¿Qué te juegas?

Los juegos de azar pueden provocar adicción. Sus características son similares a las de las adicciones químicas. A continuación te dejamos algunas de ellas.

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Además del dinero, el jugador adicto es incapaz de dejar de dilapidar su tiempo. No se trata de elegir entre una y otra forma de ocio, sino de ser incapaz de levantarse de la mesa, virtual o real.

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Si empiezas a preocuparte porque una hipotética pérdida te causaría problemas, vas por el mal camino. El caso extremo es jugar con dinero prestado o usar los ahorros. Es una de las peores opciones que existen, aunque es muy fácil incurrir en este error.

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Si el juego es una vía de escape a tu vida miserable o a otros problemas, si tu actuación es compulsiva y no de ocio, también deberías recapitular. Si la adrenalina que genera el juego te impulsa a jugar cada vez más dinero para seguir sintiendo lo mismo, es que te has convertido en un yonki del azar.

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Este es un síntoma extremo. Más allá de consideraciones morales y penales, robar, engañar y recurrir a cualquier tipo de crímenes para acabar jugándote el dinero no solo es una estupidez, sino que entrarás en un camino de muy difícil retorno.

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Si ves que te estás convirtiendo en otra persona (los otros se darán cuenta mucho antes), deberías reconocer este síntoma lo antes posible y tomar medidas. La mayor dificultad para distinguir esta señal es que un no adicto también negará que lo es, al igual que el inocente tampoco reconoce el crimen que no ha cometido.

Como suele decirse con el alcohol, si alguna vez te preguntas si estás bebiendo demasiado, probablemente es porque lo estás haciendo.

7Es quizá el último escalón y suele ir acompañado de fuertes deudas, por lo que nadie debería llegar tan lejos. La adicción al juego puede parecer menos grave que el alcoholismo o la drogodependencia, pero es la más relacionadas con los intentos de quitarse la vida.

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Apetito excesivo

Una teoría psicológica de las adicciones

De acuerdo con el psicólogo y experto en adicciones, Jim Orford, las adicciones pueden ser mejor entendidos como apetitos que se han convertido en excesivos, a través de un proceso psicológico. Es una perspectiva bastante diferente del punto de vista tradicional sobre las adicciones, que las ven principalmente como derivadas del consumo de una sustancia adictiva, como el alcohol, la cocaína o la heroína.

La idea central de esta teoría recoge que las adicciones son apetitos excesivos, más que formas de dependencia de sustancias psicoactivas. Los cinco apetitos centrales que Orford identificó en su teoría son: la ingesta de alcohol, el juego, consumo de drogas, comida y ejercicio. Estos ejemplos están tomados de los mejores y más documentados ejemplos del fenómeno de la adicción. Todos comunes y, en general, no problemáticos para la mayoría de las personas, pero que pueden resultar excesivos y problemáticos cuando se desarrolla un fuerte apego hacia ellos, en una minoría.

La perspectiva de los apetitos excesivos reconoce el alcohol y las drogas como ejemplos de adicción, más que catalogar la experiencia con una determinada sustancia como una adicción per se. De hecho, y según este modelo, los dramáticos problemas asociados a la adicción a drogas han eclipsado, en gran medida nuestra comprensión del fenómeno biopsicosocial que engloban las adicciones.

Más que un proceso puramente fisiológico, esta teoría explica las adicciones como un complejo proceso psicológico, que comprende muchos factores. Orford defiende la idea de delimitación del concepto para evitar llegar a los extremos de calificar a cualquier conducta como adicción.

En síntesis, su teoría recoge como cualquier conducta es susceptible de convertirse en una adicción, pero el hecho de practicarlas, en si, no es una adicción. En estos tiempos que tenemos la tendencia a etiquetar todo, esta visión dinámica y personalizada de lo son las adicciones más allá de a lo que se sea, tiene más relevancia que nunca.

Codependencia

La codependencia es una dependencia de los demás, de sus estados de ánimo, de su conducta, de su enfermedad o bienestar y de su amor.

Paradójicamente pareciera que los demás dependen de las personas con codependencia, pero en realidad ellos son los dependientes. Parecen fuertes pero se sienten desamparados. Parecen controladores pero en realidad son controlados ellos mismos, a veces por una enfermedad tal como la adicción.

