La vida de verdad

El entusiasmo es la madre del esfuerzo, y sin el jamás se consiguió nada grande.
Ralph Waldo Emerson

Podemos esperar a que todo se desarrolle como queremos … y esperaremos toda la vida. O podemos ponernos a ello siguiendo estos consejos

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Olvida la suerte, esfuérzate. Pocas cosas ocurren por casualidad. La suerte tiene la costumbre de llegar a aquellos que están trabajando. Si esperamos a que algo suceda hemos perdido el control. Es el reino del miedo y la ansiedad. Si vivimos con propósito y capacidad, poco importa lo que ocurra fuera, siempre que logremos filtrar lo que nos rodea e identificar lo que nos afecta en verdad. Puede resultar simple, pero esto es solo el principio.

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Deja de preocuparte por los fallos. Para una persona comprometida, no existen. Si te equivocas cien veces, habrás aprendido cien lecciones. Si te comprometes contigo para crear aquello que realmente te importa, tu cabeza se organiza. Una vez lo consigues, tus emociones se ordenan, ya que la forma que piensas es la forma que sientes. Y una vez que esto ocurre, aumenta tu capacidad de crear y manifestar lo que quieres.

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Trabaja con claridad. Lo que el ser humano necesita, además de confianza, es claridad. Si debes atravesar una multitud, tu confianza te puede ayudar a hacerlo, aunque tropieces con muchos. Pero si además ves con claridad y estás centrado en tu camino, conseguirás hacerlo sin pasar por encima de nadie. La confianza ayuda a pensar que puedes conseguir lo que te estás planteando. La claridad te hace ser consciente de cada paso a medida que lo vas haciendo.

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Acepta las personas o cosas que no te gustan. Para conseguir manejar diferentes situaciones en nuestra vida, necesitamos diferentes identidades. Si transitamos fluidamente entre estas situaciones sin rigidez, podremos manejarlas hábilmente y sin problemas. Si nos empeñamos en permanecer inamovibles como una roca, no conseguiremos avanzar.

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Olvida tus cálculos. Que no te engañen. Aspirar a lo mejor puede ser una gran trampa. Coloca tus expectativas tan altas, que dejas de disfrutar de lo cotidiano, de los pequeños placeres que componen la vida real. La mayoría de nosotros tiene la oportunidad de hacer grandes cosas a diario, pero lo minimizamos. Si nos centramos en ser mejores personas en lugar de en grandes objetivos, nos sorprenderán los resultados.

Espero que les resulten de utilidad.

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¿Quieres cambiar tu vida? (III)

En nuestro reto semanal, nos toca mirar hacia dentro. Hacia nuestros anhelos, planes o sueños.

SEMANA 3: PLANES, METAS Y SUEÑOS

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Escribir y realizar los planes La semana pasada ya has debido hacer una lista de cosas por hacer, Mírala. ¿qué te parece? ¿despierta en ti alegría, entusiasmo y deseo de subirte las mangas y comenzar? Si no es asi, es posible que valga la pena tachar otro par de puntos. O bien, llevarlos a cabo y luego tacharlos. En cualquiera de los casos aumentará tu fuerza y tu deseo de vivir. Escribe también lo que te hace vibrar, lo que te apasiona; piensa en lo que te gusta y lo que te gustó alguna vez. No olvides planear no sólo el trabajo y el dinero, sino también el descanso, el tiempo con los amigos y las personas que amas, por ultimo pero no menos importante, el tiempo que te dedicarás a tí mismo (de este siempre se olvidan). Hay que hacer un plan que sientas ganas de realizar, que te haga temblar las piernas y te rasquen las manos de emoción; todo a la vez. Es como si quisieras escribir un libro tan interesante de tu vida que después querrías volver a leerlo. Lo importante es definir fechas y pasos concretos, así tienes prácticamente garantizado que se cumplirá y no caerá en el ciclo del “después“ para alimentar al mono del que ya te hablé.

