Bueno o malo. Difícil de decir.

Fiona, la hija de Heather Lanier, tiene síndrome de Wolf-Hirschhorn, una enfermedad genética que causa retrasos en el desarrollo… pero esto no la hace trágica, angelical o ninguno de los otros estereotipos con los que se etiqueta a niños como ella. En esta charla sobre la hermosa, complicada, alegre y ardua tarea, de criar a una niña inusual, Lanier cuestiona nuestras suposiciones sobre lo que hace que una vida sea buena o mala. Nos desafía a que dejemos de buscar soluciones para lo que consideramos ‘anormal’ y a que, en su lugar, aceptemos a la vida tal y como es.

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Negatividad

Las emociones negativas intensas absorben toda la atención del individuo, obstaculizando cualquier intento de atender a otra cosa.
Daniel Goleman

Con cada uno de nuestros pensamientos producimos sustancias químicas. Cuando pensamos en algo positivo, en cosas que nos alegran, nuestro cerebro producirá productos que nos hacen sentir felices y satisfechos. Por otro lado cuando estamos pensando en cosas negativas o nos sentimos inseguros o poco valorados, nuestro cerebro contribuirá con sustancias que mantienen estas sensaciones.

Así, lo que ocurre a nivel químico en nuestro cerebro afecta como nos sentimos, tanto a nivel físico como mental. Nuestro cuerpo se siente, literalmente, como pensamos. Es un reflejo de la actividad que se desarrolla en él.

Solo tenemos que fijarnos en lo que ocurre cuando recibimos opiniones o las emitimos. Dedicamos mucho más tiempo -bastante más, de hecho-, a los comentarios negativos que a los positivos. Lo podemos observar en cualquier portal que publique opiniones de usuarios sobre servicios. Encontraremos como a los negativos les dedicamos más espacio y detalle que a los positivos, ¡y como las respuestas a los primeros son mucho más extensas! Así, podemos ver como un restaurante u hotel que tiene infinidad de reseñas positivas, se ve afectado mucho más por las dos o tres negativas que puedan figurar en su lista. Estos comentarios nos pueden llevar incluso a desistir de ir a ellos.

Y esto ocurre, asimismo, en nuestro día a día. Maximizamos lo negativo y -casi- obviamos lo positivo. Tenemos una tendencia de fabrica, a fijarnos en lo que no va bien y a olvidar todo lo que si lo hace. Curioso ¿verdad?

Probemos a decirle a alguien, por ejemplo, que se queja de que no consigue aparcar, nada más llegar, a menos de 100 metros de su trabajo, porque a todo el mundo le da por hacerlo ¡y a su misma hora!, que tiene la suerte de tener un automóvil y carreteras que lo llevan a pocos metros de su trabajo. Si además se nos ocurre la disparatada idea de proponerle que lo haga en transporte público o que camine, o que vaya antes o después de la hora punta (si le es posible), nos arriesgaremos a recibir una ristra de improperios, en el mejor de los casos.

¿Por qué ocurre esto?¿Por qué no somos conscientes de todo aquello de lo que disfrutamos y nos centramos exclusivamente en lo que no? Es muy sencillo. Nos acostumbramos a ello. A todo. A las comodidades que nos permiten desarrollar una vida confortable, a que nos quieran, a tener la posibilidad de disfrutar de ocio, a tener un trabajo … hasta que no lo tenemos. Y, mientras, nos centramos en lo negativo. En todo aquello que no funciona, sin apreciar lo que si. Que generalmente es mucho más.

Este fenómeno de acomodación cerebral, consigue que seamos personas infelices. Incapaces de apreciar lo que nos ofrece el día a día. Desde la magia de nuestros hijos e hijas despertándose para ir al colegio hasta la luz de un día de verano o ¡la maravilla de la lluvia! De hecho, el mero hecho de sugerirlo como estamos haciendo en este artículo, puede no gustarle a muchas personas.

Pero, para todas las demás que -como me ocurre a mí-, están empeñadas en, al menos, dejar en el balance adecuado lo negativo y lo positivo que les acontece en su vida, les propongo un sencillo ejercicio diario para conseguirlo.

Simplemente pongámonos manos a la obra. Registremos lo que nos ocurre a diario. Repasemos, al final de la jornada, lo que nos ha hecho sentir bien, esforzándonos en apreciar lo que pueda parecer evidente y conseguido. Es un sencillo ejercicio de concienciación, de gratitud y generosidad que puede llegar a cambiar nuestra vida.

Si queremos, claro.

Felicidad … más o menos

Vamos a decir que bien … es lo que muchas personas nos contestan cuando les preguntamos como se encuentran. En este ratito de televisión con Marta Modino y el profesor Juan Capafons, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad de La Laguna, hablamos de felicidad … más o menos.

