La vida sería un tormento horroroso si me la tuviera que pasar preocupada por algo que no ha sucedido.
Edgar Rice Burroughs

Tenemos una energía limitada. Malgastarla en preocuparnos hace que merme. Y no nos permite poder abordar la situación que provoca nuestra atención. Dicho así queda muy bien, pero ¿como lo podemos conseguir?

Vaya en primer lugar, que la preocupación es una reacción normal ante la adversidad. Es una alerta. Intentar evitarla nos aleja de nuestra realidad. Esta reacción que tenemos ante algo inesperado, o inevitable, constituye el primer paso de nuestra forma de abordar el problema. Nos hace entender que es algo, que va a necesitar nuestra atención.

Un segundo paso, tras la activación que supone la noticia, el cambio o la nueva circunstancia; es la actitud ante ella. Si nos quedamos en la preocupación, no avanzaremos. Es más, probablemente nos estancaremos en una situación de inacción que nos inhabilita rá para poder afrontar lo que nos preocupa.

Es entonces cuando comenzamos a ocuparnos. Cuando entendemos que, más allá de nuestras lógicas emociones, debemos actuar. Esto no significa, ni mucho menos, que desaparezca nuestra preocupación. Supone que vamos a dedicar nuestro esfuerzo a solucionar, no a lamentarnos. A encontrar la estrategia que nos permite convertir una situación difícil en un reto. En algo que podemos enfrentar. Este sería el tercer paso, que podemos llamar consciencia.

El paso siguiente es la consolidación. Muchas veces cuando llegamos a él, no nos damos cuenta de haberlo hecho. Es el momento en el que, quien nos ve de fuera, nos felicita por la manera en que estamos “sobrellevando la situación”. Y, a nosotros, nos hace preguntarnos porque nos lo dicen. Es el momento en el que ya hemos incorporado lo que nos preocupaba a nuestra vida diaria. Hemos cambiado, adaptándonos a una nueva situación.

Todos estos pasos no significan que la inquietud no esté ahí. Pero hemos decidido, en ocasiones sin ser conscientes de ello, que no podemos permitir que nos paralice. Y actuamos. Como hemos comentado al principio, es un balance de energía. Si seguimos instalados en la preocupación, no tendremos espacio para la ocupación.

 

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