Escribir la lista de lo imposible. Este es uno de mis ejercicios favoritos, lo hago aún hoy y cada vez me vuelvo más descarada (aunque cualquiera diría ¿aún mas?). Se trata de escribir una lista de los sueños que no se cumplirán nunca, ese tipo de cosas que son tan irreales que realizarlas parece algo imposible, puedes escribir también el erradicar el hambre del mundo y subir al Everest (si tienes 89 años). Apaga por un momento tu lógica e imagina que todo en el mundo está a tus pies: tienes tiempo, dinero, las conexiones necesarias, el talento especifico ¿que querrías?. Hablando de eso quiero contarte que la primera ”lista de lo imposible” que escribí en febrero de 2014 ya se ha cumplido por completo, y ahora me causa mucha gracia lo humildes que eran los deseos que en ese momento me parecían “imposibles”. Hacer esto es muy útil porque sabes lo que quieres, y aunque sea muy dificil estás un paso adelante para lograrlo, porque si aparece la oportunidad, la reconoceràs.

Hacer planes cada día. Cada noche escribe los planes para el dia siguiente, ya sean planes cortos, medianos, especificos o como sea, pero debe haber un plan. Incluso si el otro día ya no te acordarás de que tenías ese plan, tu productividad aumentará mucho. ¡está comprobado! Además, no olvides mirar de vez en cuando tu plan global y preguntarte ¿es hacia allá para donde voy? ¿para dónde voy? e incluso ¿voy a alguna parte? ¿por qué?

¿Urgente o importante?

Como siempre: Lo urgente no deja tiempo para lo más importante
Mafalda

Cada uno de nosotros tenemos una idea diferente de lo que significa un adecuado balance entre el trabajo y nuestra vida fuera de él. Sin embargo, todos podemos coincidir en que podría ser disponer de una cantidad satisfactoria de tiempo para hacer lo que nos apeteciese. Puede ser tiempo con nuestra familia, tiempo para hacer deporte, crecer espiritualmente o cualquier hobby que nos apasione.

Para conseguir un adecuado balance, te proponemos dos etapas: en primer lugar encuadrar nuestra vida y, en segundo lugar, te cinco claves para conseguirlo desde ya.

Debemos comenzar clarificando cuales son nuestras prioridades. Y esto es algo personal. Depende exclusivamente de ti. Puede ocurrir que si dedicas una buena parte de tu tiempo a construir tu carrera profesional, esto te haga feliz. Y, aunque, puede estar descompensado con tu vida privada, esto es lo que te toca ahora.

Esto se convierte en un problema cuando no es congruente con nuestros valores o principios. Es decir, si quieres dedicar tiempo a tu familia, pero el trabajo te lo impide, tienes un problema. No es fácil solucionarlo, pero ser consciente de ello, intentando recuperar el balance entre ambos aspectos de tu vida, es un buen comienzo.

Ser infeliz en ambos escenarios, no es la solución. Debemos ser honestos con nosotros mismos al valorar nuestras prioridades y no engañarnos. Para ello es importante que imaginemos como nos gustaría que fuese nuestra vida, que evaluemos la situación actual y determinemos la distancia entre ambas realidades.

Debemos ser conscientes al fijar nuestros objetivos. Saber que no es posible desarrollar una exitosa carrera como directivo o directiva de una gran empresa, pasar mucho tiempo con nuestra familia, ser un gran bailarín de tango y leer diez libros a la semana. El trabajo, y especialmente en los tiempos que corren, exige mucho tiempo y energía. Combinarlo con nuestra vida fuera de él puede ser una verdadera pesadilla

Por ello es muy importante que seamos conscientes del tiempo que nos permite nuestra labor profesional, para aprovechar al máximo el que tengamos fuera de él. Es una labor imaginativa que nos exige buscar la calidad en lo que hagamos.

A continuación te proponemos cinco reglas para conseguirlo

Se más productivo. Puede resultar algo obvio pero, en la medida de lo posible, debemos intentar maximizar nuestro tiempo en el trabajo. Lo mas satisfactorio sería poder trabajar por objetivos en lugar de echar horas. El efecto de esta decisión evitará que pasemos tiempo innecesario en nuestro puesto de trabajo.

