Trastornos de la alimentación

Este es uno de los temas por los que más me preguntan. Es por lo que he decidido compartir con ustedes este completo artículo de la American Psychological Association.

En una sociedad que continúa valorando la delgadez, casi todos se preocupan por su peso como mínimo. Las personas con trastornos en la alimentación llevan dichas preocupaciones a los extremos, desarrollando hábitos alimentarios anormales que amenazan su bienestar e incluso sus vidas. Esta hoja informativa de preguntas y respuestas explica cómo la psicoterapia puede ayudar a las personas a recuperarse de estos trastornos cada vez más comunes.

¿Cuáles son los principales tipos de trastornos en la alimentación?

Hay tres tipos principales de trastornos en la alimentación.

  • Las personas con anorexia nerviosa tienen una imagen distorsionada del cuerpo, que hace que se vean gordas incluso cuando están peligrosamente delgadas. A menudo se niegan a comer, hacen ejercicio compulsivamente y desarrollan hábitos inusuales como rehusar comer delante de los demás, pierden mucho peso y pueden incluso morirse de hambre.
  • Las personas con bulimia nerviosa comen excesiva cantidad de alimentos, luego purgan sus cuerpos de los alimentos y las calorías que tanto temen usando laxantes, enemas o diuréticos, vomitando y/o haciendo ejercicio. A menudo actúan en secreto, se sienten asqueados y avergonzados cuando comen demasiado, pero también aliviados de la tensión y las emociones negativas una vez que sus estómagos están nuevamente vacíos.
  • Al igual que las personas con bulimia, aquellas con el trastorno de comer compulsivamente experimentan episodios frecuentes de comer fuera de control. La diferencia es que los comedores compulsivos no purgan sus cuerpos del exceso de calorías.

Es importante prevenir conductas problemáticas para que no se conviertan en trastornos en la alimentación totalmente desarrollados. La anorexia y la bulimia, por ejemplo, suelen estar precedidas de una dieta muy estricta y pérdida de peso. El trastorno de comer compulsivamente puede comenzar con comilonas ocasionales. Cada vez que una conducta alimenticia comienza a tener un impacto destructivo en el desempeño de las funciones de una persona o la imagen de sí misma, es hora de consultar a un profesional de la salud mental altamente capacitado, como un psicólogo autorizado para ejercer y con experiencia en tratar personas con trastornos en la alimentación.

¿Quiénes tienen trastornos en la alimentación?

Según el Instituto Nacional de la Salud Mental, las mujeres adolescentes y jóvenes representan el 90 por ciento de los casos. Pero los trastornos en la alimentación no son sólo un problema para las mujeres adolescentes, tan a menudo descritas en los medios de comunicación. Mujeres y hombres mayores , asi como niños también pueden desarrollar estos trastornos. Un creciente número de minorías étnicas están siendo afectadas de estas enfermedades devastadoras.

Las personas a veces tienen trastornos en la alimentación sin que sus familias o amigos sospechen que tienen un problema. Conscientes de que su conducta no es normal, las personas con trastornos en la alimentación pueden retraerse del contacto social, ocultar su conducta y negar que sus patrones de alimentación son problemáticos. Hacer un diagnóstico preciso exige la participación de un psicólogo autorizado para ejercer u otro experto de salud mental adecuado.

¿Qué provoca los trastornos en la alimentación?

Determinados factores psicológicos predisponen a las personas a desarrollar los trastornos en la alimentación. Las familias o relaciones disfuncionales son un factor. Los rasgos de personalidad pueden también contribuir a estos trastornos. La mayoría de las personas con trastornos en la alimentación tienen baja autoestima, se sienten indefensas y con una insatisfacción profunda por su apariencia.

Hay características específicas vinculadas con cada uno de los trastornos. Por ejemplo Las personas con anorexia tienden a ser perfeccionistas, mientras que las personas con bulimia son a menudo impulsivas. Los factores físicos como la genética también desempeñan un papel importante para poner en peligro a las personas.

Un amplio espectro de situaciones puede precipitar los trastornos en la alimentación en personas susceptibles. Los familiares o amigos pueden burlarse repetidamente de ellas con relación a sus cuerpos. Pueden participar en gimnasia u otros deportes que ponen énfasis en el peso bajo o una determinada imagen corporal. Las emociones negativas o los traumas como la violación, abuso o la muerte de un ser querido también pueden desencadenar trastornos. Incluso un acontecimiento feliz, como dar a luz, puede provocar trastornos debido al impacto estresante del hecho que implica un nuevo papel en la persona y su imagen corporal.

