Agotamiento emocional

¿Sientes una especie de inercia física y mental, un “sentido de pesadez” en todo lo que haces?¿Incluso las tareas más mundanas absorben tu energía y cada vez te resulta más difícil concentrarte en el trabajo? ¿Cuando tratas de relajarte, te encuentras revisando obsesivamente el correo electrónico?¿A este cansancio se le suma la apatía, el desencanto, la desilusión o la desesperanza?

Esas sensaciones les resultarán familiares a muchas otras personas que fueron diagnosticadas con agotamiento emocional.

Si tenemos en cuenta lo que dicen los medios de comunicación, es una enfermedad puramente moderna.

Pero lo cierto es que el agotamiento emocional es una preocupación actual, con cifras especialmente sorprendentes en algunos sectores con gran desgaste físico y emocional, como la sanidad. Hay quien incluso argumenta que el agotamiento emocional es tan sólo una etiqueta no estigmatizada de la depresión. Incluso hay llega a afirmar que el agotamiento es una “versión lujosa” de ella. Todo sea por no admitir que lo podemos estar. No en vano la depresión es muchas veces vista como una debilidad, un síntoma de fracaso.

Sin embargo, ambos trastornos son muy diferentes. La depresión conlleva una pérdida de autoconfianza e incluso autodesprecio, y ése no es el caso del agotamiento emocional, donde la imagen sobre uno mismo suele permanecer intacta.

La rabia en el agotamiento no se suele volver contra uno mismo, sino más bien contra la empresa o los clientes para quienes uno trabaja, o el sistema socio-político o económico.

El agotamiento emocional tampoco debe confundirse con el síndrome de fatiga crónica (SFC), el cual implica periodos prolongados de fuerte cansancio físico y mental durante al menos seis meses. Y muchos pacientes reportan dolor físico con la menor actividad.

¿Cerebros evolucionados?

Hay una teoría que dice que nuestros cerebros evolucionaron para lidiar con el entono laboral moderno. El aumento del énfasis en la productividad –y la necesidad de probar que uno merece el puesto de trabajo– dejó a los empleados en un estado permanente de “pelear o huir”. Esto se desarrolló, originalmente, para enfrentar peligros graves. Pero si sufrimos este tipo de presión día tras día, nuestras hormonas del estrés aumentan. Y, además, para muchos la presión no termina con el trabajo.

Las ciudades (y los dispositivos tecnológicos) siempre están activas, lo cual hace difícil tomarse un descanso. Sin poder recargar nuestras mentes y cuerpos, nuestras baterías siempre están en las últimas.

Esa, al menos, es la teoría.

Pero lo cierto es que como descubrió Anna Katharina Schaffner, autora de del libro: “Agotamiento emocional: una historia”, al analizar la literatura histórica, descubrió que la gente padeció fatiga crónica mucho antes del auge del entorno laboral moderno. Uno de los primeros análisis sobre el agotamiento lo escribió el médico romano Galeno.

Al igual que Hipócrates, Galeno creía que todas las dolencias físicas y mentales se debían al equilibrio relativo de los cuatro humores: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema.

Una acumulación de bilis negra, decía, ralentizaba la circulación y obstruía las vías cerebrales, provocando letargo, apatía, cansancio, pereza y melancolía.

Aunque ahora sabemos que no tiene base científica, la idea de que nuestros cerebros estén llenos de un líquido similar al alquitrán refleja, sin duda, el hecho de que mucha gente se sienta agotada. En la época en que el cristianismo se había apoderado de la cultura occidental, este agotamiento era visto como un signo de debilidad espiritual. “Era visto como una falta de fe y de voluntad; lo espiritual contra lo carnal“, comenta la autora.

Con el nacimiento de la medicina moderna, se comenzó a diagnosticar una condición llamada “neurastenia“. Las explicaciones religiosas y astrológicas continuaron abundando hasta el nacimiento de la medicina moderna, cuando los doctores comenzaron a diagnosticar síntomas de fatiga, como la neurastenia (trastorno neurótico caracterizado por una sensación de fuerte cansancio).

Intelectuales, como Oscar Wilde hasta Charles Darwin, Thomas Mann y Virginia Woolf fueron diagnosticados con neurastenia.

Los médicos culparon a los cambios sociales de la revolución industrial, aunque los nervios delicados también eran percibidos como un signo de refinamiento e inteligencia.

¿Parte de la “condición humana”?

Muchas personas a lo largo de la historia se sintieron tan cansadas como nosotros ahora, lo cual sugiere que tal vez la fatiga y el cansancio sean parte de la condición humana.

En la Edad Media, era el demonio del mediodía; en el siglo XIX, lo fue la educación de las mujeres; y en la década de los 70, el auge del capitalismo y la despiadada explotación de los empleados.”Lo que cambia a través de la historia son las causas y efectos relacionados con el agotamiento emocional“, dice Schaffner.

En realidad, todavía no comprendemos realmente qué es lo que nos provoca esa sensación de “falta de energía” y cómo puede disiparse tan rápidamente sin esfuerzo físico.

No sabemos si los síntomas se originan en el cuerpo o en la mente; si son el resultado de la sociedad o si son creados por nuestro propio comportamiento.Tal vez sea un poco de todo: la creciente comprensión de la conexión entre cuerpo y la mente nos ha mostrado cómo nuestros sentimientos y creencias tienen una profunda influencia en nuestra fisiología.

Sabemos que la angustia emocional puede aumentar la inflamación y exacerbar el dolor, por ejemplo. Y en algunos casos puede incluso provocar convulsiones y ceguera.

Es muy difícil decir que una enfermedad es puramente física o puramente mental porque suele ser una mezcla de ambas“, comenta esta autora. Y esto no debería sugerir de ningún modo que los síntomas sean imaginarios o inventados; pueden ser tan “reales” como la fiebre que sentimos cuando tenemos gripe.

En la actualidad, si hay algo que parece claro es el componente psicológico de este agotamiento, que destaca la importancia y la necesidad de un cambio en la forma de abordar nuestras actividades diarias, y su impacto en nuestra salud mental.

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