Pon límites. Es muy importante que seamos conscientes que el balance entre nuestro trabajo y nuestra vida privada es necesario. En ambos sentidos. Si no tenemos una vida fuera de nuestro entorno profesional, es muy probable que éste se resienta. En ocasiones extendemos nuestra jornada laboral sin percatarnos que necesitamos descansar, o cambiar de escenario para conseguir rendir satisfactoriamente en nuestra vida laboral. En la medida de lo posible, no te lleves trabajo a casa.

Aprende a decir no. Esto tiene que ver mucho con lo anterior. En ocasiones perdemos tiempo en nuestro trabajo en actividades que no nos corresponden o que, simplemente, no son relevantes. Un ejercicio consciente sobre las prioridades a desarrollar diariamente, conseguirá evitar que tengamos la sensación de no avanzar.

Vive tu vida. Tanto en nuestra vida profesional como en nuestra vida privada, conseguir aquello que realmente queremos exige que lo sepamos. En ocasiones, son otros los que parecen determinar cualquier aspecto de nuestra vida. Hagamos un esfuerzo por saber que es lo que realmente nos pertenece.

Cuídate. Puede resultar lo más obvio. Pero descansar adecuadamente, hacer ejercicio y mantener una dieta adecuada tienen un sorprendente efecto sobre como nos sentimos emocionalmente.

Por último, es muy importante que seamos conscientes que no podemos cambiar todo a la vez. Los planes exigen etapas. Y éstas deben ser abarcables.

¿NOS PONEMOS A ELLO?

No puedes intentar hacer las cosas, debes hacerlas
Ray Bradbury

Volvemos del verano. Es otra de las fechas en las que nos gusta hacer nuevos planes. En general, estos planes no los empezamos siquiera. En otros casos, conseguimos introducirlos en nuestra vida, pero nos aburrimos, nos cansamos y abandonamos.

Como millones de personas, tenemos las mejores intenciones pero las dejamos a nuestra motivación y voluntad para llevarlo a cabo y ¡no funciona!

¿Qué podemos hacer?

Cuando empezamos cualquier proyecto de mejora personal, estamos entusiasmados. Muy motivados por pensar en lo que podemos conseguir y seguros de lo que no queremos.

Pero esta motivación disminuye con el tiempo.

Y cuando ocurre esto acudimos a nuestro segundo reservorio, la voluntad. Pero ésta no es inagotable. Es un recurso que nos puede ayudar durante un tiempo y se pierde. En cualquier ocasión que nos forzamos a hacer algo que realmente no queremos hacer, gastamos algo de esa reserva. A lo largo de un día de uso, esta fuerza de voluntad tan útil en determinadas ocasiones simplemente puede no estar. Esta es la razón por la cuál muchas personas tiran por la borda su dieta en la cena tras haber comido saludablemente durante todo el día.

Más del noventa por ciento que lo que hacemos está dictado por nuestra mente subconsciente, esa parte de nuestro cerebro que parece un piloto automático. Así podemos limpiar nuestros dientes o conducir un coche sin realmente pensar en ello. Y, aunque puede resultar muy útil, en ocasiones nos lleva a una sensación de desconexión vital que puede ser enormemente agobiante. Especialmente porque muchos de estos hábitos, los mantenemos sin tener mucha idea de porque lo hacemos.

Pero si decidimos conscientemente aquello que queremos introducir en nuestra vida, tendremos la posibilidad de tomar las riendas y cambiar aquello que queramos.

Estableceremos nuevos patrones mentales y no tendremos que estar “tirando” continuamente de nuestra motivación o voluntad.

Les proponemos siete pasos para conseguir que cualquier nueva actividad se convierta en un nuevo hábito.

Pequeñas metas
Tenemos la tendencia a establecer grandes metas. Pero empezar con pequeños objetivos, incluso aburridos, tiene más posibilidades de conducirte al éxito. Meditar 10 minutos o caminar media hora al día, resulta mucho más posible que pensar en dos sesiones al día de meditación o en un plan de entrenamiento para correr una maratón que exige un compromiso casi vital para conseguirlo.

