¿Qué decimos cuando no hablamos?

Nos comunicamos no sólo con las palabras, también con los gestos, la mirada, la sonrisa; todo nuestro cuerpo y todo nuestro comportamiento habla en todo momento.

Son los componentes no verbales los que apoyan a la parte verbal, normalmente nuestro cuerpo apoya lo que comunica nuestra voz. Prueba a negar con la cabeza y al tiempo decir que sí, ¿necesita cierta concentración verdad?

La comunicación no verbal hace que lo que decimos sea más convincente y efectivo. no sólo facilita la comprensión, hace que la conversación sea más amena, divertida, interesante, es más fácil para nosotros expresar los sentimientos a través de ella.

Si desmenuzamos los elementos no verbales más importantes podemos agruparlos en cinco: La mirada, los gestos de la cara, los gestos de las manos y los brazos, la postura corporal y la distancia. En cada uno de ellos hay un sinfín de matices.

Por otro lado están los elementos paralingüisticos, que se refieren al manejo de la voz, pausas, tono, volumen, entonación… ¿Quién no ha asistido una clase magistral de contenidos con alguien soso que aburre hasta las piedras?

¿Qué pasaría si hay una incoherencia entre lo que decimos y lo que expresan nuestros gestos? nos delata y nos contradice, ¿a qué haríamos caso? Imagina que estás en clase diciendo al profesor que tú no estás distraído, que estás muy atento, pero estás sentado en la silla un poco desparramado, se te abre la boca, mirabas por la ventana. La comunicación no verbal te delata.

¿Cómo puedes convencer a alguien de que lo que escuchas no te gusta, si le miras con una sonrisa de oreja a oreja y le asientes con la cabeza? ¿Cómo convencer de que el regalo que te acaban de hacer te gusta si lo has dicho en voz baja, mirando al suelo, sin sonreír, sin ningún tono exclamativo sino monótono, sin acercarte a estrecharle fuerte, darle dos besos y repetir que te encanta? No hay verdades absolutas, cada gesto debe leerse en su contexto porque puede significar cosas bien distintas según cuándo, dónde y cómo se produzca.

La mirada: mirar a quien habla demuestra interés y escucha, pero mantener la mirada directamente durante todo el tiempo puede resultar agresivo.

La postura del cuerpo: la norma fundamental es la que distingue entre la cerrazón y la apertura, las posturas cerradas demuestran protección, encorsetamiento; imagina, por ejemplo, que una persona está sentada con los brazos y las piernas cruzadas. Sin embargo, las posturas abiertas demuestran relajación. Pero, ¡ojo! Si estamos varias personas sentadas en el instituto, o en el trabajo, una postura demasiado abierta (sentarse con las piernas demasiado abiertas, o cruzadas con el tobillo sobre la rodilla) puede transmitir desinterés o falta de educación. Inclinarse ligeramente hacia la otra persona, sin invadir su espacio es lo más correcto. La postura suele evolucionar a lo largo de la conversación siendo cada vez más distendida.

Los movimientos de la cabeza: asentir y situarla ligeramente inclinada hacia delante indican escucha e interés por la conversación.

Las manos: juguetear en exceso con ellas pueden indicar nerviosismo. Es importante controlarlas en situaciones donde te sientas tenso, al igual que el movimiento de las piernas. Utiliza gestos que apoyen tu comunicación verbal para ser más expresivo.

El contacto físico: Es mayor en función de la relación de intimidad con la otra persona. Tocar a un desconocido es arriesgado, le puede resultar incómodo. Todas las personas tenemos un espacio personal que normalmente sólo dejamos que nos invadan aquellos a quien tenemos un afecto especial.

La imagen: tu vestido, tu higiene personal, tu olor, tu pelo… dicen también mucho de ti. Apuntarse a una o a otra tendencia forma parte de tu libertad y también te identifica con unos gustos, ideas, es una forma de expresión; eso también marca la relación por las afinidades.

Es un error querer controlar el cien por cien de nuestro cuerpo, sólo haría que nos pusiéramos más nerviosos, pero tampoco nos podemos olvidar de él.

Hay determinadas situaciones en las que es normal un cierto nivel de ansiedad. Trata de mantener la calma, y ten en cuenta que todo el mundo valora mucho la franqueza y la educación. Por increíble que parezca ¡Intenta disfrutar!, exhibe tus capacidades. Si vas con esta mentalidad positiva, puedes preocuparte menos por tus gestos, seguro que son los adecuados.

Extraído de El Arte de Relacionarse

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Antes de hablar

Buenos días

Tod@s hemos metido la pata en alguna ocasión y dicho algo de lo que nos arrepentimos casi al instante. Pero hay tres preguntas que nos pueden hacer mejorar nuestra comunicación consciente, cuando hablamos, enviamos un mensaje o un correo electrónico, tanto a nuestra familia, amig@s, compañeros de trabajo o extraños.

Antes de hablar dejemos que nuestras palabras atraviesen estas tres puertas

¿Es verdad?
¿Es necesario?
¿Es amable?

Utilicémoslo a diario y podremos comprobar como la calidad de nuestra comunicación aumenta. ¡Que tengan un gran día!

¿Nos hacemos un cambio de look?

