¿Sabemos conversar?

Cuando tu empleo depende de cuán bien le hablas a la gente, aprendes mucho sobre como entablar conversaciones, y la mayoría de nosotros no conversa muy bien. Celeste Headlee ha trabajado como entrevistadora en la radio durante décadas, y conoce los ingredientes para una excelente conversación: Honestidad, brevedad, claridad y una saludable dosis de escucha. En esta valiosa charla, comparte 10 reglas útiles para tener mejores conversaciones. “Sal, háblale a la gente, escúchala”, dice. “Y, lo más importante, prepárate para asombrarte”.

Les dejo parte de su charla (las diez reglas para una buena conversación), transcritas.

Muchos ya han escuchado varios consejos sobre esto, cosas como mirar a la gente a los ojos, pensar en temas interesantes para discutir con anticipación, mirar, asentir y sonreír para mostrar que prestan atención, repetir justo lo escuchado o resumirlo. Así que, quiero que olviden todo eso. Es una estupidez.

No hay razón para aprender a mostrar que se presta atención si de hecho se está prestando atención.

Ahora, yo uso las mismas capacidades como entrevistadora profesional que las que uso en mi vida diaria. Así que, les enseñaré cómo entrevistar a la gente, y eso en realidad va a ayudarles a aprender a ser mejores conversando. Aprender a tener una conversación sin desperdiciar su tiempo, sin aburrirse, y, ¡por Dios!, sin ofender a nadie.

Todos hemos tenido grandes conversaciones. Las hemos tenido antes. Sabemos cómo son. El tipo de conversación donde te marchas sintiéndote involucrado e inspirado, o donde sientes que has hecho una conexión real o has entendido perfectamente. No hay razón para que muchas de sus interacciones no puedan ser así.

Así que tengo 10 reglas. Y los guiaré a través de ellas. pero honestamente, si solo eligen una de ellas y la dominan, Uds. ya disfrutarán de mejores conversaciones.

Número uno: No sean multitareas. Y no solo quiero decir que dejen su móvil, su tablet, las llaves del auto o lo que tengan en las manos. Quiero decir, estén presentes. Estén en “ese” momento. No piensen en la discusión que tuvieron con su jefe. No piensen en lo que van a comer para cenar. Si desean salir de la conversación, abandonen la conversación, pero no estén mitad presente y mitad ausente.

Número dos: No sean dogmáticos. si quieren establecer su opinión sin oportunidad a réplica, discusión, aportación o crecimiento, escriban un blog.

Ahora, hay una buena razón por la que no permito sabiondos en mi show: Porque son realmente aburridos. Si son conservadores, odian a Obama, al programa de comida y al aborto. Si son liberales, odiarán a los bancos, las empresas las petroleras y a Dick Cheney. Totalmente predecibles. Y Uds. no querrán ser así. Uds. deben iniciar una conversación suponiendo que tienen algo que aprender. El afamado terapeuta M. Scott Peck dijo que la escucha sincera requiere de ponerse uno mismo a un lado. Y a veces eso significa dejar a un lado las opiniones personales. Él dijo que al sentir esta aceptación, quien habla estará cada vez menos vulnerable y cada vez más dispuesto a abrir las represiones interiores de su mente al que escucha. Una vez más, supongan que tienen algo que aprender.

Bill Nye: “Cada persona que llegues a conocer, sabrá algo que tú no conoces”. Yo lo puse en este modo: Todos son expertos en algo.

Número tres: Usen preguntas abiertas. En este caso, observen a los periodistas. Inicien preguntas con quién, qué, cuándo, dónde, por qué o cómo. Si lo ponen en una pregunta complicada, van a obtener una respuesta simple. Si les pregunto, “¿Se asustaron?”. Responderán a la palabra más enérgica en esa oración, la cual es “asustarse”, y la respuesta sería Sí o No me asusté. “¿Estabas molesto?”. “Sí, lo estaba”. Déjalos describirlo. Son los que saben. Intenten preguntar cosas como, “¿Cómo fue eso?”. “¿Qué sintieron?”. Porque entonces puede que tengan que detenerse un tiempo y pensar en ello, y van a tener una respuesta mucho más interesante.