Piel

 

No hay que temer a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que tienen otra opinión pero son demasiado cobardes para manifestarla.
Napoleón Bonaparte

El grosor de la piel de muchos de nosotros, metafóricamente hablando, es muy fino. La tendencia humana a tomarlo todo como personal, embistiendo a cualquiera que manifieste una opinión contraria a la nuestra, es la tónica habitual en muchos ámbitos.

En alguna ocasión hemos tenido, también, la oportunidad de compartir como los comentarios negativos, tienen la característica de desactivar a muchos positivos. Es lo que le ocurre a una actriz o a un músico cuando, entre un montón de críticas positivas, se “engancha” en la única negativa.

Lo paradójico es que, de esta manera, somos nosotros mismos quienes conseguimos con nuestra reacción, la multiplicación hasta el infinito, de un comentario malsonante, de una opinión despectiva o de unas palabras hirientes. Unido a ello, además, estamos desdeñando todas aquellas expresiones positivas que se pierden en nuestra indiferencia.

Más allá de que nos pueda resultar desagradable al oído, lo negativo nos hace reaccionar por mero instinto de supervivencia. Es una amenaza. Pero también hay que destacar que cuando ocurre, somos nosotros, los que pasamos a tener mucha responsabilidad en su difusión. Recuerden aquello de la primera piedra …

Por esto, y más allá de la educación de quien profiere insultos o comentarios descalificantes, la responsabilidad de su efecto pasa, a medida que se repite para rechazarlo, al que lo recibe.

Si no recuerden el cuento del viejo samurai que, ante los insultos y provocaciones de una aspirante engreído a sucederle, permaneció impasible hasta el agotamiento de su joven adversario. Al ser preguntado por sus discípulos porque no se había defendido respondió “si me ofrecen un regalo y no lo acepto, es quien lo trae el que se vuelve con él“.

¿Positivo o negativo?

Cada día escuchamos que hay que pensar solo en lo bueno y leemos artículos acerca de cómo combatir la negatividad. ¿Pero cómo convertirse en una persona positiva?

Genial.guru decidió investigar qué rasgos de personalidad tienen las personas negativos o positivos. Y este es el resultado.

¿Qué te gusta?

El amor o el odio hacen que el juez no conozca la verdad.
Aristóteles

Hay personas con un talento especial. Son capaces de encontrar lo malo en cualquier cosa. Puede ser la montaña o la playa, los cepillos de dientes eléctricos o los tradicionales … basta con que tu nombres algo y le encontrarán algo que no les gusta. Y lo peor es que sienten la imperiosa necesidad de decirte porque. Es algo que me ha llamado siempre la atención y lo he achacado, indistintamente, a su educación, su pesimismo, su envidia o a cualquier otra cosa que me permitiese entenderlo.

J. Dean en su blog acuña unos términos curiosos que, aunque traducidos pierden mucho, nos apuntan a como las personas podrían dividirse en odiadoras o gustadoras. Llega a plantear que es algo instintivo.

En un estudio reciente que recoge en su blog, los psicólogos D. Albarracín y J. Helper en 2013, sugieren que estos rasgos pueden ser identificados como un nuevo aspecto de la personalidad: en que forma estamos predispuestos a que nos gusten o no nos gusten una serie determinada de cosas. Incluso sin ser conscientes de ello.

Para investigarlo preguntaron sobre un montón de cosas que no tenían conexión alguna. Eran conceptos como aborto, América, antidepresivos, o arquitectura hasta eutanasia voluntaria, vestir ropa que llama la atención o vino.

Nos podemos imaginar que si preguntamos a nuestros amigos, encontraremos que a unos les gustan unas cosas y otras no. Además es de esperar que la variación entre ellos sea muy grande. Es lo que hallaron los investigadores. Pero, curiosamente, a nivel genérico, encontraron como las personas podían diferenciarse en odiadoras o gustadoras.

En otras palabras, algunas personas tendían a que les gustara incluso aquello que prácticamente no conocían, en la misma medida que otras no les gustaba lo que fuera, independientemente de tener idea sobre ello o no.

Los autores concluyen que esta predisposición es una faceta de la personalidad, al igual que ser extrovertido o introvertido. Hasta que punto depende de la genética o del aprendizaje queda abierto a la investigación.

Y ustedes ¿odian o gustan?

¿Vendrán tiempos mejores?

No sabes lo fuerte que puedes ser hasta que ser fuerte es tu única opción
Bob Marley

Es una de las coletillas más utilizadas cuando vienen mal dadas ¡ya vendrán tiempos mejores! Puede servir tanto para que alguien te consuele, como para que tu mismo lo hagas. Pero ¿es una buena estrategia pensar en que las cosas mejorarán? Pues no, lo cierto es que no funciona así. Entendámonos: como una forma momentánea de animarnos, puede que sirva pero, definitivamente como estrategia, no.