Características de la codependencia en las adicciones:

  1. Condición en la que una persona apoya, abiertamente o no, la actitud adictiva de otro.
  2. Condición en la que una persona se convierte en el “cuidador” de un adicto o un individuo con problemas.
  3. Forma destructiva de ayudar, permitir. 

Los condependientes pueden:

  • Pensar y sentirse responsables por otras personas, por sus sentimientos, pensamientos, acciones, decisiones, necesidades, bienestar o la falta de él, y últimamente su destino.
    sentir ansiedad, pena y culpa cuando otras personas tienen un problema.
  • Sentirse obligado, hasta forzado, a ayudar a dicha persona a resolver el problema, como ofrecer consejo que no se le ha pedido, dar soluciones rápidas o arreglar sentimientos.
  • Sentir enfado cuando su ayuda no es efectiva.
  • Anticipar las necesidades de los otros.
  • Preguntarse por qué los demás no hacen lo mismo por ellos.
  • Encontrarse a ellos mismos diciendo “sí” cuando quieren decir “no”, hacer cosas que realmente no quieren hacer, hacer más de lo que sería justo que hiciesen, y hacer cosas que los demás pueden hacer por ellos mismos.
  • Intentar agradar a los demás en vez de a ellos mismos.
  • Sentirse tristes porque se han pasado toda la vida dando a los demás y no recibiendo nada a cambio.
  • Sentirse atraídos a gente que necesita atención.
  • Sentirse aburridos, vacíos y sin valor cuando tienen una crisis en sus vidas, un problema que solucionar o alguien a quien ayudar.
  • Estar preocupados de que otras personas vean quienes son realmente y dejar que las cosas ocurran naturalmente

 

El cerebro adicto

Un vídeo divulgativo de la Universidad de Navarra sobre lo que ocurre en el cerebro cuando aprendemos a ser adictos.

1. La adicción es un aprendizaje con recompensa que se hace patológico y acaba arruinando el proyecto de vida de la persona afectada y de quienes le rodean.

2. En este proceso juegan un papel fundamental tanto la liberación de dopamina como nuestra memoria

3. Quienes sufren la adicción no deciden, sino que se encuentran obligados a consumir.

4. La mayoría de las conductas adictivas comienzan en la adolescencia, cuando los sistemas de recompensa y memoria emocional no están ajustados.

5. El convencimiento de tener el destino de uno mismo en las propias manos, superar una crisis, y no estar solo, suponen una buena prevención para no caer en la destructiva red de las dependencias y adicciones

¿Qué provoca la adicción?

Quizás todo lo que creías está mal

¿Qué provoca la adicción? desde la cocaína hasta los teléfonos inteligentes, ¿y cómo podemos superarla? Johann Hari nos plantea como muchos de los métodos actuales han fallado, al estar firmemente basados en un modelo moral, especialmente los que incluyen medidas punitivas para los adictos.

Este autor, al ver a sus seres queridos luchar por controlar sus adicciones, empezó a preguntarse por qué tratamos a los adictos de la manera como lo hacemos… y si podría haber una mejor forma.

Nos cuenta en esta charla profundamente personal, como sus preguntas lo llevaron por el mundo para descubrir algunas sorprendentes y esperanzadoras formas de pensar sobre este antiguo problema.

¿Qué ocurre con la adicción entonces?¿Qué la causa? Sencillo. La provocan las drogas (en el caso de las drogodependencias, al menos), ¿verdad? Pues bien, la historia puede no ser tan sencilla como nos han hecho creer.

Este video, adaptado del libro de Johan Hari, Tras el Grito”, te puede ayudar a ver las cosas desde otro punto de vista

 

Pensamientos adictivos

Sencillamente me convencí de que por algún misterioso motivo yo era invulnerable y no me engancharía. Pero la adicción no negocia y poco a poco se fue extendiendo dentro de mí como la niebla.
Eric Clapton

De forma intuitiva, podemos pensar que la mejor forma de evitar recaer en una conducta adictiva es bloquear los pensamientos que nos pueden llevar a ella. Tiene lógica ¿verdad? Si no pensamos en ello, no estaremos tentados a consumir, apostar o ver pornografía en internet. Este tipo de actuación, muchas veces recomendado, puede conseguir, de hecho, un éxito a corto plazo, que resulta muy esperanzador para el adicto en rehabilitación y para las personas que lo están apoyando en el proceso.

