Como ayudar a quien lo está sufriendo 

La erupción del volcán en la isla de La Palma está siendo una enorme tragedia natural que afecta, directa o indirectamente, a muchísimas personas. Quienes han sido evacuados viven con una enorme incertidumbre qué es lo que puede pasar con sus hogares, tierras de cultivo o animales. Quienes estamos más lejos, no dejamos de pensar en la cercanía emocional que produce ver a nuestras vecinas y vecinos sufriendo por una catástrofe natural impensable para la mayoría de nosotros.

Mas allá del desarraigo físico de estas familias de sus entornos familiares, probablemente uno de los mayores efectos de la erupción es el impacto psicológico que tiene en las víctimas. Y no son solo aquellos reubicados por la erupción. Sus familias en otras islas o en el resto del estado o la población en general de La Palma, viven con pánico esta amenaza activa e impredecible que está suponiendo el volcán. 

Sin lugar a dudas, las secuelas de la erupción tienen efectos devastadores en nuestra salud mental, que se irán agudizando a medida que pasen los días, y nuestras fuerzas se vean mermadas. Hoy me gustaría contribuir desde este espacio de salud mental con algunos recordatorios y consejos para hacer frente a estos efectos psicológicos, ya sea que seamos parte de las víctimas evacuadas, o de quienes lo estamos viviendo, en cierta forma, desde la distancia física, pero no emocional. 

Maneja la desinformación.

Inmediatamente después de la erupción, hemos visto cómo las redes sociales se inundan con opiniones y valoraciones, que solo generan desinformación o estrés. Recordemos acudir solo a cuentas oficiales o a medios de información que estén siguiendo lo que transmiten dichas fuentes. Es fácil entrar en pánico y creer en noticias aterradoras. Evitemos hacer circular o enviar información, videos o fotografías que puedan generar confusión e incluso contribuir a agravar la situación.

Acepta la ayuda.

Es fácil descartar el estrés psicológico y el trauma, pero es útil admitir que el desastre nos afecta. No ser consciente de ello puede llevarnos al colapso y a estar expuestos a un ataque de pánico o ansiedad, tras mantener la tensión durante muchas horas y no poder descansar adecuadamente.

Esto es un desalojo, una pérdida de casi todo lo que poseen muchas personas, de sus medios de vida y de sus recuerdos. Es algo realmente traumático que tiene un impacto brutal en la salud mental de quienes lo están padeciendo.

Las víctimas pueden estar sufriendo un trastorno de estrés postraumático e incluso pueden experimentar ataques de pánico o ansiedad a medida que va pasando el tiempo y no saben qué es lo que pueda ocurrir a continuación.

Respeta a las personas

Diferentes personas se enfrentan de manera diferente a estas situaciones, por lo que puede haber víctimas que no respondan de inmediato a las interacciones. Estar y escuchar a veces es más que suficiente. Respetando los momentos y los espacios que necesiten. 

Escuchar activamente es “comprender lo que alguien está diciendo, sin juzgar ni esperar“. Esto significa que cuando lo haces, te aseguras de demostrar que te preocupas, tienes paciencia cuando sientes que la persona no está preparada para abrirse, y usas preguntas que le permiten a la persona reflexionar e intentar afrontar, con sus propias herramientas, lo que está viviendo.

Fotografía de Rafa Avero

Primeros auxilios psicológicos

Los primeros auxilios psicológicos “tienen como objetivo hacer que las víctimas sientan que no están solos en momentos de angustia, conectarlos con fuentes de apoyo y ayudarlos a sentirse seguros y confiados en sí mismos y en su entorno nuevamente … También tienen la intención de ayudarlos a reunir la fuerza suficiente para continuar con la curación, la recuperación y la adaptación “.

De acuerdo con el manual de Primeros auxilios psicológicos de la Organización Mundial de la Salud son tres los principios básicos de acción de éstos: observar, escuchar y vincular.

Observar

Significa verificar la seguridad y las personas que necesitan atención de urgencia. Algunos de los síntomas más comunes de angustia psicológica son temblores, estado de ánimo deprimido, insomnio, ira, confusión, desorientación o falta de respuesta. Además, debemos prestar atención a las personas que tienen más probabilidades de necesitar atención especial, como los niños, las personas con discapacidad o las mujeres embarazadas.

Escuchar

Hacerlo correctamente, ofreciendo nuestra ayuda. Acercándonos a las personas que necesitan apoyo, preguntándoles cuales son sus necesidades, quedándonos a su lado para ayudarles a calmarse. Cuando alguien está angustiado, es muy importante hacerle sentir que no está solo. Tenemos que mantener una voz suave y calmada, recordando que estamos para ayudarles, así como emplear algunos ejercicios de respiración y relajación que contribuyan a calmarles. 

Vincular

El tercero es el vínculo, que ayuda a las personas a recuperar el control de la situación. Empiece por conectarlos a lugares donde puedan obtener necesidades básicas como agua y comida, ayudándoles a identificar su sistema de apoyo como sus amigos o familiares, y comparta cualquier información que tenga sobre el estado de la crisis para que se sientan bien informados sobre lo que está sucediendo.

Esto que les he compartido es lo que está haciendo el equipo del GIPEC (Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes) desde el momento que fueron activados en la isla de La Palma. Vaya este post como agradecimiento y reconocimiento a su trabajo. ¡Fuerza compañeras y compañeros!.

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