Una vez que las personas comienzan a tener conductas de alimentación anormales, el problema puede perpetuarse. Comer compulsivamente puede establecer un círculo vicioso activo, en la medida que las personas que se purgan para eliminar el exceso de calorías y dolor psíquico, luego comen compulsivamente un vez más para escapar de los problemas cotidianos.

¿Por qué es importante buscar tratamiento para estos trastornos?

Las investigaciones indican que los trastornos en la alimentación son uno de los problemas psicológicos con menos probabilidades de ser tratados. Los trastornos en la alimentación con frecuencia no desaparecen por sí solos, y dejarlos sin tratamiento puede tener consecuencias graves. De hecho, el Instituto Nacional de la Salud Mental estima que uno de cada diez casos de anorexia termina en muerte por hambre, suicidio o complicaciones médicas como ataques al corazón o insuficiencia renal.

Los trastornos en la alimentación pueden aniquilar al cuerpo. Los problemas físicos asociados con trastornos en la alimentación incluyen anemia, palpitaciones, pérdida del cabello y masa ósea, caries, esofagitis e interrupción de la menstruación. Las personas con trastornos en comer compulsivamente pueden desarrollar presión sanguínea elevada, diabetes y otros problemas asociados con la obesidad.

Los trastornos en la alimentación también están asociados con otros trastornos mentales como la depresión. Los investigadores todavía no saben si los trastornos en la alimentación son síntomas de dichos problemas o si los problemas se desarrollan debido al aislamiento, estigma y cambios fisiológicos causados por los trastornos en la alimentación en sí. Lo que queda claro es que las personas con trastornos en la alimentación tienen mayores índices de tener otros trastornos mentales, que incluyen depresión, trastornos de ansiedad y abuso de sustancias, que otras personas.

¿Cómo puede un psicólogo ayudar a una persona a recuperarse?

Los psicólogos desempeñan un papel vital en el tratamiento exitoso de los trastornos en la alimentación. Estos son miembros integrales de un equipo multidisciplinario que puede ser necesario para brindar la atención adecuada al paciente. Como parte de este tratamiento, se puede consultar a un médico para descartar enfermedades y determinar si el paciente corre peligro físico inmediato. Se puede solicitar a un nutricionista que ayude a evaluar y mejorar que ayude a evaluar y mejorar el consumo nutricional.

Una vez que el psicólogo ha identificado problemas importantes que requieren atención, y desarrollado un plan de tratamiento, ayuda al paciente a reemplazar pensamientos y conductas destructivos por otros más positivos. Por ejemplo, el psicólogo y paciente pueden trabajar juntos para concentrarse en la salud en lugar del peso. El paciente puede llevar un diario de comidas con el fin de crear más conciencia de los tipos de situaciones que desencadenan el comer compulsivamente.

Sin embargo, simplemente cambiar los pensamientos y conductas del paciente no es suficiente. Para garantizar una recuperación duradera, los psicólogos y pacientes deben trabajar juntos para explorar los problemas psicológicos subyacentes al trastorno de la alimentación. La psicoterapia puede ser necesaria para concentrarse en mejorar las relaciones personales del paciente y puede involucrar ayudarlo a ir más allá del hecho o situación que desencadenó el trastorno en primer lugar. La terapia de grupo también puede resultar útil.

Algunos pacientes, en especial aquellos con bulimia, pueden beneficiarse con la medicación. Sin embargo es importante recordar que la medicación debe usarse en combinación con psicoterapia, no para reemplazarla. Los pacientes a quienes se les aconseja tomar medicación deben conocer los posibles efectos colaterales y la necesidad de una supervisión directa del médico.

¿Funciona realmente el tratamiento?

Sí. La mayoría de los casos de trastornos en la alimentación pueden ser tratados exitosamente por profesionales de la atención médica de salud mental y de salud adecuadamente capacitados. Hay que tener en cuenta, que los tratamientos no dan resultados en un corto plazo. Para muchos pacientes, el tratamiento puede ser a largo plazo.

Incorporar la terapia familiar o de pareja en la atención del paciente puede ayudar a prevenir recaídas al resolver los problemas interpersonales relacionados con el trastorno de la alimentación. Los terapeutas pueden guiar a los familiares para que entiendan el trastorno del paciente y aprendan nuevas técnicas para sobrellevar los problemas. Los grupos de apoyo también pueden colaborar.

