No existen las personas tóxicas

O como estamos propagando un bullying emocional

No existen las personas tóxicas. Ya está bien.

Las personas tenemos momentos buenos, momentos malos. En algunas ocasiones esto puede durar más de un tiempo. En otros momentos, nos comportamos así casi de forma habitual.

Pero la palabra es eso, comportamiento. Es nuestra conducta. No como somos.

Este concepto de personas tóxicas, vampiros emocionales, que se ha puesto de moda propagado por una moda pseudopsicológica del placer, está consiguiendo que practiquemos una especie de bullying, a personas que lo que realmente necesitan es que les ayudemos.

Pueden estar pasando una mala racha, y lo que necesitan es precisamente es lo que les estamos negando.

Es verdad que, en muchos casos, la ayuda no se la podremos dar nosotros porque, según ellas mismas, podemos formar parte de su problema.

Con los comportamientos tóxicos tenemos que tener en cuenta que hay dos vertientes.

Uno, la persona que lo emite. ¿Qué problema tiene?¿Por qué se comporta de esa forma?¿Qué puede estar manteniendo su conducta (auto) destructiva?¿Qué características definen ese comportamiento?

La otra parte es como nos afecta a nosotros ese comportamiento. ¿De qué forma estamos respondiendo a él?¿Estamos contribuyendo nosotros, en alguna forma, a su mantenimiento?

Obviamente, corresponde a quien tiene un comportamiento tóxico, cambiarlo. En muchos casos, puede ser con nuestra ayuda, si es alguien querido, o alguien cercano.

Pero en otros casos, no va se posible. No aceptan la necesidad de cambiar y nosotros deberemos reaccionar durante un tiempo con contramedidas a estos comportamientos tóxicos.

La mejor -el silencio-. Ignorar. Pero no a la persona, sino a sus comportamientos inadecuados, poco respetuosos o desgradables. No responder a las provocaciones.

En cierta forma, la mejor reacción es, precisamente, la ausencia de reacción.

Hoy les dejo con mi frase del principio. No existen las personas tóxicas. Si los comportamientos. Y eso, se puede cambiar. En próximas entregas aprenderemos como.

Gracias. Y recordarles que esperamos sus propuestas y preguntas. ¡Hasta el jueves que viene!

 

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Vorágine

El instrumento básico para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si tu puedes controlar el significado de las palabras puedes controlar a la gente que utiliza esas palabras.
Philip K. Dick

Vivimos en un mundo hiperconectado. Inmediato. Repleto de noticias, ciertas o falsas, que nos bombardean desde las más diversas plataformas de información y entretenimiento. Esto hace que nuestra capacidad atencional se vea continuamente fragmentada, para poder abarcar todo aquello que nos puede parecer importante. Es un auténtico caos.

Supuestamente, estar más informados, debería hacernos más felices. Se supone que sabemos más, conocemos más, luego podemos decidir mejor. Pero no es así. Esta cantidad de opciones, de hecho, nos hace más infelices. Es lo que nos cuenta el psicólogo Barry Schwartz, en su libro La Paradoja de la Elección. Cuanto más opciones tenemos, se crea un fenómeno de aturdimiento en el que, literalmente, no sabemos lo que estamos eligiendo.

Así, lo que en teoría parece ser un avance para nuestro conocimiento, resulta ser todo lo contrario. No nos permite centrarnos en lo que nos puede interesar, puesto que experimentamos una sensación de empuje, que nos hace sentir que no tenemos tiempo para dedicarle a lo que nos interesa, puesto que hay mucho más que espera para que lo atendamos. En cierta forma nos volvemos adictos a la inmediatez.

Este fenómeno se acrecienta en las redes sociales y con nuestros dispositivos móviles. Apenas vemos una frase, y no seguimos leyendo. Tomamos decisiones y emitimos nuestra opinión, sin información real.

Es un auténtico sinsentido que nos está conduciendo a vivir la época de más manipulación mediática de la historia, a pesar de ser la que mayor información pone a nuestra disposición.

No nos queda otro remedio que parar, seleccionar y reducir nuestras fuentes de información, siendo nosotros quienes decidamos la que abordamos, cuando lo hacemos, y la opinión que tenemos sobre lo que nos cuentan.

¿Tienes paciencia?