Al contrario. Cuando estamos pasando una mala racha, este tipo de pensamiento basado en expectativas, nos puede conducir a hundirnos todavía más. Pensamos en que las cosas mejorarán, y dejamos de intentar que lo hagan. Bajamos los brazos, y no apreciamos los momentos que están consiguiendo que naveguemos a través de estas aguas complicadas, que suponen las épocas en las que todo parece juntarse para conspirar contra nosotros.

En primer lugar porque nos salimos del presente. En lugar de vivir lo que está ocurriendo, lo que hacemos es pensar en lo bien que estábamos antes, añorando algo que nunca va a volver. No por un pensamiento fatalista. A no ser que tengamos una máquina del tiempo, lo que ocurrió en el pasado, se quedará en nuestra memoria, sea mejor o peor que la situación que estamos viviendo en la actualidad. Y esto lo que termina consiguiendo es que tengamos una visión distorsionada del pasado, que lo edulcoremos para convertirlo en una muleta en que apoyarnos en estos tiempos complicados.

Vale. De acuerdo con lo que escribes. Recordamos los buenos momentos para poder salir adelante en los malos ¿qué problema hay con esto? Bien, mientras esto lo utilicemos en los malos momentos “reales”, puede que sea útil. El perjuicio viene cuando lo utilizamos todo el tiempo.

Los períodos complicados, de salud, de pérdida, laborales o económicos, no son un todo. Vienen definidos por una circunstancia o conjuntos de ellas, más bien específicos. Puede ser la pérdida del trabajo o una larga enfermedad, nuestra o de un ser querido. El grado en que permitamos que una situación, defina todo un período de nuestra vida, depende de nosotros.

Lo que diferencia a las personas que “lo llevan bien” de quienes no lo hacen es simplemente una cuestión de enfoque. Las personas resilientes, salen fortalecidas de estas situaciones, aprovechando los momentos buenos -que los hay-, para poder salir adelante, aprendiendo.

La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo: termina por sacar el máximo provecho de todo lo que viene en su camino. Si buscamos un futuro más brillante en un pasado olvidado, no conseguiremos nada.

Es por esto que posponer el disfrute de los buenos momentos, exclusivamente a cuando creemos que todo va bien, además de, -coincidirán conmigo-, algo prácticamente imposible, puede conseguir que una situación complicada se enrede todavía más, gracia a nosotros.

La clave no es otra que la perspectiva presente. Es decir. Evaluar continuamente la situación, de forma que seamos capaces de establecer que va mejor (o peor) y cuáles son los apoyos que seguimos teniendo.

Porque, si hay algo cierto en esta vida, es su continuo cambio. Y por más que nos empeñemos en que las cosas permanezcan inmóviles, no lo harán. La vida se mueve. Queramos o no. La decisión será, pues, si queremos formar parte de ese movimiento o vamos a dejar que nos conduzca a donde quiera.

En el fondo es una cuestión de entender y aceptar como funcionan las cosas. De observar a quienes, en sus peores momentos, son capaces de sonreír y conseguir hacerlo nosotros, y aprender.

Cada uno de nosotros somos diferentes. No soy partidario de las comparaciones o competiciones, pero he de admitir que mirar a nuestro lado y ser consciente de como lo pueden estar pasando otras personas, puede ser una magnífica forma de relativizar e, incluso entender, como nos podamos sentir nosotros.

¿Estamos a lo que estamos?

El que puede cambiar sus pensamientos, puede cambiar su destino
Stephen Crane

Tómate un minuto para considerar estas situaciones. ¿Cuál piensas que te hará más feliz?

Planchar una camisa pensando en que estás planchando una camisa. ¿O hacerlo pensando en una maravillosa puesta de sol? Visitar el Prado, ver un cuadro de Monet, y dejarte llevar por su belleza. ¿O estar delante del cuadro pensando donde irás a cenar esa noche?

Puede que nos sorprenda, pero las investigaciones concluyen que son las situaciones primera y tercera las que más conseguirán satisfacernos. M. Killingsworth y D. Gilbert, de la Universidad de Harvard, han descubierto claras evidencias que nos muestran que una mente errática o que divaga, es una mente infeliz. Somos felices cuando nuestros pensamientos y acciones se encuentran alineados, incluso si se trata de planchar una camisa.

“La atención es como una combinación entre una linterna y una aspiradora: Destaca lo que es necesario limpiar y luego lo succiona hacia nuestro cerebro – y nosotros mismos”

Su equipo de investigación desarrolló una aplicación para móviles, para facilitar la recogida de experiencias de los participantes en el estudio. Durante varios momentos del día, esta aplicación recogía datos de la persona, mediante un breve cuestionario. Se le preguntaba si estaba feliz, que estaba haciendo y que pensaba sobre lo que estaba haciendo.