Número cuatro: Sigan el ritmo. Eso significa que vendrán pensamientos a su mente y necesitan permitirles salir de su mente. A menudo, hemos escuchado entrevistas en la que un invitado está hablando por minutos y luego el presentador vuelve y hace una pregunta que parece haber salido de la nada, o que ya ha sido contestada. Allí es probable que él haya dejado de escuchar hace 2 minutos porque pensaba en esta pregunta realmente ingeniosa, y estaba convencido y determinado a decirla. Y nosotros hacemos exactamente lo mismo. Estamos sentados conversando con alguien, y recordamos la vez que encontramos a Hugh Jackman en una cafetería.

Y dejamos de escuchar. Les vendrán historias e ideas. Deben dejarlas venir y dejarlas ir.

Número cinco: Si no saben, digan que no lo saben. Ahora, la gente en la radio, especialmente en NPR es mucho más consciente de que está siendo grabada, y es más prudente sobre los temas en lo que aseguran ser expertos y sobre lo que afirman saber con seguridad. Hagan eso. Pequen de precavidos. La charla no debería ser común.

Número seis: No equiparen sus experiencias con las de ellos. Si hablan sobre la perdida de un familiar, no empiecen a hablar de la vez que perdieron un familiar. Si hablan de problemas laborales, no les cuenten cuánto odian su empleo. No es lo mismo. Nunca es lo mismo. Toda experiencia es individual. Y, lo más importante, no es sobre Uds. No necesitan usar ese momento para probar cuán sorprendente son o cuánto han sufrido. Una vez preguntaron a Stephen Hawking cuál era si CI, y él dijo: “Ni idea. El que fanfarronea sobre su CI es un perdedor”.

Las conversaciones no son una oportunidad promocional.

Número siete: Procuren no ser repetitivos. Es condescendiente, y es en verdad aburrido, y tendemos a hacerlo mucho. Especialmente en conversaciones de trabajo o con nuestros hijos. Cuando tenemos una idea, la seguimos parafraseando una y otra vez. No hagan eso.

Número ocho: Eviten los detalles. Francamente, la gente no está interesada en los años, los nombres, las fechas, todos esos detalles que luchan por traer a su mente. A ellos no les importan. Les importan Uds. les importa cómo son, qué tienen en común. Así que, olviden los detalles. Déjenlos.

Número nueve: esta no es la última, pero es la más importante. Escuchen. No puedo decirles cuántas personas importantes han dicho que escuchar tal vez sea la capacidad más importante que podrían desarrollar. Buddha dijo, y estoy parafraseando, “Si tu boca está abierta, no estás aprendiendo”. Y Calvin Coolidge dijo: “Nadie ha sido despedido por escuchar demasiado”.

¿Por qué no escucharse mutuamente? Número uno, nosotros preferimos hablar. Cuando hablo, estoy en control. No tengo que escuchar en lo que no esté interesado. Soy el centro de atención. Puedo reafirmar mi propia identidad. Pero hay otra razón: Que nos distraemos. La persona promedio habla unas 225 palabras por minuto, pero podemos escuchar hasta 500 palabras por minutos. Así que nuestras mentes están llenando esas otras 275 palabras. Y miren, sé que requiere esfuerzo y energía realmente prestar atención a alguien, pero si no pueden hacer eso, no están en una conversación. solo son dos personas gritando oraciones apenas relacionadas en el mismo lugar.

Tienen que escucharse el uno al otro. Stephen Covey lo dijo muy bien. Dijo: “Muchos de nosotros no escuchamos con la intención de entender. Escuchamos con la intención de responder”.

Una regla más, número diez, y es esta: Sean breves.

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