Pensamos demasiado, sentimos muy poco.

Charles Chaplin

Intentar dejar de pensar en algo en lo que no deseamos pensar, puede presentar un efecto rebote. D. Wegner demostró que el intento de suprimir los pensamientos en realidad tiene el efecto contrario: terminamos experimentando mas pensamientos como los que intentamos suprimir. En su estudio, Wegner y sus colegas le pidieron a los participantes en su estudio que no pensaran en un oso blanco. Tratar de suprimir esos pensamientos sobre ellos, solo llevó a mas pensamientos sobre osos blancos.

El intento de supresión y el efecto de rebote aparecen para todo tipo de pensamientos, incluidos aquellos sobre personas que queremos olvidar. Tratar de suprimir tales pensamientos puede incluso hacerlos más frecuentes y evidentes.

Entonces ¿cómo podemos desactivar la ocurrencia de estos pensamientos que no deseamos?

En lugar de intentar suprimir estos pensamientos, intentemos cambiar el enfoque. El mejor consejo es enfocar activamente nuestros pensamientos en una dirección diferente. La naturaleza de esos pensamientos alternativos es crucial. Una de estas alternativas es la respiración.

El mindfulness nos enseña qué este proceso puede ser un potente desactivador de estos pensamientos. Específicamente ser conscientes de ella. Nuestro proceso de respiración es algo que percibimos como inevitable, pero no lo es. La respiración es un proceso automático y rítmico que se mantiene constantemente y puede modificarse bajo el influjo de la voluntad, pudiendo cambiar tanto la profundidad de la respiración como la frecuencia de la misma, incluso deteniéndola durante cortos períodos de tiempo, que pueden aumentarse -hasta un límite-, con entrenamiento.

Llevar nuestra atención hacia la respiración consigue que sustituyamos, -o interrumpamos-, el bucle de pensamientos indeseados. Ser conscientes del proceso de la misma es uno de los aprendizajes que nos ofrece la meditación que tiene, además, un efecto directo en la forma en que nos relacionamos con nuestra forma de pensar.

Prueba, cuando te venga uno de estos pensamientos indeseados, a llevar tu foco a como estás respirando. Puedes proponerte hacerlo con varias respiraciones, contándolas o, investigando esos momentos en los que tomamos aire, lo mantenemos y luego lo dejamos ir. Te conectas con algo que te hace vivir y logras centrar tu atención en ello, diluyendo los pensamientos repetitivos.

Estas prácticas pueden ayudarte con tus pensamientos indeseados ocasionales. Si estos se repiten continuamente, es conveniente que acudas a una consulta de psicología.

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