¿Muchas prisas?

¿No están cansados de tener prisa todo el rato? Parece que el mundo se nos fuera de las manos, que no supiésemos dosificar lo que tenemos que hacer. Y, en muchas ocasiones, nos vemos inmerso en una espiral de prisa. En la cual parece que no tenemos tiempo para hacer nada. Que sea lo que sea siempre nos queda algo por hacer. Que no somos capaces de disfrutar mínimamente, el momento..

Y a nuestro lado continuamente, nos están repitiendo que vivamos el presente. Que es el único momento que existe. Que dejemos de mirar al futuro y preocuparnos por él. Que el pasado, pasado esta. Y otra cantidad de sandeces, que lo que consiguen, en general es hacerlo sentir una sensación de incapacidad permanente. De falta de compromiso con nosotros mismos.

Frente a esto realmente, solo podemos tomar dos actitudes: una resignarlo, y vivir una vida de frustración; otras tomar las riendas de nuestra vida y ponernos a ello.
Si nos decidimos por esta segunda opción, empecemos organizando nuestra vida y nuestro tiempo. Con mucha paciencia, con mucho cariño, y con mucha compasión con nosotros mismos. No vamos a ser capaces de hacer todo lo que creemos que podemos hacer, en el tiempo que queremos hacerlo.

Pero, pero poco a poco, siendo realistas con lo que podemos conseguir, nos terminaremos sorprendiendo, con el paso del tiempo, de todo aquello que hemos logrado..

Este será nuestro mayor motivación para continuar con nuestros proyectos y con nuestros objetivos.

El jueves que viene les espero por aquí. Sin prisas.

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Frenesí

Cuando entras en el ahora, sales del contenido de tu mente. La corriente incesante de pensamientos se apacigua. Los pensamientos dejan de absorber toda tu atención, ya no te ocupan completamente. Surgen pausas entre pensamientos, espacio, quietud. Empiezas a darte cuenta de que eres mucho más profundo y vasto que tus pensamientos.
Eckhart Tolle

Vivimos rápido. Es la reflexión que quiero compartir con ustedes en el día de hoy. No tenemos tiempo -o eso creemos-, para hacer nada. Se nos acumulan las tareas, las citas, los trabajos y las responsabilidades. Y corremos. Metafóricamente, aunque en ocasiones también lo hagamos de verdad.

Nuestra existencia diaria se compone de una sucesión de eventos, organizados o no por nosotros, que se apoderan de ella. Esta forma de desenvolvernos provoca que muchos de nosotros nos sintamos atrapados. Y cansados. Llega el final del día y tenemos una extraña sensación de que nos falta algo por hacer. En ocasiones, lo identificamos. En muchas otras, no conseguimos hacerlo.

Este fenómeno de, podríamos llamarlo, desubicación, consigue que tengamos una permanente sensación de desconexión, de no estar donde tenemos, o debemos, o queremos, estar. Y sus consecuencias pueden llegar a ser terribles.
Se que la propuesta más común que leemos y oímos cuando parece que no podemos abarcar todo aquello que se supone deberíamos hacer, viene en forma de organización. Del tiempo, en este caso.

Vemos infinidad de posibilidades que nos pretenden enseñar a estrujar nuestro día. Gestión del tiempo, lo llaman. Y, creanme, la oferta de cursos, seminarios o talleres es interminable. La mayoría de ellas, inútiles. Otras pocas, todo lo contrario.

Porque la clave para saber gestionar nuestro tiempo no proviene, en primer lugar, de como lo organicemos. Es algo importante, sin duda, pero no es el comienzo. Hay algunos pasos que debemos acometer antes de ordenar algo que, en muchas ocasiones, creemos que se nos escapa entre las manos.

Parar. Esa es la clave. Si, ser capaces de detenernos y observar. Pueden llamarlo perder el tiempo. Muchos lo ven así. Yo lo llamo ser conscientes de él. Si no sabemos que es el tiempo, difícilmente seremos capaces de gestionarlo. Si no conocemos que significa aquello que se supone estamos perdiendo, siempre estaremos anhelándolo.