Resulta, además, muy motivador para la persona. Hace que sienta control. Que perciba que está consiguiendo superar “su problema”. Le da una sensación de logro que resulta muy contagiosa y tentadora. Incluso aunque no consiga suprimir todos los pensamientos de consumo. Cuando lo hace, lo vive (y lo vivimos) como un avance importante en su recuperación. Esta “venciendo al enemigo”, “ganando la batalla” y otras expresiones muy en linea de la “lucha contra la droga”.

Pero, desgraciadamente, es todo lo contrario. Apartar los pensamientos acerca de la conducta adictiva es una idea terrible. Una técnica no solo destinada al fracaso, sino que, de hecho, puede interferir con la recuperación.

Los pensamientos adictivos nunca son aleatorios, por tanto los momentos en que ocurren son oportunidades extraordinarios para aprender que es lo que motiva la conducta indeseada. Cualquier evento, circunstancia, interacción, pensamiento o sentimiento, que ocurre justo antes, es la clave para entender que es lo que parece estar sosteniendo la conducta adictiva. Por que la necesitamos. Apartarse justo en el momento en que ocurre, es lo último que debemos hacer si tenemos la esperanza de controlarla.

Lógicamente, prestar atención a un episodio aislado de pensamientos acerca de consumo u otro hábito indeseable, no es suficiente para entender que es lo que subyace a una determinada adicción. Pero cuanto más esfuerzo dediquemos a las circunstancias precipitantes de ese pensamiento adictivo, más fácil será resolver el misterio que lleva a repetir algo que no deseamos conscientemente.

Enfocarnos en estos primeros momentos en que aparece el pensamiento indeseado, tiene un valor inmediato. Incluso si los factores precipitantes no parecen claros, pensar en ellos crea una separación muy útil de los sentimientos de indefensión que siempre los preceden y disparan. Observar estos pensamientos, sin juzgarlos, y aprendiendo sobre ellos, es un magnífico antídoto a la sensación de inevitabilidad que parece acompañar a cualquier proceso de recaída.

Suprimir los pensamientos adictivos es también parte de otro problema. Se ve la adicción como un enemigo a batir. Hacerlo así consigue que la persona que padece la adicción, vea algo que forma parte de ella, como incontrolable, reforzando la sensación de indefensión que comentábamos en el anterior párrafo. Intentar suprimir estos pensamientos devuelve, momentáneamente, la apariencia de control. Pero no consigue, de hecho, cambiar el hecho de que estos pensamientos aparezcan en los momentos más inesperados. En lugar de pensar de esta forma, resulta mucho más adecuado ver la adicción como un síntoma con una motivación y propósito emocional concreto. Que debemos entender para superarlo. En lugar de mirar hacia otro lado, quizás sea mejor aprender de ello.

Trabajar para evitar estos incómodos pensamientos, implica también otra noción incorrecta y muy extendida: La falsa y destructiva idea, que la adicción puede superarse con fuerza de voluntad. Este punto de vista, que ha llevado a pensar que las personas pueden controlar la adicción solo intentándolo con más ahínco, es un mito bastante consolidado que ha conducido a etiquetar a las personas con adicción como “débiles” o faltos de “carácter”.

Mucha gente cree que lo que el adicto necesita es un mayor autocontrol. Pero de hecho, lo que en muchas ocasiones impide a un adicto recuperarse, es confiar exclusivamente en su voluntad. Como recoge Arnold Washton en su magnífico libro “Querer no es poder”:
“Recurriendo a la fuerza de voluntad, se puede apartar de una adicción… por una semana, un mes, o incluso por más tiempo. Pero tarde o temprano, cuando la vida lo someta a fuertes tensiones, lo más probable es que recaiga”.

Confiar exclusivamente en la voluntad hace pensar a la persona adicta, que podemos tener una solución casi inmediata, sin poner demasiado esfuerzo, solo proponiéndonoslo. Es el “modo adicto” de pensar. Controlar lo incontrolable, es el objetivo.

Pero pensar que algo que se ha instaurado en la vida de una persona a lo largo de los años, y que constituye, en cierta forma, una parte importante de su forma de ser, de enfrentar los problemas y de relacionarse con el mundo, es lo que lleva a la frustración que parece estar aparejada a todos los procesos de recuperación de una conducta adictiva.

