Sé qué es desear morir. Lo que duele sonreír. Cómo intentas encajar, pero no puedes. Cómo te haces daño en el exterior para matar tu interior.
Winona Ryder, en la película Inocencia Interrumpida

 

Vivir con depresión puede hacerte pensar que es algo normal. Termina convirtiéndose -al menos es lo que creemos-, en como somos. Parece algo lógico que sintamos cansancio, vacío, soledad y sin animo para vivir. Nos acostumbramos a sobrevivir de esta forma. A ser defensivos y obsesivos con nuestras emociones, sin ser conscientes de, hasta que punto, nos encontramos atrapados por la negatividad y el pesimismo. No nos damos cuenta de como nos convertimos en adictos a nuestros pensamientos recurrentes y a nuestro sufrimiento. La felicidad se nos antoja algo lejano, y llegamos a sabotear cualquier posibilidad de disfrutarla. Huimos de ella porque, de alguna forma, la depresión nos ha convencido que es un espejismo que no durará.

Llega un momento en que nos convencemos que no existe otra realidad. Sin percibir lo destructivo que está siendo para nuestra salud mental y física. No somos capaces de ver más allá de lo que nuestra progresiva rigidez mental nos deja ver. Cuando quienes nos quieren ayudar se acercan para hacerlo, actuamos defensivamente, incluso de forma agresiva.

Nos sentimos atacados e incomprendidos. Cuando esto ocurre, estamos tan vulnerables que, inconscientemente culpamos a quienes nos quieren ayudar de nuestra desdicha. Es nuestra propia depresión la que nos arrastra a una sensación de indefensión e impotencia, que termina creando una sensación de inevitabilidad que nos separa de cualquier posibilidad de superarla.

Este trastorno psicológico puede conseguir que vivamos una especie de vida dividida. Una en la que podemos desenvolvernos con cierta normalidad, a costa de un enorme esfuerzo y cansancio. Y otra, en la que nos hundimos totalmente y tenemos que aislarnos para poder recuperarnos.

Esta es la vida que muchas personas con depresión, ocultan. Temen hacer público que la padecen porque no es algo que esté socialmente aceptado. Y se recibe habitualmente con escepticismo o incomprensión. En cierta forma seguimos pensando que quien la padece tiene la posibilidad de dejar de hacerlo “con fuerza de voluntad” o cualquier otra sandez que se nos pueda ocurrir. Pero no hay atajos.

La depresión es un trastorno psicológico serio y muy complejo. Y su tratamiento debe llevarse a cabo por parte de especialistas en psicología clínica. Solo así, quien la padece, puede tener alguna posibilidad de conseguir superarla o controlarla.

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