Detenernos no es algo sencillo. En primer lugar porque al no hacerlo habitualmente, no sabemos como conseguirlo. Lo más normal es que lo enfrentemos como una más de nuestras tareas. Es decir, lo hacemos para lograr algo. Y este es nuestro primer error. Pensamos en esa pausa como una forma de “desconectar”, de “bajar el ritmo”, de “relajarnos” … y nos equivocamos de cabo a rabo.

Porque parar no es un momento en el que “recargamos las pilas”, para seguir adelante haciendo lo mismo que nos llevo a tener la necesidad de hacerlo. Si paramos, nuestra principal tarea es no tener tarea. Es observar, tanto hacia afuera como hacia adentro. Tener la capacidad de ver lo que nos rodea, sin juzgarlo. De vernos a nosotros mismos, sin tampoco hacerlo.

Por esto es tan difícil. No estamos entrenados ni acostumbrados a ello. Puede que nuestra principal pulsión en estos momentos de quietud, sea “aprovecharlos” y ¡ya nos lo hemos cargado!.

En lugar de pensar en parar como un objetivo, pensemos en ello como un espacio. Puede ser físico también, si así lo necesitamos, pero debe ser especialmente mental.

Hacerlo, sin expectativas, es el camino para la aceptación. Y, paradójicamente, es aquí donde comienza el cambio. La consciencia de lo que somos y hacemos. Y de nuestra capacidad para disfrutarlo.

 

Ubicación. Manejando la ansiedad.

Estos sencillos ejercicios te pueden ayudar en un momento puntual de ansiedad o pánico. No sustituyen a la terapia psicológica, a la que debes acudir si es algo que te ocurre con cierta frecuencia.

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Silencio

Nuestro mundo es un continuo flujo de ruido. Teléfonos, televisiones, tráfico … estamos rodeados siempre por algún tipo de sonido. Es como una banda sonora desordenada que vivimos de forma totalmente inconsciente. Podemos decir que nos hemos acostumbrado a ella. Cuando no está, nos sorprende.

Vivimos en un entorno de sobre estimulación, y no solo sonora. Las pantallas que permanentemente nos rodean, también contribuyen a esta sensación. La cita que encabeza el artículo que proponemos hoy, parece estar avalada por diferentes estudios: el silencio es oro para nuestra salud mental. Estamos olvidando el impacto que tiene en nuestro bienestar y esto puede estar resultando muy pernicioso para nosotros.

Finlandia, un país de referencia en estas cuestiones, llevo a cabo una campaña publicitaria en la que invitaba a quienes visitaban su país a respetar el silencio. “Silencio, por favor” era la invitación que se hacía para escapar de un mundo ruidoso.

La ciencia respalda estas iniciativas. El silencio tiene múltiples beneficios para nuestr cerebro: desde la regeneración celular, el desarrollo de la habilidad de pensar profunda y conscientemente, el alivio del estrés y la ansiedad o el restablecimiento de nuestros recursos cognitivos.

Los estudios de la fisiología humana nos ayudan a entender como un fenómeno invisible puede tener un efecto físico tan pronunciado. Los ondas sonoras hacen vibrar los huesitos del oído, que transmite movimiento a la cóclea. Ésta convierte las vibraciones físicas en señales eléctricas que son recibidas por nuestro cerebro. El cuerpo humano reacciona inmediatamente a estas señales, incluso en la mitad de un sueño profundo. Los estudios neurofisiólogicos sugieren que estos impulsos activan la amigdala, localizada en los lóbulos temporales del cerebro, y que está asociada a la formación de nuestros recuerdos y a las emociones.

Esta activación provoca una liberación inmediata de hormonas del estrés, como el cortisol. Las personas que viven rodeadas por ruidos elevados, experimentan frecuentemente estrés y ansiedad.

