¿Vacaciones en familia?

 

                          Como gestionar las vacaciones en familia

Pues bien, ha llegado el verano. Y aparte del calor, de que los más pequeños no tienen clase, y de que parece un poco más fácil conducir en la ciudad, se supone que ahora toca algo de vacaciones.

En la mayoría de los casos esto significa que vamos a experimentar una época totalmente nueva y diferente de la que estamos acostumbrados a vivir casi todo el año.

Es el momento de desconectar, nos dicen. El momento de recargar las pilas. Pero ¿esto es así?

Las vacaciones para muchas personas pueden llegar a convertirse en un verdadero problema. Son momentos en los cuales volvemos a encontrarnos con esas personas que viven bajo nuestro mismo techo.

No exagero. Durante la mayoría del tiempo en el año escolar, las familias se ven muy poco. Las parejas también. Por eso no es extraño que el verano sea un momento especialmente complicado en el cual se producen muchos divorcios y muchas separaciones.

¿Qué podemos hacer? Quizás lo más importante es darnos cuenta de que esto ocurre.

Así podremos aprovechar el verano para conectar de nuevo. Para estar más tiempo con las personas que queremos, para hablar de aquellas cosas que a lo mejor durante el año cuesta más hablar, porque no hay tiempo.

Aunque todos nos gusta ir en verano de viaje, a conocer sitios nuevos, hacer lo que no podemos hacer durante el periodo laboral, dediquemos al menos parte de este tiempo a restablecer los lazos que nos unen a las personas que queremos.

Les aseguro que esas, si serán unas verdaderas vacaciones. De las que no nos olvidaremos jamás.

Mi propuesta para las vacaciones es bien sencilla. Aprovéchenlas para ser conscientes de ello. Este es un buen momento para planear lo que podemos hacer para estar más conectados con nosotros mismos. Y con los demás. Durante todo el año.

Hasta la próxima semana.

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Resaca emocional

No olvidemos que las pequeñas emociones son los capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin siquiera darnos cuenta

Vincent Van Gogh

Los sucesos emocionales pueden causar que nuestros neurotransmisores inunden el cerebro, afectando la forma en que recordamos dichas situaciones. Estas experiencias intensas nos pueden llevar a padecer lo que podríamos denominar “resacas emocionales”, que pueden medirse incluso cuando la situación hace rato que pasó. Estas resacas pueden tener una enorme influencia en la memoria de eventos posteriores.

Es lo que concluye la Dra L. Davachi, que especifica que la forma en que recordamos el mundo no es solo consecuencia de las experiencias externas que tengamos, sino que resulta fuertemente influenciado por nuestro estado interno. Y estos estados pueden persistir y colorear nuestras experiencias futuras, cambiándolas totalmente.

De hecho, cuando tenemos un intensa experiencia emocional, aquello posterior que no lleva una carga sentimental, lo recordamos con mayor facilidad. Como si se produjese un fenómeno de asociación que relaciona una circunstancia intensa con otras que no lo son tanto. En otras palabras, nuestro cerebro sigue “encendido”, aunque lo que ocurra luego no nos resulte tan excitante.

Por ejemplo, tras ver una película especialmente emotiva, la experiencia de una conocida vuelta a casa puede resultar totalmente diferente a la habitual. En otras palabras, nos dura el efecto de la “borrachera emocional” que hemos experimentado

La emoción es un estado mental y los resultados de las investigaciones de la Dra. Lavachi muestran una clara influencia de las mismas sobre nuestras cogniciones. Estos estado emocionales “alterados”, pueden persistir por mucho tiempo llegando a modificar totalmente las experiencias que las sigan.

Estos descubrimientos resultan de gran utilidad para comprender porque, en muchas ocasiones, habiendo vivido las mismas experiencias, éstas son recordadas de una forma totalmente diferentes por diversas personas.

Desde luego que una puesta de sol abrazados a la persona que amamos en un magnífico hotel, no será vista de la misma forma, por quienes trabajan en ese hotel, para los que la puesta de solo marca el comienzo del ajetreo para la cena.