Este estudio, publicado en la revista Science, en septiembre del año 2010, se observa que la gente está pensando casi tanto en lo que no está ocurriendo como en lo que si y que, esto, les hace infelices.

Una de las conclusiones que más llaman la atención es que la felicidad es predecible. La presencia mental o, lo que es lo mismo, cuadrar nuestros pensamientos con nuestras acciones, es un predictor realmente fiable de nuestro estado de ánimo. Así, alguien que está en casa concentrado en limpiar el baño y pensando en ello nada más es mucho más feliz que quien está en la playa deseando estar observando una aurora boreal.

Nos han ido programando para vivir “en el futuro” o, en el pasado. Para desear lo que no tenemos y no disfrutar de lo que si. Nos ocurre hasta conduciendo. Ponemos el ¨piloto automático” y olvidamos que estamos a los mandos de una compleja máquina a una velocidad endiablada.

Nos autoengañamos llamándolo “multitarea” cuando lo que estamos consiguiendo es reducir la calidad de lo que hacemos y, consecuentemente, nuestra satisfacción.

Y esto, se aplica a todas las esferas de nuestra vida. Si ¡a esa especialmente! No nos quejemos de la calidad de nuestro amor, si no estamos totalmente en él.

Desarrollar la atención en lo que estamos haciendo es precisamente uno de los aspectos a cambiar para ser más felices. Es como un juego que pretende “casar” lo que pensamos con lo que hacemos. Y que se convierta en una forma de vida.

Y esto se puede hacer “recableando” nuestro cerebro. La explicación científica de este “reseteado cerebral” se denomina “neuroplasticidad dependiente de la experiencia”. Nos viene a confirmar como nuestro cerebro, que otrora veíamos como algo inamovible y en declive con los años, solo será así si nosotros queremos. No tenemos que ver sino la enorme capacidad de cambio asociada a situaciones más o menos complicadas, que tenemos las personas. Y como nuestro cerebro responde a ello. La resiliencia, o esa sorprendente capacidad de afrontar las situaciones más difíciles, es un claro ejemplo de ello.

Nuestro cerebro cambia con la experiencia, siempre. Y va cambiando más, cuanto más hacemos, cuanto más practicamos. Los redes neuronales que estamos ejercitando se fortalecen y, eventualmente, los patrones de pensamientos y hábitos mentales que los representan funcionan con menos esfuerzo. La mejor forma de cambiar nuestro cerebro no es la medicación, es la conducta. Porque es precisamente para lo que está diseñada. Para cambiar. Y no cualquier conducta. Son los pensamientos y hábitos mentales los principales actores del cambio cerebral.

Es lo que W. James llamaba: “la estructura básica de la vida mental”.

Una vez decidimos cambiar nuestros patrones de pensamiento, ya solo nos queda ponernos manos a la obra. Y para esto, la ayuda de la psicología es uno de los caminos.

Contratiempos

La vida puede estar llena de contratiempos. Cometemos errores o simplemente las cosas no van como pensábamos. Después de un tiempo, incluso el optimista más ferviente puede quedar sin ánimo. Así que, después de un golpe (o dos, o cinco) ¿cómo puedes recuperarte y avanzar con confianza?

Siendo consciente que los contratiempos son parte del proceso. Quien intente construir grandes cosas enfrentará desafíos. Sin lucha no hay recompensa. Sin contratiempos no hay avance.

Las derrotas son oportunidades de aprendizaje que te harán más fuerte. Convierte tu derrota en una oportunidad de aprendizaje, y si no pierdes la calma puedes prosperar por su causa.

No dejes de soñar. Por muy imposible que parezca, si no estamos lo suficientemente loco para declarar lo que quieres alcanzar y recibir, entonces no estás lo suficientemente loco para conseguir aquello que deseas. No dejes que los contratiempos achiquen tus sueños. Continúa soñando tan grande y atrevido como siempre, mientras te levantas una vez más.
Empieza a hablarte. ¿Conoces ese ciclo de negatividad que suena en tu mente? ¿El que dice “no puedo,” “no va a funcionar” o “tengo miedo”? No lo escuches. Si nos enfocamos en nuestras preocupaciones, miedos y dudas, construimos una prisión de negatividad. Es a través de los pensamientos positivos cuando conseguimos ir hacia adelante.

Hazlo con amor. El amor disuelve el miedo; te da energía. Atrae a ti a las personas indicadas, las que suman y no restan. La felicidad es un poderoso pegamento.

Trabaja con amor y encontrarás que sí tienes lo que se necesita para salir adelante. Cada minuto de tu vida estará lleno de intención y aventura.