Recuerde: cuanto más temprano comience el tratamiento, es mucho mejor. Cuanto más tiempo continúen los patrones de alimentación anormales, estos quedarán más profundamente arraigados y serán más difíciles de tratar.

Los trastornos en la alimentación pueden afectar gravemente el funcionamiento y la salud de las personas. Pero las perspectivas de una recuperación a largo plazo para la mayoría de las personas que buscan ayuda profesional son muy buenas. Terapeutas calificados como, por ejemplo, psicólogos autorizados para ejercer y con experiencia en esta área, pueden ayudar a aquellas personas que tienen trastornos en la alimentación a recuperar el control de sus conductas alimenticias y de sus vidas.

La tiranía en el espejo

Si te das cuenta de que todas las cosas cambian, no hay nada con lo que te querrás quedar. Si no temes la muerte, no hay nada que no podrás conseguir.
Lao Tzu

Dentro del amplio espectro de posibles cambios que queremos hacer en nuestras vidas siempre hay un espacio que se encuentra asociado a nuestro físico o imagen corporal. No es raro escuchar conversaciones a todas las edades y con diferente intensidad, en las cuales las referencias a la apariencia física o al cuerpo, se deslizan como aspectos transversales.

Mejorar nuestra apariencia no quiere decir que debamos llegar a extremos ni que necesitemos invertir grandes cantidades de dinero para vernos bien. Basta con querer hacerlo. Pero así como muchas personas piensan que lo físico no interesa también existen quienes creen que la apariencia es lo único importante en la vida.

Esta obsesión por la perfección del cuerpo que tiene distintas formas de manifestarse, es quizás hoy donde cobra una nueva dimensión con relevante implicación social, económica y sanitaria. Así vemos como se establecen unos cánones estéticos como símbolo de triunfo social, deseabilidad y seguridad personal más allá de cualquier otra cualidad personal.

Cuando alguien llega al extremo de fijar su atención sólo en su supuestos defectos físicos, aunque no los tenga, obsesionándose por mejorarlos, estamos ante un trastorno de aprendizaje que se conoce como dismorfobia, que distorsiona la imagen que tenemos de nosotros mismos. La dismorfobia suele presentarse en la adolescencia, lo que no significa que los adultos no podamos sufrir de ella. Está ligada a la depresión y no debe tomarse a la ligera, es una enfermedad que puede tener trágicos desenlaces si no es tratada a tiempo.

Otros trastornos provocados por la presión a la que nos vemos sometidos desde los medios de comunicación y desde nuestro entorno cercano son la anorexia, la bulimia o la vigorexia, que pueden acarrear graves consecuencias psicológicas y físicas.
Los comportamientos anoréxicos y bulímicos se detectan con cierta facilidad cuando vemos que la persona comienza a obsesionarse con adelgazar y deja de comer o intenta eliminar lo que ha comido de forma inmediata.

Es en los primeras fases del desarrollo de estas complejos trastornos, que algunos han definido como una adicción a no comer, en donde la intervención de los progenitores o educadores puede tener un mayor impacto.

Algo similar ocurre con la vigorexia, que incorpora una obsesión por el ejercicio físico desmedido, que lleva a muchas personas a comenzar a ingerir “suplementos” de dudosa procedencia o lo que es peor, sustancias adictivas como los esteroides o anabolizantes.
Todos estos trastornos tienen serias consecuencias sobre la salud y conllevan un tratamiento prolongado, que debe ser conducido por especialistas en trastornos de la alimentación.

En el caso de la vigorexia o de la mas reciente ortorexia (obsesión por la alimentación “sana”), los trastornos asociados de la alimentación y las carencias que  puedan conllevar el alimentarse con “suplementos” o con comidas “no proscritas”  son factores muy relevantes que no nos pueden hacer olvidar la alteración interpersonal y familiar que se produce en la vida de estas personas.

Ya que diferenciar no es fácil, además de los ya comentados para la anorexia y bulimia, estos indicadores nos pueden ayudar a identificar alguno de estos comportamientos,

  • Pensar constantemente en la imagen física
  • Sentir complejos y vergüenza por los “defectos” físicos.
  • Interrogar a familiares o amigos acerca del supuesto defecto.
  • Acudir continuamente a dermatólogos o cirujanos plásticos 
  • Intentar ocultar partes del cuerpo o rostro que presentan defectos.
  • Sufrir en silencio por la apariencia física.
  • Evitar las reuniones sociales por temor a que alguien note los defectos.

