Tus propios intereses están en juego cuando arde la casa de tu vecino.
Horacio

Vivir en un apartamento, en el entorno de una comunidad de vecinos, puede llegar a ser una experiencia muy problemática. No es algo que deba ocurrir por defecto. De hecho, es muy posible que ustedes se lleven muy bien con sus vecinos. ¡Si no ocurre algo que distorsione la convivencia!

Y es aquí, en la interpretación que podemos hacer de la convivencia, donde nos encontramos con las mayores fuentes de conflicto. Vivir en comunidad puede resultar muy beneficioso, puede ser una fuente de apoyo, un espacio para compartir, y hasta un lugar seguro para que nuestros hijos e hijas, encuentren sus primeras amistades en un entorno controlado.

Pero, por otro lado la vida en comunidad, puede conllevar diferentes formas en las cuales podemos encontrar el conflicto. A continuación comentamos tres de ellas.

Ruido. Es sin duda el rey de la casa. Nunca es bienvenido, si lo producen los demás. El ruido puede venir de música o televisión alta, de conversaciones que se escucha claramente a través de las paredes, de obras, del ruido que hacen los niños, O de los ladridos de nuestro perro.

El ruido en las comunidades ha sido asociado a la irritabilidad, agresividad, estrés o ansiedad, y se ha mostrado como un importante factor de interferencia en la probabilidad de ayuda entre vecinos (Evans, 2003). Son varias las investigaciones que muestran la influencia que tiene el ruido en nuestra salud mental. La falta de control, de conocimiento, de cuándo se va a producir este ruido y sus características, parece ser uno de los mayores predictores de ello.

Intimidad. La convivencia en edificios con muchos inquilinos, puede ser especialmente complicada. Es cierto que podemos mantener buenas relaciones con aquellas personas que comparten parte del lugar donde vivimos. Pero no siempre es así.
En algunos momentos, vivir en pisos donde compartimos espacios comunes, no resulta fácil. Factores como la limpieza, el ascensor, las conversaciones que se puedan desarrollar en los descansillos o portales pueden derivar en una sensación de falta de intimidad muy incómoda. Una fuente de estrés que tenemos en el que se supone debe ser nuestro lugar de descanso.

Valores. Todas las personas somos diferentes y, de puertas adentro de nuestra casa, todavía lo somos más. En las comunidades de vecinos se puede poner especialmente de manifiesto. Nuestros valores, que creemos los correctos, chocan con los de otras personas que viven en nuestra escalera o comunidad de propietarios.

Y ¿cómo podemos solucionar estos conflictos? Desde luego que nadie tiene la varita mágica para hacerlo pero sin duda contribuye a ello la prevención que podamos hacer de su ocurrencia. Es muy importante la claridad de las normas de convivencia y aquellas que rigen el uso de las zonas comunes, así como comunicar convenientemente cuándo vamos a hacer obras y respetar los horarios de descanso de los demás.

En la mayoría de las ocasiones, los conflictos se pueden resolver dialogando y no permitiendo su escalada. Es solo cuando no sea posible la negociación, cuando deberemos tomar otras medidas

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