No, no son los jóvenes. O, al menos, no son solamente ellos.

Solo es necesario dar un paseo por cualquiera de nuestros pueblos o ciudades para ver cómo muchas personas adultas no respetan la distancia, no llevan mascarilla (o la llevan bajo la nariz, la barbilla o en el codo). O cómo quieren entrar “cómo sea” en una tienda o bar.

De la higiene, mejor no hablar. Las mascarillas no son eternas y, las que se pueden lavar ¡hay que lavarlas! Hay también otra higiene que parecemos olvidar. Les invito a entrar en un baño de caballeros … si tienen estómago para hacerlo.

No. no son los jóvenes. Somos nosotros.

Estamos esperando que nos llamen la atención o nos multen y, cuando lo hacen, nos enfadamos. No le pidamos al camarero, dependiente o empresario que se convierta en policía de la salud pública.Seamos conscientes nosotros de lo que nos estamos jugando.

Actuemos como ciudadanos, padres y madres, y empecemos con la prevención desde casa. No esperemos a las multas o los anuncios que “meten miedo”. No bastan sin conciencia de grupo, de comunidad, de sociedad.

Aplaudamos a quien cumple, felicitemos a quien se esfuerza porque su negocio sea un lugar seguro para nosotros.

Estamos olvidando qué, excepto unos pocos, somos interdependientes. Que todo lo que yo hago, en cierta forma, va a tener consecuencias.

Y no, no son (solo) los más jóvenes

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