No juzgar

Son muchos los factores que influyen nuestros pensamientos y conductas, y gran cantidad de ellos, escapan a nuestra consciencia o control. Podemos imaginar nuestro cerebro como un procesador dual, compuesto por un sistema lógico y por uno reflexivo no consciente. El cerebro lógico es intencional, voluntario y está sujeto a nuestra atención. Nos hace sentir en control, pero requiere tiempo y esfuerzo. Por otro lado, el cerebro reactivo es involuntario, está fuera de nuestra atención, es irracional y reaccionario. Se usa a menudo, ya que que es rápido y apenas exige esfuerzo por nuestra parte. Para nuestra consternación este cerebro “automático”, se prodiga en juicios acerca de las personas; por ejemplo según su raza, género, religión u orientación sexual.

A la mayoría de nosotros nos enseñan que juzgar a las personas por estas, y otras, características, no está bien. No juzgar el libro por su cubierta, nos dicen en la escuela, en nuestra casa o en nuestro centro de trabajo. Debemos ser cordiales con las personas, por muy diferentes que sean a nosotros. Pero ¿es posible hacerlo?

A nuestro cerebro inconsciente le cuesta conseguirlo. De la misma forma que si yo ahora les pidiese que no levantasen la mirada, para ver quien está pasando cerca mientras leen este artículo. A la mayoría nos es imposible.

Esto responde a un patrón preprogramado, que extiende consideraciones generales, sin que seamos conscientes de ello. Por esto nos cuesta conocer a alguien y no hacer juicios. Los juicios son expectativas basadas en guiones, que en muchos casos se convierten en estereotipos.

Algunos de estos juicios son benignos, y facilitan enormemente nuestra vida. Pero muchos otros resultan gravemente perjudiciales, tanto para nosotros como para las personas que juzgamos.

Por supuesto que si cumplimentamos un cuestionario sobre xenofobia, machismo u homofobia, la mayoría de nosotros saldríamos muy bien parados. Pero ¿saben que es lo que ocurre? ¡lo está rellenando nuestro cerebro lógico! Aquel que piensa y reflexiona sobre lo que debe contestar. Sobre lo que está bien o mal.

Sin embargo, es nuestro cerebro reactivo, o reaccionario, el que esta frecuentemente, al mando de nuestras conductas, especialmente si tenemos que tomar decisiones rápidas, o vemos comprometido nuestro bienestar o situación económica.

El esfuerzo cognitivo que exige evitar los juicios, nos puede. Incluso, las consecuencias que puede tener hacerlo. Es nuestro cerebro reactivo quien nos lleva a vernos inmersos en situaciones indeseadas, en conversaciones irrespetuosas o en decisiones injustas. Preferimos no llevar la contraria a la linea dominante, por miedo a quedarnos fuera o marcados como diferentes.

Es por esto que, frecuentemente, vemos como personas razonables, que habitualmente utilizan su cerebro lógico, se ven inmersas en circunstancias absolutamente irracionales.

En resumen, juzgar es automático. Lo hacemos con nuestro cerebro más primario. El que prefiere que no nos arriesguemos de ninguna forma a ser diferentes y a ser extraídos de la masa. No juzgar exige pensar, exige cambiar, exige flexibilidad.

Y esto, a algunas personas, les da mucha pereza.

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