Los circunstancias emocionales pueden, también, cambiar nuestra memoria de eventos acontecidos previamente, dándoles un significado diferente, según nos sintamos después.

¿TURISMO COMPARATIVO?

Vive de instante en instante, porque eso es la vida.

Facundo Cabral

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Es época de viajes, de ver cosas nuevas, de visitar otros pueblos, otras culturas. Todas estas situaciones son enriquecedoras, nos hacen crecer, abrir nuestra mente a nuevas experiencias, emociones y personas.

Sin embargo, y desconozco si esto es algo transcultural o característico de occidente, en muchas ocasiones o a muchas personas, este tipo de experiencias lo que parece servirles es para todo lo contrario. Para estrechar su mundo, su realidad.

Es lo que he dado en llamar turismo comparativo. Un curioso fenómeno que se produce cuando estás admirando una catedral, un cuadro, un paisaje y, alguien pasa a tu lado comentando con su acompañante:

“Es bonito, pero el que tenemos en vayaustedasaberdonde no tiene nada que envidiarle”, o cualquier otro comentario de esta guisa, en respuesta a lo que acaba de experimentar. Y ustedes se preguntarán ¿qué tiene de malo esto? Supongo que en si no parece ser nada pernicioso aparte del volumen en el que, en ocasiones, se efectúan este tipo de comentarios.

Sin embargo, y desde un punto de vista más comportamental, esta actitud entraña, a mi modo de ver, un serio problema. No ser capaces de disfrutar ese momento, esa experiencia. Podría ser que ocurra por inseguridad o simplemente por envidia, pero lo cierto es que diagnóstica una forma comparativa de entender el mundo que nos está haciendo muchísimo daño.

Y no se trata de Ser Felices Con Lo Que Nos Ha Tocado. Se trata de ser Felices Donde Estamos. Vivir ese precioso momento en que vemos algo nuevo, diferente y abrirnos a la experiencia que significa.

Me van a perdonar este desliz un poco personal. He ido de vacaciones unos días y he disfrutado de cosas maravillosas que no había visto nunca.

Y me han hecho sentir muy feliz.

¿QUÉ PREFIERES?

La pregunta está resultando clave en los últimos años, tanto en el ámbito de la psicología positiva como en nuestra vida diaria. ¿Qué preferimos? ¿Una nueva televisión o un viaje a un lugar que no conocemos? En una entrada anterior ya hemos comentado la tendencia de las experiencias a crear más satisfacción que las posesiones materiales. La evidencia científica apoya consistentemente el mayor impacto sobre la calidad de vida y la felicidad que tienen las experiencias.

Este impacto emocional positivo parece estar muy claro. Pero además parece que las creencias acerca del materialismo y la felicidad tienen un impacto directo en nuestra vida cotidiana.

En dos estudios recientes se ha hallado una conexión directa entre el materialismo y una pobre gestión económica. Si entendemos que las posesiones no son la clave de la felicidad emplearemos nuestro dinero de forma más sabia.

La razón es bien sencilla. El materialismo condiciona el análisis costo-beneficio de las personas. Si creemos irracionalmente que un producto nos va a hacer más felices, pagaremos lo que sea por él, concluyen los autores del primer estudio. Si además creemos que son las posesiones las que nos conducirán a la felicidad apunta el segundo estudio, evitaremos considerar todo aquello que nos impida obtener lo que deseamos, incluso si esto significa dinamitar nuestras finanzas. El presupuesto de que dispongamos, puede conducir a una confrontación entre la consideración ideal de si mismo -poseyendo determinados productos-, y la real -sin capacidad económica para ello-. Esto lleva al individuo a una continua frustración, que le impulsa a olvidar la gestión de sus gastos.

Volviendo a la pregunta original entre experiencias y posesiones, parece ser que la educación sobre lo valioso de las experiencias va más allá de las cuestiones emocionales. Reducir la importancia de lo material no solo contribuye a una vida más plena, sino que asegura una mejor gestión de nuestra economía.