El dolor mental es menos dramático que el dolor físico, pero es más común y también más difícil de soportar

C.S. Lewis

Los enormes cambios que está provocando la crisis del COVID-19, son evidentes. El ámbito psicológico, normalmente invisible o minimizado para el ojo público, se ha vuelto cada vez más claro y evidente. Debemos ser conscientes del enorme impacto que esta situación tiene en nuestra salud mental. Por dos razones: para poder ponerle remedio acudiendo a terapia si es necesario y, en segundo lugar, porque nuestra salud mental va a ser esencial para afrontar el período posterior. Salir de esto no solo va a necesitar de vacunas o tratamiento médico. El bienestar psicológico que será necesario para poder reconstruir y reconstruirnos es, al menos, sí no, más importante.

En este período, la mayoría de aquello que pensábamos que podía esta bajo control en nuestras vidas, se ha desmoronado. Y esto ha podido disparar ansiedad, estrés posttraumático, indefensión o, incluso, depresión.

Sintetizando y, en términos psicológicos, hemos pasado de un locus de control interno, donde gran parte de nuestra vida la decidíamos (o así creíamos) nosotros, a un locus de control externo. Son otras personas (autoridades, científicos, expertos) las que nos dicen lo que podemos hacer o no.

Podíamos introducirnos en un sesudo debate acerca de, hasta qué punto éramos libres o no, antes de la pandemia. Pero, por muy atractivo que pueda resultar, no es el objetivo que tenemos hoy.

Permitan que les recuerde brevemente la Teoría de Autodeterminación de Ryan y Deci, que nos habla de la motivación intrínseca (aquella que emana de nosotros mismos) y extrínseca (la que está condicionada por los refuerzos o premios que viene del exterior).
Gran parte de nuestra motivación intrínseca se basa en tres necesidades básicas: autonomía, relación y competencia . Si las tenemos y orientamos nuestras vidas en base a ellas, funcionamos de manera más óptima y vivimos una vida más satisfactoria. 

La autonomía (poder elegir y actuar en función de esas elecciones), la relación (sentirse conectado con otros) y la competencia (mejorar en una acción u oficio) son como los ingredientes básicos del bienestar humano: si los tenemos, vivimos vidas de mayor calidad.
Ahora pongamos algunas de las características de esta de esta ‘nueva normalidad’ en la mesa.
De repente puede parecer claro por qué nos podemos sentir desmotivados en ella.
Nuestra autonomía se ha visto muy afectada, al alentarnos a quedarnos en casa y a condicionar nuestra movilidad. El confinamiento (un error inmenso este término, que debería ser más “seguridad”), nos limita y nos condiciona.

Nuestras relaciones también se ve muy afectadas por el mal llamado “distanciamiento social” (flaco favor nos han hecho quienes acuñaron este desafortunado término). Si además añadimos las prohibiciones como limitar besos y abrazos, el impacto que tienen sobre nuestra sensación de control externo o sensación de manipulación, son incalculables.
Sí, es cierto, tenemos y hemos tenido la posibilidad de relacionarnos online. Pero, no nos equivoquemos, este tipo de interacciones no sustituyen, ni de lejos, al contacto físico. Y menos en nuestra cultura.

Nuestro sentido de la competencia también puede resultar muy afectado, dependiendo de nuestro estilo de vida y condiciones laborales, familiares y económicas. La pérdida de trabajo, la disminución del negocio, trabajar desde casa, o desempeñar nuestra labor profesional en condiciones excepcionales, tienen una incidencia directa sobre sobre nuestro sentido de la competencia. Perdemos referencias sobre cómo estamos trabajando, o sentimos que, por mucho que lo hagamos bien, nuestras posibilidades de salir adelante van a resultar muy perjudicadas.

En este escenario parece que la mayoría de las fuentes de motivación intrínseca se diluyen, recurrimos a la motivación extrínseca, mucho menos sostenible. Pero con condiciones de trabajo tan inestables, incluso las fuentes de motivación extrínseca, -el rey es dinero- se están quedando secas. No es de extrañar que tengamos dificultades para funcionar en el clima actual.

Puede resultar tentador dar consejos mágicos para sobreponernos a este enorme reto a nuestro bienestar psicológico. No es lo que vamos a hacer aquí. Esto es psicología, no charlatanería.

Autonomía. Concéntrate en las cosas pequeñas bajo tu control. Pueden ser tareas a las que antes casi ni le prestabas atención. O algo que ahora, que puedes tener más tiempo disponible, podrías hacer. Dedica tiempo a hacer un plan y disminuye, cada vez más, el tiempo que dedicas a las noticias.
Recuerda que estamos promocionando tu resiliencia, esa de la que has tirado en los momentos más duros de tu vida. Lo conseguiste antes y lo puedes conseguir ahora.

Relaciones: No nos centremos en las personas que no podemos ver, por protegerlas o por distancia física. Busquemos formas alternativas y coyunturales para estar cerca de ellas. Piensa en las personas que te puedan necesitar y reestablece el contacto con ellas.

Competencia. De nada vale que pensemos en lo que no podemos hacer. Este es el centro de nuestra resiliencia. Céntrate en lo que si puedes hacer. Es el momento de ayudar, de estar ahí contribuyendo a que esta situación sea mas llevadera.

En estos momentos difíciles podemos tener la tendencia de conformarnos y, en cierta forma, bajar los brazos, pensando en qué ya es suficiente que estemos sanos físicamente. No caigas en esta auto trampa. Chequea tu estado mental a menudo.

No te olvides de ti.

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