La izquierda del ego

El ego no es jefe en su propio hogar
Sigmund Freud.

Difícil. Que duda cabe. Los resultados electorales en España han supuesto un enorme varapalo para las fuerzas políticas de izquierdas. No es fácil de asumir cuando las expectativas eran las mejores.

Las explicaciones a lo que ha ocurrido van en muchos sentidos: desde la manipulación, estrategia del miedo, la división -o la unión- de las nuevas opciones … así hasta el infinito, según sea el analista, político, polítologo o encuestador.

No seré yo quien pretenda explicar que ha podido ocurrir cuando era de esperar un resultado más favorable. Simplemente quiero contribuir con la mirada de un psicologo aficionado a la política.

Y lo primero, quizás lo único, que me viene a la cabeza tras el shock momentáneo de la noche electoral -a eso de las diez-, es el ego.

No es la primera vez que lo recogemos en este espacio de reflexión. Pero en este caso, me va a servir para intentar entender, que no explicar, que es lo que ha ocurrido.

Como comentaba un poco más arriba, las expectativas no se cumplieron. Éstas estaban creadas por las encuestas, una especie de oráculo moderno que, como en el Brexit, no deja de fallar estrepitosamente cada vez que se tercia una oportunidad.

Esperar que ocurra lo que deseamos es del ego. Así de simple. Porque estamos suponiendo que muchas personas, que opinan lo mismo que nosotros (sic), van a tomar la misma decisión que nosotros tomemos. Y no ha ocurrido así.

¿Por qué? La explicación del ego ha sido la de las conspiraciones, la vejez, el aborregamiento, el miedo y muchas otras hipótesis que olvidan las causas propias.

¿Por qué nadie se ha preguntado como un partido que aspira a ser gobierno acude a unas elecciones (o dos), con la espada de Damocles de una baronesa sureña amenazante? ¡Y que además, cuando el resultado en su feudo no va como espera (de nuevo expectativas), se lo achaca a los demás de su partido! Difícil es que se de una imagen de unidad y de coherencia, cuando se proyecta toda la contraria.

Respecto a la segunda opción de izquierdas, entenderlo es todavía más sencilla. En una primera fecha, no se quería ir juntos (al menos uno de ellos) y, tras sumar (de nuevo olvidando a las personas), se vio la conveniencia. Olvidando que, muchas personas, ya se sentían suficientemente agraviadas para aceptarlo y, aún más, sancionarlo con su voto.

Estas serían algunas de las explicaciones que, a grandes rasgos, podríamos sugerir desde la psicología para intentar comprender -que no explicar, que es del ego-, lo que ocurrió en España hace unos días.

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