¡Mi niñ@ se enfada!

A raíz de un artículo anterior, me preguntan como podemos hacer para ayudar a nuestros hijos e hijas a manejar la ira o los enfados.

Dejando claro que nuestro estilo educativo y nuestro papel como modelo, son dos aspectos clave que determinan como responde nuestro hijo o hija emocionalmente, no debemos asustarnos si observamos conductas poco habituales de enfado o mal humor en los más pequeños.

Es muy importante que entendamos que su crecimiento emocional es tan importante, aunque mucho menos evidente, que el físico. Y que este conlleva “saltos” de humor que nos pueden sorprender o preocupar.

Podemos estimular la adquisición de habilidades eficaces para manejar el enfado de nuestros hijos de las distinta formas. Les propongo algunas que pueden ser muy útiles como entrenamiento.

Ayudándolos a desarrollar la empatía. Por ejemplo, le puedes preguntar: “¿Cómo piensas que se puede sentir María cuando le gritas o le quitas su juguete?” o “¿Cómo te sentirías tú si Pablo te hiciera lo mismo?”.

Enseñándoles que puede admitirse cualquier sentimiento pero no cualquier comportamiento . Es decir, uno puede sentirse frustrado, pero no por ello puede golpear, patear o pegar a otra persona, para expresar lo que siente. Cada situación que lleva a tu hijo o hija a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. Cuando notes que mantiene la calma ante una situación irritante, remárcalo y felicítale. En cambio, si notas que no controla bien el enfado, acércate para ayudarle a resolver el problema. Pregúntale, por ejemplo, qué podría hacer la próxima vez que le suceda algo que suscite su enfado.

Ayúdale a encontrar opciones como “avisar a un adulto” o “dar la espalda”, y luego aliéntalo a que la próxima vez reaccione eligiendo una de estas formas socialmente aceptadas.

Ayudándolos a desarrollar hábitos de control efectivo del estrés para evitar la ira. Pídeles que piensen y participen regularmente en actividades positivas, como hacer ejercicio, leer, escuchar música, etc., que los mantengan alejados de aquello que los irrita.

Aconsejándoles a hacer inspiraciones profundas antes de reaccionar agresivamente cuando están enfadados. Meditar juntos, empezando como un juego, es una gran opción.

Sistematizarlo es clave. Pero todavía es más importante la aceptación de sus emociones y sentimientos. Nos agobia que nuestros hijos e hijas no sean felices y nos cargamos su mochila a la espalda, en todos los sentido. En ocasiones ni les permitimos gestionar sus propias emociones, por miedo a que sufran.

Así creamos un bucle en el cuál, y dependiendo de la edad, nos manipulan con ello, nos lo ocultan o se sienten muy culpables.  Al final lo único que funciona es escuchar, sin juzgar, y todas sus variantes posibles. Nuestra mejor forma de ayudar nos la proporcionan ellos mismos.