La paciencia es la compañera de la sabiduría.
San Agustín

La paciencia, la que tenemos con nosotros mismos, es la que define cuanto y como nos queremos. Podemos elegir entre una actitud que nos juzga por lo que no somos, o podemos hacerlo por una que celebra lo que eres. Una lleva a amarte. La otra ya sabemos a donde te lleva.

Uno de las factores que influyen más en nuestra satisfacción vital es la paciencia. Desafortunadamente, en un mundo de inmediatez, no es tan siquiera popular hablar de ella como una virtud. Es normal, se ha retorcido su significado profundo y su importancia para nuestro aprendizaje, para utilizarla, en muchas ocasiones como una excusa de la incapacidad de otras personas para llevar a cabo sus responsabilidades.

Pero la paciencia es un ejercicio íntimo, nuestro. Casi podríamos decir que nos define como seres humanos, puesto que nos hace vivir el día a día en una actitud observadora, atenta, tratando de entender y aceptando los cambios, sin juzgar. Recuerden aquella famosa frase: “si tiene solución ¿por qué te preocupas?, si no la tiene ¿por qué te preocupas?” La paciencia determina como buscaremos soluciones.

Tener paciencia se confunde en muchas ocasiones con una actitud pasiva, que deja ocurrir lo que sea sin intervenir para cambiarlo. Pero es todo lo contrario. Es un proceso de reconocimiento del natural devenir de la vida, uniéndose a él, en lugar de tratando de acelerarlo. Tener paciencia se cultiva, y es un ejercicio que, a medida, que lo vamos manejando, nos da una maravillosa sensación de pertenencia. Formamos parte de lo que está ocurriendo. No intentamos cambiar nada. Somos parte de ese cambio.

La paciencia es, además, una magnifica forma de empatía. Al desarrollarla en nosotros, seremos capaces de hacerlo con las otras personas, respetando sus procesos, sin intentar modificarlo o adaptarlos a los nuestros.

Indudablemente, esta capacidad exige una enorme dedicación y continuos ajustes en un mundo frenético. Deberemos estar atentos para reconocer esos momentos en los que nos dejamos llevar por las prisas, por la impaciencia, para detenernos y devolvernos a nuestro propio ritmo.

Suelta

Perdonar es amarse porque supone quitarse una espina clavada que nos sigue desgarrando, una punzada que nos recuerda el dolor y el desengaño… Impresionante articulo de @merceroura

merceroura

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Hace un rato alguien me preguntaba cómo se perdona. Y no se me ocurre otra forma de explicarlo que responder “amándote mucho”. Perdonar es amarse porque supone quitarse una espina clavada que nos sigue desgarrando, una punzada que nos recuerda el dolor y el desengaño… Perdonar es arrancarse la mirada del otro de encima y dejar de pedirle que te valore, que te mida, que te tase y te ponga precio… Es decidir que dejamos de mirar al espejo esperando que nos diga quiénes somos y buscamos dentro de nosotros para amar lo que ya es… Es un acto de amor contigo mismo, un acto de respeto por lo que eres y por lo que son las personas. Un acto de comprensión hacia otro que acaba rebotando en ti y llenándote de paz.

¿Cómo se perdona? Queriéndote tanto que te des cuenta de que la opción de no hacerlo supone…

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¿Cómo afrontar la ansiedad?

Si tienes ansiedad es porque tu cerebro está interpretando erróneamente la realidad. No hay que cambiar el contenido de tus pensamientos, sino su estructura. Vamos a intentar comprender el proceso.

En un principio la ansiedad es una reacción normal ante circunstancias más o menos excepcionales. Cuando éstas desaparecen, la respuesta ansiosa debería también disiparse. Pero a veces, esto no ocurre.

Nos quedamos enganchados, manteniendo la emoción ansiosa a pesar de ya no está el estímulo que la provocaba.

Para intentar desactivarlo

Hazlo desde sus orígenes: tu cerebro. Dale instrucciones a tu cerebro para que deje de interpretar erróneamente las situaciones que te producen ansiedad, haciendo que sintonice tu parte racional (que sabe que no te pasa nada) con la parte emocional (que cree que algo grave va a pasar, incluso sin motivos aparentes).

No le des tregua. Bloquea el paso a la ansiedad antes de que se presente. El gran problema de la ansiedad es que viene y se va cuando quiere, lo que te hace sentir que no tienes control sobre tu vida. Si sabes cuándo se va a producir, podrás tomar medidas.