Utiliza disparadores
Un disparador es algo que te lleva a hacer algo automáticamente. Por ejemplo, un fumador se le dispara el deseo de fumar inmediatamente después de comer. Utilicemos esto a nuestro favor. Dejar la ropa para ir a correr preparada por la noche antes de acostarte, te anima a levantarte y salir a hacer ejercicio por la mañana.

Hazlo temprano
Siempre que puedas es mejor intentar introducir tus nuevos hábitos a primera hora de la mañana. Desayunar sano o salir a caminar temprano, ayudará a que nos acostumbremos a hacerlo.

Prepárate
Como hemos comentado más arriba, si esperamos a encontrar la ropa para salir a caminar a primera hora o no tenemos comida sana en casa, el establecimiento de nuestro nuevo hábito va a resultar mucho más complicado.

Adáptalo a ti
Por mucho que queramos ir al gimnasio a primera hora de la mañana, si nuestro horario de trabajo nos lo pone complicado, no podremos. Es vital encontrar el sitio adecuado para nuestro nuevo hábito más que intentar encajarlo a la fuerza en una agenda imposible.

Hazlo divertido
Muchos de nuestros nuevos planes parecen estar pensados en nuestra contra más que para mejorar nuestra vida. Si no nos divertimos, si lo que hacemos no nos gusta, no lo conseguiremos. Empezar con un curso de cómo cocinar sano o salir a correr con amigos es una buena opción.

Apúntalo
La vieja estrategia del calendario funciona. Si planificas hacer algo nuevo y vas chequeándolo a medida que lo consigues obtendrás una motivación extra que te hará ver que puedes ir más allá en tus objetivos.

Publicado originalmente en Julio de 2014

Cinco preguntas (diarias)

Son momentos de reflexión. O de prisas. Es cuando nos ponemos a pensar que debemos hacer para mejorar. Y lo queremos plantear para todo el año.  Paul Sloane  ha propuesto un quinteto de preguntas que nos podemos hacer diariamente. Sería como un examen a realizarnos antes de irnos a dormir.

1. ¿Qué fue lo mejor que me pasó hoy?

¿Qué fue lo que hizo que me sintiera particularmente orgulloso, feliz o agradecido? Hubo un momento de alegría o de logro? Vuelve a vivir esa sensación por un instante. Con demasiada frecuencia no se da trascendencia real a los pequeños detalles, fijémonos más en ellos.

2. ¿Qué podría haber hecho mejor hoy?

¿Qué lecciones pude aprender de las experiencias del día? ¿Qué errores cometí? ¿Qué haría para que no ser repitiera en el futuro? ¿Cómo podría haber manejado una situación o una conversación mejor? Piensa en estrategias para no volver a incurrir en las mismas situaciones que no te gustan de ti.

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3. ¿Cuál es la cosa más importante que debo llevar a cabo mañana?

¿Cuál es la tarea que hará la mayor diferencia en mi día? Si tienes una lista de cosas por hacer, piensa acerca de cómo lo vas a hacer. Esta pregunta te ayudará a centrarnos en lo esencial.

4. ¿Qué cosa nueva puedo probar mañana?

La vida es un viaje de descubrimiento. Tenemos que seguir intentando cosas nuevas todos los días, sin importar nuestra edad. Hay que reinventarse crear nuevos enfoques para que la rutina no se vuelva sinónimo de sedentarismo.

5. ¿Quién es la persona más importante?

O las personas más importante en mi vida. ¿Lo estoy haciendo por ellos? Concéntrate en alguien que ames – pareja, hijo, padre u otro ser querido. ¿Les has dicho y demostrado lo mucho que te importan? ¿Qué puedes hacer por ellos mañana?

¿CONTROLAS?

Tener el control en la vida nunca es fácil, y a veces puede ser hasta doloroso. Pero a largo plazo las experiencias óptimas añaden un sentimiento de maestría (o tal vez mejor sea decir, un sentimiento de participación al determinar el contenido de la vida) que está tan cerca de lo que queremos decir normalmente como felicidad como cualquier otra cosa que podamos imaginarnos.

Mihály Csíkszentmihályi

El control es una de las mayores ilusiones de la humanidad. Queremos sentir que controlamos todo lo que nos rodea. E incluso aquello que está más allá de nuestra realidad. Muchas de nuestras insatisfacciones e, incluso, trastornos mentales tienen que ver con esta ilusión. Esperar controlar puede provocar ansiedad, depresión, trastornos del sueño u otros problemas de salud mental.

