Diálogo

Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos.
Thich Nhat Hanh.

Dialogar es un arte. En la mayoría de las ocasiones, uno que consigue que las personas se entiendan, convivan y se respeten. En un magnífico libro, La Canción del Misionero, John Le Carré, nos relata la vida de un intérprete en la Africa de entre siglos. Recoge como el protagonista, multiétnico, se las ve y se las desea para conseguir que las posiciones más enfrentadas, lleguen a consensos. Frecuentemente que salvan vidas, aunque ese no sea el principal objetivo de los que se sientan a una mesa.

Bruno Salvador, Salvo, es un jóven lingüista, hijo de un misionero irlandés y de la hija de un jefe tribal congoleño, que está casado con una periodista de una familia aristocrática británica, es la personificación de un diálogo maravilloso entre personas e, incluso, culturas.

El diálogo tiene algo de finalista. Su opuesto es la confrontación. No admite otra lectura. Y por esto resulta tan atractivo y complicado a la vez.

Atractivo porque puede alumbrar propuestas impensables y originales, en un principio. Complicado porque exige desproveernos del ego, los juicios y las expectativas. sin duda, los grandes demonios de nuestra convivencia y respeto a lo diferente.

Sentarse a dialogar es un ejericio de generosidad y compasión sin límite. Quien lo maneja, tiene la llave de la felicidad, de la satisfacción con la vida. De la contribución verdadera al bienestar de la mayoría de las personas.

No es algo sencillo. Y no está al alcance de cualquiera. Y, además, exige un aislamiento del ruido ambiental -de todo tipo-, no fácil de conseguir. Es por esto que el budismo lleva proponiendo retiros para llevar a cabo estos diálogos, desde hace siglos. En un mundo necesitado de este arte, quizás es el momento de mirar hacia los maestros del mismo.

Y aprender.

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¿Estás hablando solo?

Quienes se hablan a sí mismos saben que mucha gente puede pensar que están locos. Si ves a alguien en la calle que lo hace, muchos  pensarían que esa persona consumió alguna droga o está bajo los efectos del alcohol. Pero, en realidad, quienes hacen esto son unos genios.

Pensar en voz alta ayuda a materializar lo que se está pensando ya que le da sentido a las cosas. Y así se ha demostrado con reconocidas científicos, como Albert Einsten: él solía repetir sus oraciones en voz alta.

man-785568_640Un estudio hecho por los psicólogos Daniel Swigley y Gary Lupyan y publicado en el Quarterly Journal of Experimental Psychology concluye que hablar solo es beneficioso. Hicieron un experimento donde le pedían a 20 personas que buscaran en un supermercado una rebanada de pan o una manzana. Quienes recordaban la palabra en voz alta, encontraban con mayor rapidez el objeto.

Concluyen que esto se debe a que decir las cosas en voz alta ayuda a que la memoria trabaje más rápido, y hace las cosas más tangibles. Sin embargo, recalcan que este método solo ayuda cuando sabes lo que necesitas, si estás familiarizado con la apariencia del objeto. ¿Por qué? Porque activas las propiedades visuales de eso en tu cerebro y te ayuda a encontrarlas. Por otro lado, si no sabes cómo es y lo dices en voz alta, lo único que conseguirás es confundirte más.

Las personas aprenden como un bebé o como un niño cuando hablan en voz alta. Necesitan escuchar sus propias voces para aprender cómo usarlas. Los expertos añaden que esta práctica ayudar a organizar los pensamientos y calmar los nervios. Estás siendo tu propio terapeuta ya que estás verbalizando tus propios problemas y ayudando al cerebro a resolverlos.

Otro beneficio de esto es que te ayuda a cumplir tus metas porque centras tu atención, refuerzas el mensaje, controlas tus emociones y distracciones. Ayuda a poner las cosas en perspectiva y te motiva a lograrlas.

Quienes lo hacen se dan el tiempo de escuchar sus voces internas y no les importa expresarlas en voz alta. Y ¡no están locos!

¿Quieres aprender a hablar?¿Y a escuchar?

En estas dos magnificas, y breves charlas, el experto en comunicación Julian Treasure nos ayuda a saber escuchar, y a hablar de manera que merezca la pena que nos escuchen.

Con efectos de sonido, tanto placenteros como horribles, Julian Treasure muestra cómo el sonido nos afecta de cuatro maneras significativas. Preste atención a hechos impactantes que aquí se presentan sobre los bulliciosos entornos abiertos de oficinas. En un mundo lleno de ruido, comenta Julian Treasure, estamos perdiendo nuestra capacidad de escuchar. En esta pequeña y fascinante charla, nos ayuda a recuperarla. Son apenas ocho minutos que pueden cambiar algo de verdad. ¡Escucha atentamente!

¿Alguna vez te has sentido como que estás hablando, pero nadie está escuchando? Aquí está Julian Treasure para ayudar. En esta útil charla, el experto en sonido muestra los cómos del discurso poderoso, desde algunos ejercicios vocales útiles a consejos sobre cómo hablar con empatía. Una charla que quizá ayude al mundo sonoro a ser más hermoso.

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