Manías

Todos convivimos con pequeñas obsesiones y somos muy conscientes de cuáles son las más importantes… o las que nos dan más dolores de cabeza.

No hace falta que sea un caso clínico, es algo que en cierta medida todos sufrimos. Podemos encontrarle explicación a que una cama deshecha nos dé impresión de desorden, y tengamos que hacerla para sentirnos mejor. O al hecho de que nos lavemos las manos a menudo, porque nos desagrada no hacerlo. Podemos ser muy obsesivos con ello, pero digamos que hay una lógica detrás.

Estos dos casos bien podrían catalogarse de costumbres e, incluso de educación. Es algo que hemos visto hacer desde pequeños y nos hace sentir bien. En esta categoría, podemos incluir todas aquellas rutinas o conductas que realizándolas de forma sistemática nos hacen sentir mejor. Si no te impiden llevar una vida normal.

Un ejemplo podría ser llegar tarde a los sitios porque cuando caminas por la ciudad, y pasas junto a un semáforo en verde debes cruzar. Con mala suerte y una combinación de semáforos concreta, se puede acabar muy lejos del destino original. Hay personas que dan la mano de una manera y no de otra, sin posibilidad de cambiar. Hay quien se viste siempre empezando por el mismo pie, o quien se cepilla el pelo cien veces todas las noches, ni una más ni una menos, a riesgo de no poder conciliar el sueño si se equivoca.

Estas manías si pueden distorsionar de forma importante nuestra vida cotidiana e, incluso provocarnos serios disgustos. Pero generalmente el que las sufre es consciente de ellas e incluso puede llegar a evitarlas o a atenuarlas si es necesario.

Pero ¿cuántas veces se puede comprobar que llevas las llaves, la cartera y el móvil encima? Al menos antes de que se considere compulsivo. ¿Cincuenta, cien al día?. No es una cuestión de numero solamente. Una obsesión, como ya hemos comentado antes es un desorden conductual tratable por profesionales, que nos pueden ayudar a identificarlo, corregirlo o a vivir con ello.

Los pequeños rituales que son nuestras costumbres y manías no indican que estemos desequilibrados o suframos un trastorno, sino que en cierta forma nuestro cerebro está acostumbrado a buscar un equilibrio. Nos sentimos cómodos en la rutina, nos da tranquilidad, así que si no existe, la inventamos. Para liberar nerviosismo, como válvula de escape al estrés, para estar ocupados en algo ajeno a lo cotidiano.
las manías o rituales, son una forma de crear a nuestro alrededor un esquema que seguir, artificial pero simétrico, continuado, que a su manera, trata de darnos la tranquilidad de algo reconocible. Esto es cierto, mientras no se “apodere” de nuestra capacidad de innovar o adaptarnos si así lo requieren las circunstancias o las personas que nos rodean.

Si no lo conseguimos nos encontramos que a la larga el efecto es el opuesto y nos tiraniza de una forma que nos hace sentir incómodos, y en cierta manera, raros. Nos aísla de igual manera que a alguien que padece un TOC, ya que se interpone entre nosotros y posibles nuevas experiencias por venir.

Por eso, siempre es importante que introduzcamos en nuestra vida diaria pequeños cambios que nos ayuden a distinguir un día de otro y a sentirnos, de alguna forma, vivos.

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