No te avergüences de ninguna pregunta, si es sincera. Generalmente son las respuestas las más acreedoras de vergüenza.

Mario Benedetti

La vergüenza es uno de nuestros sentimientos más corrosivos, que puede llegar a tener un poder total sobre nosotros, convenciéndonos que esa voz en nuestra cabeza -que nos dice que no somos suficiente, o que no vamos a ser capaces, o que para que intentarlo-, tiene razón.

Aunque todos podemos pasar por períodos en los que la vergüenza puede dominarnos, como cuando comenzamos en un nuevo trabajo, nos incorporamos a un nuevo grupo o tenemos que conducir una presentación en público, cuando este sentimiento se consolida y consigue paralizarnos es muy conveniente que pasemos a la acción. Te dejo algunas sugerencias a seguir, que siempre serán mejor con la ayuda de consulta psicológica.

Reconócela. Quizás lo más complicado es aceptar que la vergüenza se ha apoderado de nosotros. Lo vivimos como si estuviésemos admitiendo que es cierto. Pero ocurre todo lo contrario. Al ser un sentimiento autogenerado traerlo a la luz, en muchas ocasiones, consigue que se desactive y se desinfle como un globo que pierde aire.

Si además lo hacemos con la ayuda de personas de confianza o acudimos a consulta, conseguiremos que este proceso se acelere e intensifique. Parece un contrasentido pero admitir que tenemos vergüenza es el primer paso para dejar de tenerla.

Obsérvala. Siguiendo el proceso que proponíamos en el punto anterior, un segundo paso sería investigar porque ocurre, de donde viene, qué puede estar causándola. En muchas ocasiones descubriremos su origen en nuestra educación, en experiencias anteriores, en suposiciones que otras personas hacen sobre nosotros. Por esto desenmadejar esta madeja que nos ha llevado a no confiar en nosotros forma parte importante para disolver este sentimiento tan incapacitante e infeccioso.

Conecta. La vergüenza es un sentimiento que nos lleva al aislamiento. Tememos continuamente “meter la pata”, no encajar o no ser merecedores de la confianza, aprecio, cariño o amor de otras personas. Y esto se autoalimenta porque, al aislarnos, sentimos que se confirma lo que sentimos. Nos encontramos pensando que va a ser cierto que no tenemos nada que ofrecer, que somos aburridos, prescindibles o invisibles.

No lo permitas. Es tu pensamiento quien te está llevando a creerlo. Aunque pueda resultar complicado da ese primer si a quien te propone salir de paseo, o levanta ese teléfono para llamar a quien hace tiempo que desistió porque no recibía respuesta. Lo sé, es algo muy costoso, pero puedes intentarlo. Y si no puedes solo, recuerda que siempre podrás acudir a una consulta de psicología en la que ayudarán a dar esos primeros pasos para conseguir que la vergüenza se convierta en un mal recuerdo.

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