La persona monta una película que, al principio, se desarrolla según el guión propuesto. Pero pronto empieza a ir a su aire, haciendo que esa “normalidad” que quiere el adicto aparentar se desmorone y lo lleve a la frustración o la recaída.

Unicamente el reconocimiento de la pérdida de control y de la necesidad de ayuda externa profesional, puede permitir comenzar un largo camino que lleva a la recuperación.
Es por ello, que entender la adicción es un proceso individual de reconstrucción implica desmontar formas de reaccionar, de desenvolverse que la persona adicta ha aprendido durante toda su vida.

Por supuesto que quien padece una adicción tiene fuerza de voluntad. Pero debe usarla para cambiar y construir una nueva vida, no para ignorar y evitar la anterior. Negar lo que le ha conducido a un estilo de vida auto destructivo puede, de hecho, precipitarlo de nuevo a él.

Como cualquier otro síntoma psicológico, la adicción surge de cuestiones emocionales, en gran parte inconscientes y los intentos para lidiar con ellos. Los síntomas emocionales, que todos tenemos, no se pueden solo manejar a través del esfuerzo consciente. Las personas con adicción no pueden parar su conducta sintomática con su voluntad, al igual que ocurre con las personas con depresión, ansiedad o fobias. En esto, las adicciones, se llevan el premio de la incomprensión social hacia los trastornos mentales.

Trabajar para superar una adicción es duro, pero no va de suprimir pensamientos. Es una labor de observación de nuestros sentimientos más complejos, motivaciones y conflictos, especialmente en los momentos en que se pasa por la cabeza repetir la conducta adictiva. La autoobservación no es sencilla para nadie, y resulta todavía más complicada si nuestros pensamientos nos impulsan a hacer algo que no querríamos hacer.

Por ello, se hace especialmente relevante identificar los factores emocionales que llevan a la persona adicta a sentirse indefensa, y la conducen a procesos mentales indeseados. Esto nos puede ayudar a encontrar formas de manejarlos, antes de que se dispare todo el proceso que puede llevar a una recaída. Se trata, en definitiva, no de negar los propios pensamientos, sino de entenderlos.

Publicado en Psicología y Mente

Drogas

Situemos la clave de la prevención en el individuo no en la sustancia. Luchamos por el derecho de cualquiera al bienestar mental.

Las drogas son sustancias poderosas que pueden tener consecuencias dañinas. Son muchos los jóvenes y las jóvenes que han probado una droga ilegal o legal como el tabaco y el alcohol y esto resulta insoportable.

Pero debemos ser conscientes de lo que nos dicen estos datos. Nos están informando de los jóvenes que usan drogas, no de los jóvenes que abusan de ellas.

Lo cierto es que los adolescentes usan drogas como parte de su conducta exploratoria y solo un pequeño número las utilizan para manejar problemas que no pueden abordar.

Los problemas surgen cuando un adolescente no esta integrado en actividades que expresan valores positivos y le hacen feliz, además de no contar con una familia y un entorno social que le apoye

Estos factores crean baja auto-estima y un deseo de escapar de sentimientos como la inseguridad en si mismo, impotencia o desesperanza.

Las drogas ofrecen ese escape, aunque sus consecuencias a largo plazo puedan ser perjudiciales. Pero, un joven con factores de riesgo, no esta destinado a ser un abusador de drogas; simplemente esta en mayor riesgo

Estos adolescentes pueden construir sus fortalezas para prevenir que los factores negativos dominen sus vidas. Todo lo que conocemos nos hace reconocer que una buena educación, tener un buen trabajo, y una vida plena, son antídotos para el abuso de drogas.

La mayor razón por la que la gente joven abandona el uso de drogas es por estos motivos. Solo siendo conscientes de la realidad en todas sus vertientes podremos ayudar a nuestros jóvenes a elegir un camino saludable y que les conduzca a una vida plena y feliz.

Los niños o niñas predispuestos a la adicción: tienen emociones negativas crónicas, como el miedo, la depresión o la ansiedad, un entorno que niega las oportunidades de crecimiento y satisfacción, e historias de dependencia, incluida las familiares.

