Batiburrillo

En materia de gobierno todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar.
Sir Francis Bacon

Existe una costumbre, humana, por cierto, de mezclarlo todo. No es nada extraño que cuando nos enfrentamos ante la necesaria solución de un problema, surjan voces que vayan incorporando otros más, con la excusa de su interrelación.

Si bien es cierto que el abordaje de cualquier fenómeno implica una visión amplia y, en cierta forma generosa, de sus posibles soluciones, no lo es menos que nos puede llevar por las nubes y dejar sin efecto cualquier intento de avance.

Lo vemos desde todos los ámbitos, pero en estas semanas convulsas por los cambios políticos, hemos comprobado como el conocido refrán de que a río revuelto, ganancia de pescadores, se ha manifestado en su más virulenta expresión.

La capacidad de un determinado tipo de personaje público para capitalizar todos los descontentos, ha llegado a su máximo con la campaña de las elecciones americanas. Y es difícil explicar como unas personas han votado, por razones opuestas, al mismo candidato.

Podríamos modificar el refrán y dejarlo así: a río revuelto, gana el pescador con menos escrúpulos para hacerlo. Incluso el que nos convence de haber pescado más, aunque no sea así.

¿Por qué ocurre esto? Paradójicamente, por desesperación y esperanza, al mismo tiempo. Cuando más desesperados estamos, más bajamos el listón de nuestra esperanza. Y la ponemos en manos de quien parece tener las ideas claras. Aunque no sea así.
Porque este es el segundo fenómeno que explica los votos inexplicables. El velo que trazamos sobre el resto de argumentos que, en ocasiones más benignas, nos horrorizarían. Vemos solo lo que nos concierne.

Esto no es un mérito de ningún tipo de estratega político. Es simplemente salir al campo de juego y saltarse todas las reglas. Y conseguir que se le de el partido por ganado.

Pero no nos despistemos, la responsabilidad recae en quien olvidó hace tiempo cual era el problema y se sumergió en un mar de derivaciones o condicionantes del mismo.

Es muy sencillo. Las personas quieren una vida digna. Y quien no sepa lo que eso significa, no me vale.

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