Lecciones que nos deja el confinamiento

Hemos estado mucho tiempo confinados. Y, además, este confinamiento, viene seguido por una “nueva normalidad” plagada de reglas para conseguir que no nos contagiemos o que el COVID19 vuelva a obligarnos a quedarnos en casa. Se abren muchos interrogantes en un tiempo incierto y diferente que va a exigir lo mejor de nosotros.


No podemos negar el miedo que hemos vivido -y seguimos viviendo-. El dolor por las pérdidas de vidas y la preocupación por lo que nos viene. Pero hoy quiero proponerles pensar en que hemos aprendido de esta incierta situación en la que nos hemos visto. Qué lecciones son útiles y que no debemos olvidar.


Lección 1 Nos necesitamos


Si hay algo que ha quedado claro es esto. Nos necesitamos. Aunque tengamos la posibilidad de vernos por las diferentes aplicaciones de videoconferencia o de mantener un cierto grado de conexión con el mundo a través de las redes sociales, nada puede sustituir el contacto humano. ¡Y hemos necesitado una pandemia para ser conscientes de ello! Parece una expresión del famoso karma y de cómo no cuidamos a las personas que queremos o nos quieren hasta que no podemos estar con ellas.


La ciencia del comportamiento, nos muestra que los humanos anhelamos el contacto físico, que ni las conferencias de Zoom ni las redes sociales pueden proporcionar. Esto es particularmente difícil para quienes viven solos, donde la falta de afecto físico ha sido especialmente evidente.


Así que si algo parece estar claro respecto a los aprendizajes de estos tiempos es la dedicación que debemos tener a nuestras relaciones familiares y sociales. Su importancia en nuestras emociones y sentido de la conexión, es crucial. 


Lección 2 Un poco más de calma … y paciencia


Tener que ponernos en cuarentena nos ha impedido emplear nuestras formas habituales de lidiar con el estrés, como salir con amigos o hacer ejercicio. Alimentarse con una dieta constante de noticias terribles y alarmistas, ha amplificado nuestra ansiedad y sensación de impotencia..


Aunque esto es una reacción normal debido a las circunstancias que nos rodean, no es bueno para nosotros, ni tampoco para quienes nos rodean. El contagio emocional es real, y alimentar nuestro propio estrés y miedo también afecta a los demás.


Un lado positivo de quedarse en casa es que nos ha obligado a muchos de nosotros a parar y encontrar nuevas formas de controlar el estrés y la ansiedad. Lo hemos hecho dedicando más tiempo a actividades que nos relajan, a juegos o puzzles, a aprender a meditar o, simplemente, a empeñarnos en que la convivencia fuese de la mejor forma posible. Todo esto tiene el potencial de mejorar nuestra salud mental y podría valer la pena conservarlo para nuestra “nueva” vida.


Además de estas -y otras- actividades que podamos haber desarrollado-, está otra que ha potenciado mucho la reducción de nuestro estrés a nivel comunitario: es el agradecimiento. El único destructor del estrés que los supera a todos. Algo más que apuntar para nuestra aprendizaje. 


Lección 3. Necesitamos menos de las que creíamos


Seguro que antes del confinamiento, no nos planteábamos la cantidad de cosas que no necesitamos en nuestras vidas. No poder acceder a muchas de las supuestas necesidades de consumo, nos ha hecho apreciar lo que realmente es importante en nuestra vida. 


Está bastante claro que no necesitamos tantas cosas ni tantas comodidades a las que nos hemos acostumbrado. Los elementos básicos como los alimentos, agua limpia y una buena salud, son mucho más importantes que otros que ocupaban un supuesto papel imprescindible en nuestras vidas. Si además valoramos cuántos de estos artículos y actividades afectan negativamente la salud del planeta, tiene sentido replantearnos nuestras prioridades y prescindir de algunas de ellas.


Nuestro bienestar no depende de los productos de consumo. Los estudios han encontrado que la amabilidad y la generosidad nos hacen más felices que comprarnos cosas. Crearemos una sociedad más saludable si podemos consumir menos y dar más.


Lección 4. Somos más fuertes juntos


Una cosa que todos hemos aprendido es que la cooperación es importante. Solo a través del esfuerzo grupal podemos hacer algo para marcar la diferencia en la trayectoria de esta amenaza mundial.


La necesidad de dedicar más recursos a la atención y prevención de la salud, tanto física como mental, desde la evidencia científica, también ha sido un importante aprendizaje en estos tiempos difíciles. Esto, además, acompañado de una mente crítica que no nos haga vulnerables a la charlatanería, conspiracionismo u oportunismos político.


El sufrimiento durante este tiempo nos ha demostrado que todavía hay mucho por corregir. Las desigualdades sociales, la estructura laboral o la indignidad de algunas viviendas, nos han acercado todavía más a la pobreza de muchas personas que conviven en nuestra comunidad.


Trabajar juntos por el bien común nos ha ayudado a combatir la pandemia y podría ser un buen augurio para resolver otros problemas mundiales que requieren cooperación, como la pobreza, la violencia étnica y los desastres climáticos.


Espero que aprendamos esta lección. Tener en cuenta nuestra humanidad común y nuestra interconexión. Si también recordamos la importancia de nuestras relaciones, resiliencia y gratitud, podremos avanzar nuevamente en nuestras vidas con un renovado sentido de propósito abordando algunos de nuestros problemas más complejos. 


Podría ser que la acción conjunta y compasiva sea la clave para crear un futuro mejor para todos nosotros.


Ahí lo dejo. 

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