Puede que el cambio de look mental sea tan importante como el físico. No obstante, para llevarlo a cabo no sólo necesitamos cambiar nuestros pensamientos, sino también nuestras palabras. Las siguientes expresiones te ayudarán a transformar tu forma de pensar, sentir y actuar ¿Utilizar tus palabras para cambiar tu vida?

“Por favor”

Dos palabras tan cortas y a la vez tan útiles. Mostrarse educado conlleva muchos beneficios, desde mayor conexión social hasta más facilidad para desconectar. Piénsalo: ¿No serías más servicial con alguien que te pide algo por favor? Esas dos palabras tienen un poder especial.

“Porque”

Es también muy sencillo y puede ayudarte a obtener lo que quieres. Según una investigación publicada en el libro Magic Words: Las personas que razonaban con un “porque” en una frase tienen más probabilidades de conseguir lo que quieren que los que hacen la petición sin usar esa palabra. Lo dice la ciencia.

“Gracias”

Según una investigación sólo una tercera parte de la gente acepta un piropo con elegancia, tal y como informa Psychology Today. Muchos nos ponemos quisquillosos y respondemos con mal humor a los comentarios bienintencionados. Al decir “gracias” no sólo aceptamos las palabras amables de otra persona, sino que además nos ayuda a creérnoslas.

“¿En qué puedo ayudar?”

Si alguien a quien quieres está pasando por un mal momento, a veces la mejor forma para darle apoyo es ofreciéndote a hacerlo.
Ayudar a los demás no sólo es positivo para ellos; también te da a ti un chute de energía. De hecho, existen estudios que demuestran que la generosidad puede aumentar la autosatisfacción, el sentido de determinación e incluso la longevidad.

“¿Puedes ayudarme?”

Pedir ayuda tiene su peso. Pero no pasa nada por admitir que la necesitas. De hecho, puede resultar transformador. A menudo nos preocupa que pedir ayuda nos haga parecer estúpidos, pero una investigación demostró que buscar consejo puede hacer que parezcas más competente.

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Imagen de Juan Osborne, adaptado de Michael Ezra

“Estoy demasiado ocupado”

Ésta es importante —para borrarla —. Nuestra actividad constante está afectando a nuestra capacidad para disfrutar. Dejemos de glorificar la cultura del negocio, de querer llegar a todo, de hacer las cosas sin dormir por no quedarnos atrás en la carrera. “

“Buenas noches”

Tan importante es decirlo como el momento en que lo pronunciemos. Pista: mejor en cuanto estemos cansados. Una de las cosas que más olvidamos es el sueño, cuando debería ser una prioridad absoluta. De acuerdo con un reciente estudio, más de la mitad de los adultos estadounidenses reconoce que necesita al menos ocho horas de sueño, pero casi tres cuartos afirman dormir menos. ¡Hay que irse a la cama más temprano!

No

Es imposible hacer todo. A veces es mejor decir que no si estamos hasta arriba, sobre todo si con esa negativa vas a evitar estresarte.
A veces lo mejor que se puede hacer para completar un proyecto es dejar a un lado lo demás. A menudo supone decir que no a cosas buenas que te gustaría hacer, pero que interfieren en tus horas de sueño, de estar con tus hijos o de dedicación a aquello que te parece más importante.

“Lo siento”

Es difícil admitir que nos hemos equivocado, pero a la vez puede mejorar nuestra vida (por no hablar de nuestras relaciones). Los estudios demuestran que la culpa nos pesa, por lo que es mejor liberarnos con una disculpa sincera.

“Estoy agradecido por …”

Expresar la gratitud puede hacernos más felices y sanos, lo cual suele ser parte de nuestros propósitos al comienzo del nuevo año. Puedes escribir un diario de gratitud o simplemente pensar al final de cada día por qué cosas estás agradecido.

“Bueno…”

No todo va a salir como planeamos, pero no pasa nada. Aceptar la vida como es en vez de preocuparse de cómo debería ser resulta liberador. Estresarse por las pequeñas cosas afecta de forma negativa a nuestra vida y causa estragos en nuestro cuerpo.

“¡Vamos!”

¿Cuándo fue la última vez que viviste una pequeña aventura? Las estadísticas demuestran que las experiencias diferentes, ocupan los primeros puestos de las listas de cosas que queremos hacer antes de morir y, sin embargo, rara vez nos lanzamos a la aventura. ¿Por qué no viajar a un lugar nuevo este año?

“Gracias por el mensaje. En estos momentos estoy fuera de la oficina”

No es que lo tengas que decir tú, sino tu correo electrónico. Es una frase vital para tu bienestar. Los datos apuntan a que los occidentales estamos demasiado estresados y tenemos demasiado miedo a cogernos días de vacaciones, así que, en su lugar, nos sometemos al agobio del trabajo. Planear unas vacaciones, ya sean unas de verdad o unas vacaciones electrónicas, puede aumentar tu felicidad y reducir tu estrés. Dedica tiempo para ti mismo y deja que un mensaje automático conteste por ti.

“Respira y ya está”

Puede que sea lo más básico y lo más importante que te digas el año que viene. Pararse a respirar, vivir el momento y liberarse del estrés es crucial para tu bienestar. Si las preocupaciones te comen la cabeza, recuerda hacer una pausa. Te sentirás mejor.

Adaptado de original en Huffington Post