Evita la repetición. El cerebro funciona por repetición. Si tu cerebro aprende a tener ansiedad, eso es lo que volverá a hacer una y otra vez. Por eso hay que enseñarle nuevos procesos de pensar.

Vive el presente, sin anticipar las desgracias que supuestamente podrían ocurrir en el futuro.

Aumenta tu autoestima, de tal forma que te permita adaptarte a los cambios de la vida.

Estas orientaciones te pueden servir si experimentas ansiedad ocasionalmente.

Para ayudarte a manejarla, si te ocurre con frecuencia, debes acudir a un profesional de la psicología.

 

Atención selectiva

Creo que nada puede impedir que la gente hable. Pero es preciso escuchar con mucha atención y ésa es una rara habilidad.
Stephen King

Que dice el presidente del Gobierno, que los partidos políticos deberían escuchar el clamor de la calle, pidiendo que no se derogue la prisión permanente revisable.

Es una magnífica noticia que, por fin, el gobierno decida escuchar a la gente. Al menos a quienes lo están pasando mal. Lo merecen. Para esto está el Estado. Para salvaguardar a sus ciudadanos y ciudadanas. Ahora que el presidente ha decidido atender a lo que dicen las personas que se manifiestan, solo nos queda saber en que orden comenzará a abordar lo que está encima de la mesa. O más bien en la calle.

En psicología hay un curioso fenómeno que se denomina atención selectiva que consiste, básicamente, en la capacidad humana de prestar atención exclusivamente a aquello que nos interesa. Algo muy útil cuando se trata de desenvolverse en un ambiente hostil.

Paradójicamente algo muy similar a lo que parecen utilizar algunas personas cuando se trata de prestar atención a algo que les conviene frente a algo que no. A pesar de que la fuente de las quejas sean los mismos.

Lo que parecen olvidar quienes practican activamente la atención selectiva, es la capacidad de quien observa -la gente-, para apreciar claramente las intenciones y motivaciones que ejercitar tal práctica supone. Especialmente cuando se hace sin ningún pudor.

La realidad

Querida imaginación, lo que amo sobre todo en ti es que no perdonas.” 

André Breton

Socorrido concepto el de la realidad. En muchas ocasiones parece como un antídoto perverso de la ilusión o de los sueños. En otras, un arma para desactivar cualquier visión positiva o de cambio, de la vida.

Lo paradójico de “la realidad” -como el sentido común- es que, a pesar de que se maneja como algo objetivo, no lo es en absoluto. De hecho es probablemente uno de los más subjetivos, junto con “la verdad”.

Quien lo usa con frecuencia lo hace, muchas veces, con la intención de justificar la propia incapacidad o intención de decidir. Se dice a si mismo que para que hacer nada, cuando “la realidad”, nos va a poner en nuestro sitio.

Son quienes esperan que “las cosas cambian” y no asumen ningún tipo de responsabilidad en dicho cambio. Quienes se pasan la vida esperando que sean otras personas quienes modifiquen lo que no le parece bien o es, simplemente, injusto.

También encontramos como estas personas minimizan cualquier intento de otros por alterar la supuesta realidad. Argumentos como, “las cosas son como son”, terminan dando carta de naturaleza a la pasividad, al conformismo y al aburrimiento vital. Cuando no consiguen que nuestra vida se convierta en un continua expresión de la dependencia externa.

Pero lo cierto es que la realidad no existe. O al menos es lo que piensan quienes la han cambiado, y la están cambiando. Es entonces cuando los inmovilistas intentan explicar lo que ha ocurrido aludiendo a unos supuestos superpoderes que siempre tienen los otros.

Porque pensar que cualquiera de nosotros puede hacer algo por cambiar sus circunstancias es la única realidad. Desde lo más pequeño a lo más grande. Todo comienza con la intención, el primer paso para actuar, y la perseverancia para seguir haciéndolo.

Es entonces, cuando te acostumbras, cuando eres consciente de que, casi siempre “la realidad”, es un muro que nos autoimponemos para no asumir el control sobre nuestras vidas.

Atrévete a no estar de acuerdo

La mayoría de las personas instintivamente evitan el conflicto, pero como nos muestra Margaret Heffernan, un buen desacuerdo es fundamental para el progreso. Ella ilustra cómo (a veces contraintuitivamente) los mejores socios no son eco uno del otro y como los equipos excelentes de investigación, relaciones y negocios, permiten que las personas tengan profundos desacuerdos.