¿Reto o amenaza?

Cuando afrontamos una situación de “alta tensión”, como puede ser hablar en público, hacer un examen o competir en una prueba deportiva, es normal que nos preguntemos si estamos o no preparados para ello. ¿Hemos entrenado suficiente?¿hemos descansado?¿nos acordaremos de nuestras notas?.

De acuerdo al modelo biopsicosocial de reto y amenaza, estas preguntas pueden conducirnos a construir la misma situación de diferentes formas. Si estamos preparados, lo veremos como un reto, si no es así, percibiremos la situación como una amenaza.
Estas percepciones diferentes no sólo tienen impacto en como identificamos o etiquetamos estas situaciones; su impacto fisiológico y resultados también son muy distintos.

Si percibimos la situación como un reto, nuestro corazón y nuestra resistencia se pondrán a nuestro favor, a nuestra disposición. Un atleta de elite o un experimentado orador nos dirá que es esencial para él estar en un correcto estado de activación para poder rendir a su entera satisfacción.

Si, por el contrario, percibimos esa misma situación como una amenaza, algo que no podemos abordar, ese estado de activación lo percibiremos como nerviosismo o stress y nos puede llegar a paralizar.

La buena noticia es que podemos aprender a reconstruir la forma en que nos acercamos a estas situaciones de alta exigencia emocional. De hecho, esta es uno de los objetivos que puede abordar la psicología. El modelo que hemos comentado más arriba sostiene que las personas construyen su percepción de las situaciones de una u otra forma según sea la percepción de sus propios recursos y competencias, pero esto no es inmutable.

En el camino de nuestro cambio personal, aquellas situaciones que nos resultan inabordables, pueden ser un magnífico comienzo. Si cambiamos y reformulamos las situaciones estresantes para convertirlas en retos, conseguiremos mejorar nuestro desempeño en aquello que nos propongamos. La ayuda de profesionales de la psicología en estos procesos puede ser muy importante, al menos para conseguir que consigamos ver las cosas desde otro punto de vista. A partir de ahí, viviremos nuestros retos como proyectos, nos prepararemos, aprenderemos a conocernos mejor y nuestro bienestar, físico y mental, mejorará.

Pasaremos de sentir ansiedad o presión, a sentir excitación. Nos sentiremos vivos, implicados, comprometidos con lo que hacemos. Esta es la diferencia entre alguien apasionado por lo que hace frente a alguien aprisionado por lo que hace.

Como un buen amigo dice, no es fácil, desde luego. ¡Pero si lo fuese, no sería un reto!

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