Por otro lado, los niños y niñas a prueba de adicciones tienen: habilidades para obtener recompensas reales, paciencia para aprender y desarrollar estas habilidades y valores que apoyan la moderación y el rechazo de la adicción

Estos activos personales no garantizan la inmunidad frente a la adicción, tampoco estas deficiencias lo hacen con que si ocurran

Pero podemos actuar, si queremos, sobre estos factores que potencian o previenen la adicción. Porque también sabemos que la gente joven supera la adicción cuando: desarrollan las capacidades para conseguir recompensas en su vida, tienen valores opuestos a la adicción, aprenden a resolver sus problemas emocionales y dejan de tener ansiedad, depresión o miedo.

Estos jóvenes maduran, de manera que sus necesidades se mueven más allá de las propias, sienten que tienen cierto control sobre su vida y que pueden conseguir lo que desean en ella.

Conseguir que nuestros jóvenes no vean el consumo habitual de drogas como algo atractivo o inevitable, conlleva la incorporación de modelos de educación y de prevención, basados en la evidencia científica, que consigan promover resiliencia y otras capacidades emocionales.

Si queremos entender todo tipo de conductas autodestructivas, necesitamos una concepción más amplia que la de que las drogas son adictivas.

La adicción es una forma de relacionarse con el mundo. Es una respuesta a una experiencia que las personas obtienen de una actividad o un objeto. Les absorbe porque les proporciona recompensas emocionales esenciales, aunque limite y dañe su vida progresivamente.

Es, a grandes rasgos, una cuestión competitiva. La evidencia nos dice que si se está satisfecho con la propia vida, aunque puedan existir escarceos con el consumo de drogas, este se abandona pronto.

Una manera simple de dejar un mal hábito

¿Podemos romper los malos hábitos si nos interesamos más por ellos? El psiquiatra Judson Brewer estudia la relación entre la atención y la adicción, desde fumar a comer en exceso a todo lo que hacemos a pesar de que sabemos que es malo para nosotros.

Aprende más sobre el mecanismo de desarrollo de hábitos y descubre una táctica simple pero profunda que podría ayudarte a vencer tu próximo deseo de fumar, de comer compulsivamente o de ver un mensaje de texto mientras conduces.

Adicciones y estilo de vida

El Modelo Social de Stanton Peele

Este modelo teórico está basado en el papel que tienen las adicciones en nuestro estilo de vida. Sostiene este autor (Peele, S. 1985) que la adicción se produce por el modo como la persona interpreta la experiencia. El modo de enfrentarse al mundo y el modo que tiene de verse a sí mismo, determinado por las experiencias pasadas, la personalidad y el entorno social, influyen de manera clave en la experiencia de consumo de drogas y en el modo de enfrentarse a ellas.

Las drogas y las conductas que producen adicción (como pueden ser la comida “basura” (fast food, etc.), el uso de las nuevas tecnologías) se convierten en una especie de “muletas” que utilizan algunos sujetos para afrontar mejor su vida ante situaciones de estrés, ansiedad, sufrimiento, inestabilidad, etc.

La adicción serviría para conseguir lo que se desea, dada la incapacidad para encontrarse satisfecho consigo mismo. El consumo o el uso abusivo de las nuevas tecnologías, permitirá “desconectar” de lo que les rodea, aunque sea momentáneamente, de la insatisfacción y la frustración.

Para este autor, nuestra cultura favorece las adicciones al tener como valores centrales el logro del éxito y la satisfacción inmediata. Al ser difícil de conseguir y, dado que cada vez es más difícil afrontar la complejidad de nuestra realidad socioeconómica actual, especialmente para los jóvenes, el incremento de las adicciones, con una función “escapista”, irá probablemente en aumento. Sobre todo este autor presta especial atención al alcohol, ya que esta droga permite dejar de lado las inhibiciones y ansiedades e incrementar la sensación de valor.

En una sociedad tan compleja y difícil como la actual, el uso de alcohol es previsible que se incremente entre los jóvenes, además de por estar legalizado, estar banalizados sus riesgos entre los jóvenes y tener una accesibilidad fácil.

El factor clave para que un consumo de alcohol u otro tipo de drogas, o para un uso de las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) no se conviertan en un problema de adicción, es que la persona haya desarrollado el autocontrol. Ello exige aprender a diferenciar un uso moderado del alcohol, de un uso perjudicial y problemático y tener modos en la vida de satisfacción distintos que el consumo y/o las conductas adictivas.

