Mediocridad

Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás.
Ernesto Sábato

La mediocridad es un virus. Empieza poco a poco, para llegar a apoderarse por completo de nuestra realidad. Sin darnos, cuenta, vamos tomando una serie de pequeñas decisiones que incorporamos a nuestra rutina diaria, sin ser muy conscientes del mal que puede estarnos haciendo.

Cuando justificamos y aceptamos que estas, aparentemente, pequeñas cosas se asienten -a pesar que nuestra intución nos advierte en su contra-, estamos permitiendo entrar una especie de virus en nuestra vida. Que se extenderá inevitablemente a otras áreas de la misma. Porque cuando introducimos un cambio en cualquier sistema, cambiamos simultáneamente todo el sistema. Las otras áreas del mismo comienzan los ajustes necesarios para adaptarse a la nueva realidad.

Esto funciona tanto para lo bueno como para lo malo. Para aquello que hemos programado o para aquello que, simplemente, hemos dejado que se incorpore a nuestra cotidianeidad sin ser demasiado conscientes de ello.

Y esta es la clave. La consciencia. Es de donde vienen la mayoría de nuestras desventuras. De no estar activados en nuestro presente y simplemente dejar que la vida se desarrolle sin nuestra intervención activa.

Esto provoca que, en muchas ocasiones, al sentirnos insatisfechos, no seamos capaces de identificar de donde viene este sentimiento. Hemos estado tan desconectados de nosotros mismos, que no podemos hacerlo. En cierta forma, se ha creado tal maraña de comportamientos, emociones y sentimientos interconectados, que resulta muy complicado tirar del hilo adecuado que nos permita cambiar o eliminar la fuente de la insatisfacción.

Es exactamente lo que ocurre con un virus. En este caso, mental. Hemos ido llenando nuestra mochila de mediocridad, y ésta se instala y se perpetua. Es un fenómeno parecido al que ocurre cuando eres habitualmente una persona generosa. Se convierte en una costumbre para otras personas, que no se plantean que esto es una decisión que tomas cada vez, teniendo la opción de no hacerlo. Y te ves atrapado.

Por esto nuestra propuesta de vuelta de vacaciones es bien sencilla. Observemos todo aquello que hacemos. Si es necesario, nos podemos ayudar de un papel y un bolígrafo. Digamos que lo llamamos “nuestros deberes”. Tras hacerlo, escribamos la razón porque lo estamos haciendo.

A continuación, preguntémonos si esto nos está haciendo más felices. O a otras personas que queremos. Si es el segundo caso ¿son estas personas conscientes de ello?¿lo aprecian? Estas simples preguntas y respuestas nos irán haciendo conscientes, de hasta que punto pueden haber cosas que sean necesario cambiar en nuestras vidas.

Seguro que en esta lista habrán muchas cosas que “no tenemos otro remedio”, que hacer. Son inevitables. Llámese pagar impuestos, salir a la compra, seguir las órdenes de nuestro jefe … Si no es posible cambiarlo, si lo es la actitud que mantenemos ante ello. Si le asignamos una emoción negativa, nos contagiará de virus indeseables. Si, simplemente, vamos aceptando que puedan ser momentos aburridos o poco importantes en nuestro camino, estaremos desactivando su influencia perniciosa sobre nosotros.

Obviamente, para conseguir que esto ocurra, necesitamos estar conectados con nosotros mismos. Si no, no funcionará. Aún así, puede que necesitemos ayuda para comenzar con estos cambios. No temamos pedirla. Es por nuestra salud mental.

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