El efecto del ruido es acumulativo. Podemos pensar que nos estamos acostumbrando a él, pero no es así. Pero al ruido de fondo en el que desarrolla nuestra vida cotidiana, se le añade el que sobresale a él. Y, en ocasiones, tenemos reacciones desmesuradas a un sonido aparentemente inofensivo, sin ser conscientes de que es provocado por una suma de ellos.

En el año 2011, la Organización Mundial de la Salud, llevo a cabo un estudio para tratar de cuantificar el impacto del ruido en los 340 millones de habitantes de la Europa Occidental.

La conclusión fue que el ruido que nos rodea está haciéndonos perder un millón de años de vida saludable. Incluso se llega a sugerir que 3000 muertes anuales por enfermedades del corazón eran, en sus orígenes, el resultado de un ruido excesivo.

El silencio es bueno por lo que no nos hace. No nos molesta, no nos despierta y no nos mata. Los profesionales de la salud mental cada vez somos más consciente de la importancia que tiene para el ser humano. No sería extraño que comenzásemos a recetar silencio como parte de los tratamientos psicológicos.

Como calmarme

 

Para llevar un estilo de vida saludable es bueno tener siempre disposición, compromiso y sobre todo una buena actitud. La vida la podemos hacer más sencilla cuando le ponemos buena cara a los problemas y aprendemos a combatirlos sin importar que tan difícil sea la solución.  Cuando aprendemos a sobrellevar todas las cargas que nos pone la vida en el camino, poco a poco aprendemos a liberarnos de tensiones, a disfrutar y ver siempre el lado bueno de la vida.

Existen muchas maneras de conservar la calma y siempre es bueno tener en cuenta todas estas actitudes que no sólo mejorarán nuestra salud mental, sino que también nos harán ser mejores personas cada día. Cuando aprendemos a ser personas calmadas, las demás personas lo notan e incluso podemos llegar a transmitir toda esa energía positiva a las personas que nos rodean.

En la siguiente infografía podrás detallar 10 trucos que te ayudarán a conservar la calma, para que los tengas en cuenta y los apliques siempre que sea necesario.

Recuerda. Si tienes dificultades para conseguirlo acude a un profesional de la psicología

INFOGRAFIA-10-TRUCOS

Calma

No siempre es sencillo estar en calma. Puede que lo consigas la mayor parte del tiempo pero, en ocasiones, viene bien conocer algunos trucos para conseguir rebajar esos momentos de tensión que pueden surgir a lo largo de una jornada de trabajo.

Estos trucos no sustituyen un adecuado tratamiento de un proceso de ansiedad. Son simplemente una ayuda para salir de un momento difícil. Si continua durante un tiempo prolongado (una semana o más), sería conveniente buscar ayuda psicológica.

  1. Escucha música: La música genera biorritmos positivos y cambia el estado de ánimo.
  1. Sal a pasear: Camina 10 minutos. Mirar a las personas y observar las nubes hará que tu mente se despeje.
  1. Respira: Presta atención a cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. Escuchar tu respiración y oxigena tu mente.
  1. Date un gusto: Come una naranja. Su contenido en vitamina C ayuda a disminuir el exceso de cortisol.
  1. Hidrátate: Bebe un vaso de agua para calmar la ansiedad. Hidrátate cada vez que sientas que el estrés está por llegar.
  1. Estírate: Estira los músculos y las articulaciones para deshacerte de la tensión y propiciar la relajación.
  1. Dúchate: sumergirse en agua caliente calma la ansiedad y tranquiliza la mente.
  1. Aromaterapia: Oler un aroma que te transporte a un momento feliz de tu vida proporcionará una subida de ánimo instantánea.
  1. Escucha: Aísla tu mente escuchando cualquier ruido externo como el tráfico o el canto de los pájaros.

10. Recuerda pensar en alguien que quieres: permitirá que sonrías.

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