Quien no teme a las verdades, nada debe temer a las mentiras.
Thomas Jefferson

Sobrevivir emocionalmente en situaciones difíciles es, en muchas ocasiones, una tarea compleja. Personas que temen por su vida o la de sus personas queridas, nos podrían dar una lección imborrable de lo que significa vivir amenazados y con miedo.

En muchas ocasiones estas retos vitales vienen provocados por circunstancias sobrevenidas como puede ser vivir en un país en guerra o en un lugar en el que te pueden hacer daño por tus ideas o por tu forma de pensar o ser. En otras puede ocurrir simplemente porque decides no callar aquello que no te parece justo o legal. Las consecuencias emocionales que una situación como estas puede tener sobre la salud mental de quién lo padece, pueden ser realmente duras.

Las estrategias que muchas personas en estas situaciones, implementan para sobrevivir emocionalmente, se constituyen en el único asidero de cordura que les puede permitir salir adelante a diario. Son decisiones cotidianas, orientadas a no caer en el desánimo, la desesperanza o el miedo. Todas antesalas de la ansiedad y depresión, tan comunes en las zonas de guerra o en personas amenazadas o privadas de libertad.

La indefensión aprendida, un proceso por el cual nos acostumbramos a no luchar, es el mecanismo que subyace a estas situaciones en las que tememos por nuestra vida o por la de las personas que queremos. También se asocia con otra reacción, bautizada como síndrome de Estocolmo, que no es otra cosa que empatizar con quien te hace daño o te ha quitado la libertad.

Resistir en estas situaciones no es tarea sencilla. Exige una consciencia clara e inmediata de todo aquello que mantenemos, frente al pensamiento claudicador que nos hace pensar en lo que nos están arrebatando. En estas circunstancias de amenaza es especialmente importante algo que podríamos denominar el “chequeo vital” y que no es otra cosa que traer a nuestra consciencia todos los actos y sensaciones que vivimos día a día, y que nadie nos puede arrebatar. Incluso en las más duras condiciones de aislamiento, tenemos la posibilidad de pensar, de “vivir hacia adentro”, y no permitir que nuestra cordura se comprometa.

Este artículo de hoy va dedicado a muchas personas que hacen con su trabajo y sus principios, que creamos que siempre vale la pena luchar por la verdad. Y especialmente a mi amiga Ana, por su profesionalidad, valentía y compromiso. Gracias.

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