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Gente de Bien

La actual preocupación casi histérica por la seguridad es en el mejor de los casos un derroche de recursos y un obstáculo para el espíritu humano, y en el peor de los casos una invitación al totalitarismo. Se necesita con urgencia educación pública.

Michael Crichton

La tendencia a seguir a los líderes, es algo que viene siendo estudiado hace siglos por las ciencias humanas. Resulta paradójico que, con las promesas de una vida mejor o la de la evitación de una peor, seamos capaces de engullir adoctrinamientos que van en contra de nuestros principios, rompen todas las normas de la convivencia humana y, además están siendo dictadas por alguien que no muestra la más mínima empatía o compasión por ninguno de sus semejantes.

El adecuado manejo de las reivindicaciones de unos, hace sencillo que nos olvidemos de los otros, aunque sean nuestros familiares, vecinos o amigos. Si recojo en mis promesas o decretos lo que tu juzgas que nadie debe hacer o no hacer, entonces estaré de tu lado. Sin importarme que el resto de lo que hagas sea moral, y legalmente, absolutamente cuestionable.

Podemos llamarlo egoísmo o supervivencia. Lo que estamos viviendo hace unos años, nos está abocando a repetir la historia. A la pregunta de nuestros nietos ¿y por qué no hiciste nada?, es muy probable que respondamos igual que nos hicieron a nosotros ¿qué podíamos hacer?.

El alineamiento ideológico necesario que sustenta a los tiranos, es lo que tiene. Estás conmigo (nosotros) o están contra mí (nosotros). Y así se explican las mayores atrocidades que hemos vivido, y seguimos haciéndo, que la “gente de bien”, no vió venir.

No es miedo. No nos equivoquemos. Es la idea antigua de que, en algunas ocasiones, los justos deben pagar por los pecadores. Que a la gente de bien, la que no se mete en líos, no le va a pasar nada. Que, en algunas ocasiones, es necesario traspasar los límites de los derechos humanos por el bien común. Que la tortura hay quien la merece.

Hasta que te toca a ti.