Prevención y otras nimiedades

“No podéis preparar a vuestros alumnos para que construyan mañana el mundo de sus sueños, si vosotros ya no creéis en esos sueños; no podéis prepararlos para la vida, si no creéis en ella; no podríais mostrar el camino, si os habéis sentado, cansados y desalentados en la encrucijada de los caminos.”
Celestin Freinet

Vaya por delante mi absoluta ignorancia de la prevención de incendios forestales. También mi más sincera admiración por los equipos que tienen que trabajar en el terreno para sofocar las llamas, como ha ocurrido en La Palma, Canarias, un bello rincón de estas islas donde tengo la fortuna de vivir.

Expresada mi carencia de formación en esta materia específica, no puedo menos que ver las semejanzas que resaltan con la prevención, en general, de cualquier tipo. En mi caso, me ha tocado la que tiene que ver con el abuso y adicción, a sustancias o conductas. Y lo que ocurre cuando se llega al extremo necesario de la intervención para paliar un problema, sea una adicción o un incendio forestal o catástrofe natural, es pasmosamente similar.

En primer lugar, la búsqueda de un culpable. Si, es necesario que encontremos quien ha quemado el monte o quien ha hecho que nuestros jóvenes encuentren las drogas tan atractivas como alternativa de ocio.

En segundo lugar, las promesas. Son inevitables. Siempre se asegura que habrá más medios, más limpieza en el monte, más recursos para la promoción de un ocio saludable, más refuerzo en las épocas complicadas y más consolidación de las políticas de prevención de drogas.

Y nunca es así. Desengañémonos. Ahora se trata de prometer, para que no nos salpique la responsabilidad. Y luego, si te he visto, no me acuerdo.

Por esto, y especialmente en este incendio en La Palma, en el que ha perdido la vida una persona, y por todas aquellas que la pierden por la falta de la prevención necesaria, quería aprovechar esta bitácora para manifestar mi enfado.

Cuando olvidamos que para conseguir cuidar los montes, o a nuestros jóvenes, debemos invertir en formación, en capacitación, en cultura, en empatía, en compasión, en conciencia medio ambiental, y dejamos que sean “los mercados”, quienes decidan aquello que es superfluo, mal vamos.

En ocasiones, hay que levantar la voz. Esta es una de ellas.

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