Pero, seamos realistas. A pesar de el incremento de información disponible, de una educación cada vez más específica y accesible, lo inesperado forma parte de nuestra realidad e interfiere con nuestros planes. Cualquier plan que hagamos, por muy pormenorizado y detallado que sea, debe incluir lo imprevisto en el mismo.

¿Qué ocurre cuando un plan se altera? Para la mayoría de nosotros dependerá del día o de la situación. Puede ser que veamos el obstáculo como una oportunidad, algo excitante. O puede que lo veamos como algo que distorsiona nuestros planes, nuestra vida de tal forma que nos confunde, nos provoca stress y, en cierta manera, nos paraliza. Este segundo tipo de reacción es, cuando menos, contraproducente. Nuestra capacidad de recuperar nuestro equilibrio dependerá de nuestra habilidad mental, en ese momento, que nos permita responder creativamente y avanzar.

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El deseo de controlarlo todo nos viene de fabrica. Tiene sentido, ya que al controlar nuestro entorno incrementamos nuestra capacidad de supervivencia. O, al menos, esto es lo que pensamos. Si podemos anticipar lo que va a ocurrir, estas oportunidades aumentan. Pero, realmente, ¿son así las cosas?.

Este deseo de control, paradójicamente, nos puede confundir y llevarnos a pensar que podemos prever lo que va a ocurrir. Aparte de la evidente dificultad que se ha demostrado para que podamos ver el futuro, la ilusión de control en si misma puede ser una gran trampa que nos haga olvidar la necesaria preparación y conocimiento que tenemos que atesorar en el presente.

Este deseo de control aparece desde la más tierna infancia. En un estudio llevado a cabo con bebes de cuatro meses, los investigadores le ataban unas cuerditas a sus manos de forma que al moverlas sonaba música. Cuando les quitaban las cuerdas, y a pesar de que la música seguía sonando con los mismos intervalos, a los bebes no les gustó y se desgañitaron pidiendo volver a “manejar los hilos”.

A menudo escuchamos que esta “ilusión de control” puede resultar beneficiosa ya que anima a las personas a responsabilizarse, pensando que mucho depende del papel que jueguen en una determinada situación. Es el caso de alguien que debe seguir una dieta o controlar una medicación tras haber sufrido un ataque cardiaco.

Sentir que tenemos cierto grado de control es también muy beneficioso en aquellas ocasiones en las que las probabilidades de éxito son pequeñas, como puede ser obtener un trabajo al cual aspiran miles de solicitantes. Esta sensación hace que nuestra actitud sea más positiva e, indudablemente influye en la forma de abordar la situación.

Pero no todo es positivo con esta “ilusión”. Tomemos el ejemplo de las apuestas. Nos bombardean con las infinitas posibilidades que tenemos de ganar en una lotería o en la quiniela, creándonos esa ilusión con el único objetivo de que invirtamos nuestro dinero en estos juegos de azar. Ocurre algo similar en los mercados financieros, en donde los operadores tienen la sensación de controlar mucho más de lo que realmente hacen. De hecho, como muestra un estudio llevado a cabo recientemente, cuanto más creen hacerlo, peores son sus resultados. Olvidar las leyes de la aleatoriedad no parece una buena idea en ninguno de estos dos campos.

La ilusión de control nos puede llevar a no aprender de nuestros errores. Imaginen un montañero que no aprende de los sustos que le ha dado la montaña a lo largo de los años. Confía en su conocimiento y en su preparación física, y olvida los errores cometidos en el pasado. Durará poco.

Lo más curioso de este fenómeno es que puede que no sea totalmente una ilusión después de todo. En una serie de experimentos llevados a cabo en Harvard en 2011 se constata que, cuando más dominamos realmente una determinada situación, la sensación de control disminuye. Esto puede resultar, en un sentido, beneficioso y lógico. A mayor conocimiento, más consciencia de las posibilidades de que lo inesperado ocurra. Pero, desde otro punto de vista, puede provocar que las actuaciones que se lleven a cabo sean muy conservadoras. En determinadas situaciones, esto puede resultar paralizante.