Si reconoces algunos de los síntomas en tu forma de actuar o en la de alguno de tus seres queridos, aún estás a tiempo de acercarte a un especialista en salud mental.

En definitiva, la propuesta de cambio desde la “corteza” no deja de ser una mano de pintura sobre nuestro verdadero potencial de cambio que, aunque debe incluir por supuesto una preocupación por nuestra salud física y apariencia, no debe centrarse exclusivamente en ella.

¿Quieres cambiar tu vida? (I)

En Cámbiate te proponemos lograrlo en un cuatro semanas. Siguiendo una idea de  Svetlana Pokrevskaya, traducida por Genial.guru te dejamos con la primera semana. A lo largo de las próximas tres, desgranaremos todo el plan. ¿Nos ponemos a ello?

Lo que te espera a mitad de este camino (no digo al final, porque este es un camino sin final) superará tus expectativas. Llevando a cabo estas (sencillísimas) instrucciones cada día y dándoles cabida en tu vida te sentirás en armonía, serás consciente de lo que puedes, verás la luz al final del tunel, y el sendero que va al camino correcto y que con el tiempo será tu camino.

SEMANA 1: CUERPO Y HÁBITOS

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Levantarse temprano, Alrededor de las 6 de la mañana. Si lo haces el tiempo que te hacía falta y que nunca tienes durante el día para dedicarte a tí mismo aparecerá de inmediato. Ventajas: silencio y tranquilidad que te permiten concentrarte en tus asuntos mientras los demás duermen. Es un momento ideal para hacer ejercicios matutínos que te permitan disfrutar el día al 100%. La pereza y la falta de deseo de levantarte temprano no son un indicador de cansancio, en realidad podrían interpretarse como un indicador de que no quieres levantarte a vivir tu vida. ¿Para qué levantarse si te espera el metro, el tráfico, el trabajo…? Pero si en cambio el primer pensamiento fuera ”¡Qué bien, un nuevo día, hoy voy a hacer (lo que quieras que no sea dormir) para sentirme bien!”. muy probablemente será mucho más facil salir de la cama. Levántate temprano y dedícate tiempo. Si es dificil levantarse porque no duermes bien, acuéstate más temprano, tú puedes hacerlo si te organizas (más abajo hay consejos para eso).

Alimentación ligera. Para los cambios que se proximan necesitarás una gran cantidad de energía. Lo más probable es que toda la energía que tienes en este momento sea usada por tu organismo para seguir funcionando y contrarrestar la influencia del alcohol, cigarrillos, comida grasosa, pastelitos, dulces, etc… Cada quien tiene en su lista debilidades que hay que tachar. Puedes elegír el tipo de alimentación que te parezca correcto. El vegetarianismo es una opción para algunos, otros no podrían vivir sin la carne (y eso es normal), otros deciden eliminar los fritos, y así sucesivamente. Lo que sí es cierto es que el alcohol, las papitas, los refrescos dúlces, los embutidos y la comída chatarra no aparecen en ninguna guía nutricional sana, por eso lo mejor es eliminarlos. También sería prudente reducir el tamaño de las porciones y no comer hasta el hastío antes de dormir (y mejor aún, no comer en la noche). En lo que respecta al resto de la alimentación puedes escuchar lo que tu organismo o tu nutricionista quieran; lo más importante es no ponerse metas prácticamente inalcanzables para eliminar y/o metabolizar las toxinas, por el contrario sería mejor ayudarle al organismo alimentándolo con comída ligera, sana y deliciosa. Tendrás más energía y te sentirás físicamente mejor.

Deporte. Quizá lo más importante: tener un cuerpo tonificado (no necesariamente perfecto) y sano es una condición necesaria para disfrutar de una mente sana. El movimiento es vida por eso para despertar la vida que hay en ese cuerpo y mente cansados ¡hay que moverse!. No importa cómo prefieras hacerlo, lo importante es que sea a conciencia. Practicar yoga, trotar y bailar son opciones populares que producen gran placer; aunque también puedes ir al gimnasio, caminar al trabajo o sencillamente olvidarte del ascensor. Depende de ti, Lo importante es ejercitarse a proposito.

¿CÓMO COMES?

Una forma consciente de disfrutar nuestra alimentación

Cuando somos plenamente conscientes, estamos presentes, en el momento. Cuando se trata de comer, la atención plena ayuda a amplificar el volumen de nuestros indicadores corporales de forma que podamos escuchar alto y claro cuando estamos hambrientos o llenos.

