas ocasiones lo que tenga que  suceder,  dependerá  de  lo  que  nosotros  hagamos,  seguros  o  no,  empezaremos  a entender de que va esta película. La  historia  de  los  triunfadores  está  llena  de  personas  que fueron  tildadas  de  locos  por lanzarse a la aventura con pocas certezas de los resultados. 

Hoy a esos inconscientes les llamamos visionarios o simplemente decretamos que tuvieron suerte. Y no es así. La diferencia entre quien lo consigue y quien no depende, en mucha medida, del grado de incertidumbre que seamos capaces de soportar. A esto por supuesto, hay que añadirle conocimiento,  compromiso  y  propósito,  componentes  esenciales  de  la  motivación  intrínseca. 

Y  una  gran  capacidad  de  aprendizaje,  que  nos  lleve  a  entender  los  tropiezos  o fracasos como la principal fuente de aprendizaje.

Y,  por  último,  esta  la  suerte.  Que  es  como  la  inspiración.  No  sirve  de  nada  si  cuando llama a tu puerta no te pilla trabajando.