En conclusión, el cóctel adecuado parece ser una buena mezcla de conocimiento, preparación y consciencia de lo imprevisible. ¡Como la vida misma!

¿CÓMO EMPIEZO?

Comenzar un nuevo proyecto es duro. Incluso puede resultar aterrador. Igual no sabes como arrancar, o tienes miedo a fracasar. Pero lo cierto, es que la única forma de saberlo es ponerse a ello. Podríamos estar filosofando algunas páginas sobre el origen de la motivación para enfrentar un nuevo proyecto, pero la propuesta de hoy no va de eso.

Todos tenemos planes sin finalizar, incluso antes de empezarlos, y la falta de motivación es una de las mayores razones para que no lo hagamos. Puede ser ese blog que querías escribir, el nuevo trabajo que querías proponer o la carrera que querías correr. La motivación para empezar no aparece y nos quedamos en el sofá esperándola mientras perdemos el tiempo viendo la tele.

Pensamos, ¡no se como hacerlo!, en primer lugar para luego ser conscientes de que tenemos que hacerlo y nadie lo hará por nosotros. Es entonces cuando tomamos la determinación, nos ponemos a ello y terminamos diciendo ¡no fue tan complicado!.

Si es así, ¿por qué cuando volvemos a enfrentarnos a un nuevo proyecto no recordamos como sacamos adelante el anterior?. Se nos viene encima el tiempo y no tenemos un plan. ¿A que esperamos?. Si a ese plan le añadimos una actitud adecuada, tendrá muchas más posibilidades de tener éxito. De hecho, espabilarnos y ponernos a ello es más fácil de lo que parece y puede llevarse a cabo siguiendo unos sencillos pasos.

Define tu objetivo. No tienes que hacer nada. Solo siéntate y piensa en lo que quieres hacer.

Investiga. Cuanta más información tengas, más sencilla te será la tarea que te propongas. Los pasos a seguir, las alternativas posibles, pueden ser recogidas en esas pesquisas previas.

Márcate fechas y se fiel a ellas.  No es complicado, solo elige las fechas según la complejidad de lo que te propongas y cumple con tu compromiso. A veces no es sencillo, pero funciona como un verdadero sistema de recompensa cuando vas dejándolas atrás.

Dedícale tiempo. Al menos 15 minutos al día. No es difícil ¿a que no?

Empieza. Es lo que toca ahora. Ponte a ello. Si lo empiezas a disfrutar, podrás con ello.

El proceso inicial es así de sencillo. Pero si necesitas un pequeño empujoncito para animarte a ello, ¡lee a continuación!

No es coincidencia que la motivación para pensar y la motivación para actuar nos lleguen en diferentes momentos. El trabajo de los psicólogos Arie Kruglanski y Tory Higgins sugiere que tenemos dos sistemas motivacionales complementarios: el sistema de “pensamiento” y el de “acción” – y solo somos capaces de manejar uno a la vez.

Aquí es donde tenemos que sentarnos y escribir. Les propongo que establezcan un contrato con ustedes mismos. En el reflejaran que es lo que quieren hacer y como lo van a llevar a cabo. Puede sonar a algo excesivo, lo sé. Pero, créanlo, funciona. Proporciona un energía muy necesaria cuando estamos remoloneando sin saber muy bien como hincarle el diente a ese proyecto que tenemos. El objetivo de este documento no es otro que ese. Darle seriedad a la tarea que queremos acometer.

En este contrato no utilizaremos frases como “a ver si ….” o “voy a intentar que ..”. La redacción tiene que incluir acción y escribiremos frases como “en la primera semana habré conseguido …”. Evitemos utilizar los condicionales para redactar en presente y futuro.

Este contrato personal debe centrarse en nuestros objetivos, aquellos que componen las etapas para la consecución de nuestro proyecto. Es un documento justificativo de porque queremos hacer algo. ¡Y de cómo nos proponemos hacerlo!.

Una vez firmemos el primer contrato, el resto nos será mucho más sencillo.