¿QUIERES TENER ÉXITO?

Si he hecho descubrimientos valiosos ha sido más por tener paciencia que por cualquier otro talento.

Isaac Newton 

Pues espera. Esa sería la respuesta. Sencillo ¿a que sí?

Lo explicamos. Hace unos pocos años, en la Universidad de Stanford se llevó a cabo un interesante experimento que pretendía averiguar la capacidad que tenían los participantes para “aguantar” un determinado tiempo hasta recibir un premio.

Lo original del estudio, llevado a cabo a finales de los 60 con más de 600 participantes, era que éstos eran niños, y de muy corta edad.

El diseño del mismo también era muy curioso. A los pequeños, de entre cuatro y seis años, se les daba una “nube” (marshmallow en inglés o malvavisco en América Latina) y se les decía:

“Te dejo esta chuche ahora. Te la puedes comer si quieres. Pero si esperas 15 minutos hasta que vuelva, te daré otra, y te podrás comer las dos”

Tras esto, el experimentador abandonaba la sala y dejaba al niño a solas, durante 15 minutos. Cualquiera de nosotros puede imaginar la situación. ¿Cuánto aguantarían ustedes con esa edad? ¿Serían capaces de imaginar el doble premio posible y soportar la llamada de la golosina que tenían a mano?

Los resultados confirmaron lo que parecía lógico esperar. La mayoría de los niños y niñas participantes, dos tercios, fue incapaz de soportar la espera y se comieron el malvavisco. Solamente un tercio soportó la presión y obtuvo entonces el doble premio.

Diez años más tarde, el equipo del profesor Walter Mischel, llevó a cabo un seguimiento de cómo eran las vidas de los ya adolescentes que habían participado en el estudio. Lo más sorprendente, ya que no era objeto del estudio, fue que aquellos que habían retrasado el premio eran considerados como jóvenes muy competentes y felices, tanto por sus progenitores como por sus profesores. Un descubrimiento, digamos colateral, del seguimiento, que tenía como objetivo comprobar si las proporciones de “impacientes” y “pacientes” se mantenían con el tiempo. El equipo de Mischel, en otro seguimiento posterior, también descubrió que los jóvenes que, años atrás, habían esperado, tenían un mayor nivel académico y laboral en comparación con los que no lo hicieron. Y además se consideraban más felices.

La conclusión que podemos sacar de este estudio clásico de la psicología del comportamiento parece obvia:

Aprender a esperar tiene su recompensa y, con el tiempo, te hace ser más feliz y tener éxito en la vida.

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