Son muchos los factores ambientales que se cruzan en nuestro camino para evitar que seamos capaces de “decodificar” precisamente las señales que nos envían nuestros sentidos y nos llevan a “deglutir” nuestra comida sin ser conscientes de la sinfonía de matices que nos estamos perdiendo.

La atención plena nos ayuda a romper estas rutinas al comer, examinando los pensamientos, sentimientos y presiones internas que modulan la experiencia del comer.

Principios de la Atención Plena

  • Es prestar atención deliberadamente, sin juzgar
  • Es sincronizar los procesos internos y el ambiente externo
  • Es ser consciente de lo que esta presente mental, emocional y físicamente en cada momento
  • Con la práctica, la atención plena cultiva la posibilidad de liberarnos de los patrones reactivos habituales de pensar, sentir y actuar.
  • La atención plena promueve balance, elección, sabiduría y aceptación de la experiencia.

Comer con Atención Plena es:

  • Permitirnos ser conscientes de las oportunidades positivas y enriquecedoras que nos proporciona la preparación e ingesta de la comida respetando nuestra sabiduría interior.
  • Elegir comida que está, al mismo tiempo satisfaciéndonos y alimentándonos utilizando todos nuestros sentidos para explorar y saborear la comida.
  • Reconociendo las respuestas a la comida (nos gusta, neutral o no nos gusta) sin juzgar, aceptándolo.
  • Aprendiendo a ser consciente del hambre y la saciedad para que guíen nuestras decisiones para comer o dejar de hacerlo.

Alguien que come plenamente:

  • Reconoce que no hay una forma correcta o errónea de comer sino varios grados de consciencia con los que abordar la experiencia de la comida.
  • Acepta que sus experiencias al comer son únicas
  • Es un individuo que, por elección, dirige su atención a todos los aspectos de la comida o la experiencia del comer, momento a momento.
  • Es un individuo que se centra en las elecciones inmediatas y las experiencias directas con la comida y la alimentación, no a los resultados distantes de dichas elecciones.
  • Es consciente de los efectos y consecuencias de comer inconscientemente.
  • Interioriza como puede obtener resultados específicos para su salud a medida que está más sintonizado con la experiencia directa de la alimentación y los sentimientos saludables.
  • Es consciente de la interconexión de la tierra, los seres vivos, y culturas y el impacto mutuo de sus decisiones en estos sistemas.

 Consejos para una Comida Plena

1.     Desconectar el piloto automático

¿Qué desayunamos hoy? Seamos honestos. La mayoría de nosotros desayunamos lo mismo cada día. Debemos darnos cuenta si estamos “engancahdos” en una rutina aburrida o sosa.

2.     Toma bocados plenos

¿Cuántas veces nos hemos comido un plato completo sin saborear ni un solo bocado? Traigamos todos nuestros sentidos a la mesa. Sintamos el olor del pan, la textura del yogur en la lengua, saboreando sinceramente la comida. Experimentemos cada bocado desde el principio hasta el final.

3.     Comamos “atentos”

Claro que estamos muy ocupados y “hay mucha comida en el plato”. Es complicado convertir la comida en una prioridad y no en una tarea colateral u opcional. Si estamos trabajando o estudiando, hagamos un alto que nos permita dedicar el 100% de nuestra atención a la comida. No hagamos multitarea mientras comemos. ¡Si estamos comiendo, comamos!

4.     Hagamos un “Check In” consciente

¿Cuánta hambre tenemos de uno a diez? Valoremos de uno a diez nuestro nivel de hambre. Como si midiéramos nuestra temperatura. Cada vez que comamos, preguntémonos ¿Qué hambre tengo? Comamos hasta estar satisfechos y no nos quedemos con hambre.

5.     Pensemos plenamente

No nos dejemos arrastrar por pensamientos negativos respecto a la comida. No “comamos antes de hacerlo”, creyendo como inevitable que nuestra caótica forma de vida no nos permitirá comer plenamente.

Estos pensamientos negativos son solo eso, pensamientos. No hechos.

6.     Hablemos plenamente

Desconectemos de las charlas inútiles acerca de las dietas y el peso, tan comunes que no somos conscientes del impacto que tienen en nuestra autoestima. Seamos conscientes como determinadas charlas afectan nuestra dieta y nos hacen engullir la comida, poca o mucha, sin disfrutar de un solo bocado.

Si te interesa esta forma de abordar la comida, te recomiendo este libro