Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor.

Jacinto Benavente

En la jerga de Internet, un troll​, describe a una persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en redes sociales con el fin de molestar o provocar respuestas emocionales negativas. El objetivo de estos comentarios puede ser muy diverso, desde simplemente divertirse hasta una organizada red de troles que busca crear o romper un estado de opinión.

En lo que podíamos denominar “troles genuinos”, personas que llevan a cabo esta comportamiento por su cuenta, aunque puedan estar motivados o instigados por otras personas o grupos, son todavía pocos los estudios psicológicos que nos arrojan luz sobre este comportamiento tan disruptivo e indeseable, que se observa cada vez más en internet-

Estas conductas tienen tres características principales:

En primer lugar, quienes trolean muestra varios rasgos tóxicos de personalidad, entre otros, la capacidad para construir relaciones o funcionar de una forma socialmente civilizada. Muchos de ellos son manipuladores impulsivos y, en cierta forma, atractivos, reflejando características que se pueden asociar a la psicopatía, tales como frialdad, o falta de empatía. Incluso podemos encontrar trazos de sadismo en muchas de sus manifestaciones. Los trolls disfrutan haciendo daño e intimidando a los demás. Es, sin duda, una forma de ciberacoso que cada vez tiene más impacto en nuestra vida.

En segundo lugar, el anonimato y perdida de identidad que proporciona el “troleo”, responde a un fenómeno denominado desindividualización, bien conocido en psicología social por estar detrás de muchas conductas que se producen en grupos o juegos. La persona difunde su responsabilidad y efectúa comportamientos inexplicables si los considerásemos individualmente. Estos procesos son tan serios como los que se producen en los linchamientos o acciones en guerras. El troleo puede hacer salir nuestro lado más sádico, levantando cualquier límite moral o social.

El tercero de los aspectos a tener en cuenta para entender esta conducta de “teatralización del odio por internet” tiene que ver con la notoriedad. El troleo atrae la atención y quien lo ejercita puede obtener mucho más crédito que el que tiene en su vida real.  Tiene un componente narcisista que trata de compensar una realidad individual y social pobre.

La única estrategia efectiva, a nivel personal para afrontar este desagradable fenómeno es ignorarlo. No es algo fácil por su propia capacidad de multiplicación e impacto. Quien lo lleva a cabo lo hace desde su anonimato e impacta directamente en nuestra intimidad.

Intentar identificar, casi sin verlos, este tipo de comentarios, eliminarlos o bloquearlos es un acto de protección indispensable en un mundo cibernético que todavía estamos aprendiendo a gestionar.

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