La dictadura de la felicidad

Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero si no hacemos nada, no habrá felicidad.
Albert Camus

En estos últimos años, ha sido un monotema. No podemos encontrar ningún texto divulgativo de psicología, coaching, o consejo, que no la sitúe como una parte esencial de todas nuestras aspiraciones. “Buscar la felicidad”, se ha llegado a convertir en una obligación. Si no estás en ello, estás errando tu camino. Es lo que debes hacer siempre.

Tanto es así que, un objetivo perfectamente apetecible, puede ser motivo de estrés, angustia e, incluso, enfado. ¿Por qué ocurre esto? Sencillamente porque no nos gusta que nos digan lo que debemos hacer o pensar. Independientemente de su deseabilidad o beneficio para nosotros.

La insistencia en la búsqueda de la felicidad, como un absoluto ineludible, nos lleva a sentir que nos están obligando a seguir un camino. Quitándonos todo derecho a decidir. Esta dictadura de la felicidad, que se ha convertido en un lucrativo negocio para muchas personas sin escrúpulos, nos puede llegar a hacer sentir miserables. Porque no lo somos. O porque, simplemente no estamos dedicados a ello.

Pero no funcionamos así. Los seres humanos necesitamos de todas nuestras emociones y sentimientos, para sentirnos vivos. La felicidad, necesita de la tristeza. Si no, no hay balance. No podemos comparar y todo deja de tener sentido.

Y es esto último, el ingrediente esencial que compone una vida con significado: su sentido. Como nos haga emocionar lo que hacemos en ella, las personas que están, las que forman parte de nuestra afectividad. A quienes queremos.

Ser felices no es sino un pequeño alto fugaz en un camino que nos lleva a aceptarnos, querernos, respetarnos … y extender ese planteamiento vital a quienes se nos acercan. A las personas que se cruzan en nuestra vida. O a las que se quedan en ella, para compartirla.

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