El planteamiento de este modelo, por lo tanto, va más allá de la consideración de la adicción como un síntoma. De hecho lo considera un estilo de vida, que viene propiciado por la poca o nula capacidad de la persona para desarrollarse satisfactoriamente como persona.

Es por esto que el trabajo para la rehabilitación puede llegar a perder todo su sentido si no busca el cambio en la forma de afrontar la vida, y si centrarse en tratar al adicto como un enfermo.

¿Estás comprometid@ con tu felicidad?

La felicidad se construye en el día a día, con lo pequeños detalles. Incluso se podría decir que se trata de una rutina, en el sentido de que existe una serie de hábitos cotidianos que nos ayudan a alcanzar esta ansiada meta vital. Jeff Haden ha elaborado una lista con siete que deberíamos eliminar de nuestras vidas para ser más felices.

Chequear el móvil mientras hablamos con alguien

La irrupción de los smatphones ha generado nuevas adicciones, a las que se asocian problemas de salud psíquica y física. Entre ellas, que perdemos la capacidad de atención a las personas que tenemos enfrente, con un claro perjuicio para la comunicación. Expresarnos con alguien de carne y hueso, de forma directa y sincera, reportará más beneficios que actualizar el estado de Facebook.

Activar el piloto automático de la multitarea

¿Cuál fue la última vez en que estabas plenamente concentrado en la realización de una sola actividad? Si te cuesta recordarlo, seguramente estas obteniendo unos resultados contrarios a los que te propones pues, como afirma el dicho popular: ‘quien mucho abarca poco aprieta’. La atención y la concentración en una única tarea nos permite avanzar más rápido, aprender y entender cuestiones de fondo que pueden pasar desapercibidas.

Prestar más atención a la gente que menos conocemos

Las relaciones sociales son el pilar fundamental de nuestra vida y su contribución al bienestar personal es innegable. La mayoría de estudios sobre esta cuestión han demostrado que cuanto mayor sea el círculo de amistades de una persona más feliz será. La familia y los amigos son una fuente constante de cariño y apoyo mutuo, lo que permite aumentar nuestra autoestima, reforzando la confianza en uno mismo y siendo más optimistas. Ellos deben ser quienes acaparen el grueso de nuestra atención y cuidados. No está demás intentar agrandar el círculo de amistades, aunque como advierte el coach, siempre que no vaya en detrimento del tiempo que dedicamos a los nuestros.

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Atender diferentes perfiles sociales y correos con un mismo objetivo

Primero una notificación en la cuenta de Twitter, luego en la de Facebook, después un correo electrónico con el mismo contenido en la bandeja de entrada de la cuenta del trabajo y, para rematar, en la del correo personal. Es repetitivo, pero lo chequeamos todo. Además, lo hacemos al instante. Intentar estar a todo y hacerlo hará que perdamos el foco, nos ralentizará y, lo que es peor, acabará generándonos estrés y ansiedad. Todo puede esperar y, al menos en algún momento del día, seguro que hay cosas más importantes que hacer o personas con las que disfrutar del momento, sin chequear el WhatsApp.

Intentar olvidar los errores o fracasos

No te castigues por hacer algo mal. Analízalo y descubre que ha fallado para evitar volver a repetirlo y aprender de él. Si logramos concentrarnos en las cualidades positivas que nos hacen ser lo que somos, lograremos conservar nuestra autoestima ante las dificultades, para poder sacar provecho de éstas y afrontarlas de la mejor manera posible.

Lanzarse sin sopesar las consecuencias

Es imposible estar seguros al 100% de que la decisión que tomamos es la correcta pero, al menos, debemos haberlo valorado y contar con el compromiso de que asumiremos las consecuencias y de que lucharemos para conseguir el objetivo. Sin embargo, Haden es consciente de que muchas personas se piensan demasiado las cosas antes de hacerlas, lo que tampoco recomienda: “a veces tienes mucho menos que perder de lo que puedes ganar”.

Lamentarnos

El primer paso para sentirnos bien pasa por aceptarnos tal y como somos, sin lo cual nunca lograremos evolucionar y hacernos mejores personas. Lo mismo sucede con las personas que nos rodean, hay que aprender a aceptarlas como son, con sus defectos y virtudes para disfrutar más de su compañía, aumentar nuestra capacidad de resiliencia y, en definitiva, nuestro bienestar.

Fuente: elconfidencial.com