Un sábado cualquiera

No vivimos en el presente. Y, quizás lo peor, es que no somos conscientes de ello. Esta historia puede resultarnos familiar a cualquiera de nosotros ¿verdad?

 

Es sábado por la mañana y a Marga, mientras desayuna, se le ocurre que debería ir a lavar el coche que está muy sucio.

Apura su café de un sorbo y se pone en movimiento como si el pensamiento hubiera activado un resorte. Coge las llaves del coche que están en el salón y se encamina a la puerta cuando ve que hay una pila de correo en la mesa de la entrada, el resultado de dos semanas sin abrir cartas. ¡Ufff…!, piensa, y se para un momento para ver entre las cartas si hay algo urgente.
Deja las llaves del coche sobre la mesa, revisa las cartas, quita la publicidad para tirarla al paragüero, que también sirve de papelera, cuando ve que está lleno de papeles. ¡Vaya! Deja las demás cartas sobre la mesa y se va a vaciar el paragüero en la bolsa de reciclaje de papel, que está en la cocina.

Al entrar en la cocina, sus ojos se posan en el frigorífico donde está la lista de la compra. Al verla, piensa que, ya que sale, podría hacer la compra de la semana en el supermercado del barrio, pues por la tarde cierra y si no le va a tocar ir a una gran superficie, que es un rollo. Así que deja el paragüero y coge la lista, pero, antes de salir de la cocina, echa un vistazo por si falta algo más.

Entonces sus ojos se posan en la planta mustia y apagada que tiene en la encimera. Marga se apena al recordar que hace días que este ser vivo no recibe agua. Deja la lista de la compra y, al ir a coger agua, recuerda que tampoco ha regado las plantas de salón. Se dice «será solo un momento» mientras va a la terraza a por la regadera.

Entonces suena el teléfono, deja la regadera y coge la llamada en su mesa de trabajo. Es su hermana y charlan un poco, aunque Marga no puede resistir la tentación de encender su ordenador y abrir su Facebook. Su hermana le propone ir a ver el partido de básquet de sus sobrinos en el colegio al final de la mañana; a Marga le parece genial, tiene muchas ganas de ver a sus queridos sobrinos. Luego la hermana comenta algo sobre comer fuera, pero en ese momento Marga se distrae con Facebook y una foto donde sale etiquetado un chico.

Después de colgar, Marga se entretiene un rato más curioseando los perfiles de ese chico y sus amigos. Cuando ya va a apagar el ordenador entra un e-mail del trabajo. Un compañero le pide ayuda urgente sobre una información para gestionar una reclamación. Marga se siente un poco agredida por esta intrusión del trabajo un sábado, pero piensa que mejor es que se lo quite de encima en ese momento. Así que busca la información y, media hora más tarde, ha resuelto el tema. Un poco excitada por esta conexión con el trabajo, aprovecha para echar un vistazo a otros e-mails, por si hay alguna otra emergencia, lo que la retrasa más hasta que se da cuenta de la hora que es.

Ya con prisa, cierra el ordenador y va a arreglarse un poco, pues su hermana ha dicho algo de comer fuera y no quiere ir hecha una pinta. Se cambia de ropa y ve que es tarde y además así arreglada, mejor va en coche, pero ¿dónde están las llaves? Después de mucho buscar y con bastante enfado, las encuentra entre el correo de la entrada. Suspirando, agobiada por el retraso acumulado, sale de casa y, aunque llega rápido al colegio, aparcar es imposible, todos los padres han ocupado todos los huecos disponibles.

Después de dar varias vueltas acaba aparcando a varias manzanas de distancia. Al entrar sudorosa y enfadada en el patio ve que hay varios partidos a la vez: «¿cuál será el de mis sobrinos?», piensa. Después de dar vueltas y preguntar da con su hermana que la recibe un poco molesta por el retraso. El partido ya casi ha acabado y Marga está de los nervios, pues los sobrinos hubieran querido que su tía les viese jugar.

¿Y por qué vienes tan arreglada? le dice la hermana. Pero ¿no íbamos a comer fuera? responde Marga. Te he dicho que no iríamos a comer fuera, Javier ha estado de viaje y dice que quiere dormir la siesta, vamos a comer a casa. Pero ven si quieres. Marga, muy contrariada, le responde: No, a vuestra casa hoy no, paso, tengo un montón de cosas que hacer yo en la mía. Terminado el partido, de vuelta a casa, Marga se siente mal por haber llegado tarde, por haber estado tensa y enfadada con su hermana y por no haber aceptado la invitación de comer con sus sobrinos, a quienes ve muy poco.

Mientras conduce pasa por el supermercado, pero se da cuenta de que no lleva la lista y que con las prisas tampoco tiene la cartera. Al entrar en casa se encuentra con que le espera el correo por abrir, las plantas por regar y la compra por hacer a la tarde en la gran superficie

¡Vaya estrés de sábado!

Visto en el libro Plena Mente de Andrés Martin Asuero. Nota que extrae este autor del blog de Paco Muro: http://lajaula.ottowalter.com/lecturas_ow.asp

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s