La compasión es la antitoxina del alma: donde hay compasión incluso los impulsos mas venenosos pueden ser relativamente inofensivos. Eric Hoffer
Todos cometemos errores, ¿pero debemos castigarnos o mostrar un poco de clemencia con nosotros mismos? A esta pregunta nos invita J. Dean en su blog.
Tenemos una especie de policía que vive en nosotros y que nos recuerda que es lo que deberíamos estar haciendo o cuales son nuestros objetivos personales o profesionales.
Pero ¿que tipo de “conciencia” tenemos? ¿Es del tipo que nos castiga, con cara de enfado y mala actitud, o nos ofrece una mirada compasiva, una palabra amable o una mano tendida?
Este segundo tipo es normalmente visto como menos efectivo o, incluso, débil. Pensamos que ser tolerantes con nuestras “debilidades” o nuestros fallos, nos conducirá a una menor motivación. Si no utilizamos la autocrítica implacable para impulsarnos, ¿llegaremos a algún sitio?.
Entonces, ¿qué actitud debemos tomar con nosotros mismos?
Imaginemos que alguien está intentando superar un periodo reciente de poca confianza.
Podemos mostrar tres formas de afrontarlo:
- Impulsar nuestra autoestima: pensando en características positivas propias para mejorar nuestra confianza.
- Distracción positiva: podemos recordar momentos agradables para crear una distracción acerca de nuestras problemas
- Auto-compasión: pensar acerca de nosotros con cariño y compasión, viendo este período de baja auto-confianza en el contexto, sin evaluarlo o juzgarlo.
En un estudio llevado a cabo en 2012, examinando estas tres posibilidades, se halló que la compasión era sorprendentemente potente. Comparada con las otras dos posibilidades, este estudio encontró que la compasión con nosotros mismos ayudaba a los participantes a:
- Ver las posibilidades de cambio
- Incrementar la motivación para cambiar
- Tomar acciones para producir un cambio
- Al compararnos con aquellos que lo están haciendo mejor, nos motivamos a cambiar.
Lo más curioso que se deriva de este estudio es que la autocompasión resulta no ser la opción suave, de hecho es todo lo contrario. Siendo comprensivos y no juzgándonos, somos capaces de evitar la autocrítica dañina y el desempeño frágil. En el estudio de Breines y Chen citado, se invitaba a los participantes a recordar inseguridades sociales o ansiedades sociales que hubiesen sufrido en el pasado. Mostrar compasión al rememorarlos era la mejor forma de superarlos.
Esto ocurre debido a que la autocompasión construye una forma mas equilibrada de reaccionar tanto a nuestros errores como a las situaciones difíciles en las cuales nos podamos encontrar, ayudándonos a no atascarnos en el juicio de una acción pasada y centrándonos en un desempeño actual más constructivo. Esta forma de conocernos, sin juzgarnos, nos fortalece, siendo de hecho la manera más resiliente de abordar situaciones difíciles.









4 respuestas
excelente.felicitaciones!
Muchas gracias Esther. Eres muy amable!!
Magnífica entrada compañero. Felicidades por tu blog!!!!. Y ahora,…Ego me absolvo…
Gracias Ramón!!!