El poder del desorden

Los desafíos y problemas pueden hacer descarrilar el proceso creativo… o pueden hacerlo más creativo que nunca. En la sorprendente historia que hay detrás del álbum del piano solista más vendido de todos los tiempos, Tim Harford nos convence de las ventajas de tener que trabajar con algo de lío.

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Aprender

La mejor forma de aprender, es escuchar. Creo que nadie puede dudar de esta afirmación. A la que le podemos añadir: observar, entrenar, imitar … y muchas otras acciones que implican una actitud de reconocimiento implícito de nuestra necesidad de conocer y, al mismo tiempo, de nuestra ignorancia. Y esto implica humildad.

Por eso el aprendizaje es un acto tan noble. Nos ponemos en manos de quien sabe para recibir sus enseñanzas. Con agradecimiento y respeto. O por lo menos así debería ser.

Porque lo cierto es que esta capacidad no atraviesa sus mejores tiempos. En general, podemos decir que, muchas personas que pretenden mejorar en sus conocimientos o habilidades, carecen de la necesaria actitud mental que la propicie.

Podemos decir que esto ocurre, principalmente, por una equivocada concepción del proceso que posibilita el estudio y el conocimiento. De la perdida de muchos valores que, además de las actitudes señaladas anteriormente, resultan imprescindibles para que este se produzca.

No nos equivoquemos. No es solo culpa de quien recibe las enseñanzas. También es responsabilidad de quien las facilita. De quien intenta que el acceso a ellas sea sencillo, sin esfuerzo y, por que no decirlo, sin valor.

Aprender es, además, esfuerzo. Cuantas historia hemos oído de niños y niñas “que son muy inteligentes”, pero que no consiguen los objetivos que se supone podrían obtener. Es como una cortina de humo en la que nos envolvemos cuando la obvia falta de interés y motivación, consiguen que nuestros hijos e hijas, no avancen en su conocimiento.

Es, quizás, el momento de ir más allá de los curriculums henchidos de conocimiento pero faltos de atractivos. Pero también es el tiempo del reconocimiento a quien dedica su perseverancia y tesón a aprender.

Podemos facilitar el camino del aprendizaje, por supuesto. Pero también debemos enseñar a tropezar y a levantarse. A frustrarse y seguir adelante. A equivocarse y aceptarlo.

Así es como conseguiremos que quien aprende, lo haga de verdad. Y no porque lo diga un papel con una calificación o evaluación.

¿Y si nos frustramos?

Los retos y problemas pueden romper tu proceso creativo … o hacerte más creativo que nunca. Esta es la historia del álbum de piano de jazz solista, más vendido de todos los tiempos. Tim Hartford puede convencerte de las ventajas de tener que trabajar con dificultades. Una gran charla TED para este domingo. Te gustará. 

¡Viva la siesta!

La siesta es una costumbre muy arraigada en los países de habla hispana, y aunque pudiera parecer de perezosos, hay estudios previos han demostrado que esta costumbre aumenta el buen humor y mejora el funcionamiento inmunológico, además de los beneficios obvios (reducir el sueño y la fatiga). Añadido a esto, un  reciente estudio de la Universidad de Michigan encontró también que puede ser una estrategia muy prometedora para contrarrestar las conductas impulsivas y mejorar la tolerancia  a la frustración.

Se está volviendo cada vez más común que la gente no duerma lo suficiente durante la noche. Esto puede impactar negativamente en la atención y la memoria, además de contribuir a la fatiga.

Los científicos examinaron cómo una corta siesta puede afectar el control de las emociones en un adulto. El estudio contó con 40 participantes, de entre 18 y 50 años, quienes mantuvieron un sueño consistente durante las 3 noches anteriores a la aplicación de unas pruebas.

En el laboratorio, los participantes completaron tareas en una ordenador y respondieron preguntas sobre somnolencia, humor e impulsividad. Se los asignó al azar a una siesta de 60 minutos o a mirar un video sobre la naturaleza (sin poder dormir siesta). Los asistentes de investigación monitorizaron a los participantes, quienes luego completaron los cuestionarios y tareas otra vez.

Los individuos que durmieron la siesta pasaron más tiempo tratando de resolver los problemas que aquellos que no durmieron la siesta. Estos últimos tenían menos probabilidades de soportar la frustración para poder resolver los problemas. Sumado a esto, las personas que durmieron la siesta refirieron sentirse menos impulsivas.

Si combinamos estos resultados con los de estudios previos que demuestran los efectos negativos de la privación del sueño, obtenemos indicadores de que quedarse despiertos por un período extendido de tiempo dificulta que las personas controlen sus respuestas emocionales negativas, según explica Jennifer Goldschmied, autora principal del estudio.

Goldschmied también cree que dormir la siesta sería una intervención muy beneficiosa para personas que necesitan quedarse despiertas por períodos largos de tiempo, ya que los podría ayudar a desempeñarse mejor en tareas difíciles o frustrantes.

Ofrecer un espacio para la siesta en el trabajo puede además, mejorar la productividad de los empleados, así que este es un dato que muchos jefes deberían empezar a considerar.

Adaptado de Psyciencia