¿Qué le digo?

No diré “no llores” porque no todas las lágrimas son malas.

J.R.R. Tolkien.

Todos, en un momento determinado, tendremos que estar al lado de alguien que ha perdido, a su vez, a alguien querido. Es ley de vida. Por mucho que nos empeñemos en ignorarlo. Nuestro miedo a morir supera, por lo general, nuestra capacidad de razonamiento, confunde nuestro juicio y nos pone en una situación incómoda cuando estamos con alguien que esta en duelo.

La mayoría de nosotros nos quedamos sin palabras cuando esto ocurre. Y nos preguntamos que es lo que debemos decir para apoyar a nuestro amigo o amiga. Este sería nuestro primer consejo: no decir nada. Por mucho que nos digan que quien esta pasando un trance de esta índole, entenderá que metamos la pata con nuestro desafortunado comentario, no es así. Y por encima de todo: la persona que está sufriendo no somos nosotros (al menos no en la misma medida que quien tiene una pérdida más directa). Así que, mejor callados.

Se que puedo resultar muy contundente e, incluso, antipático, con este último comentario. Pero, creanme, son muchos años de experiencia con personas en duelo para entender que las palabras, en determinados momentos, pueden ser demoledoras.

Tienes que sobreponerte, no tenía que haber ocurrido, pensé que te iba a afectar más, quizás se lo estaba buscando, todo pasa por una razón, no tienes porque estar yendo tanto al cementerio, otras personas han sufrido lo mismo que tu, tienes que ser fuerte, sabes que no llegará al cielo hasta que te resignes a su partida, ¿por qué sigues tan triste?, no querría que estuvieses tan triste, eres joven ¡puedes volverte a casar!, ¡menos mal que no llegó a nacer (o lo hizo fallecido)!, Dios lo quería más que tú, el cielo necesitaba otro ángel, se como te sientes, no dejes que los niños te vean triste, tienes otros hijos … son algunos ejemplos de muchos de los comentarios inapropiados que podemos hacer en momentos en los que no somos nosotros los más importantes. Porque, no lo olvidemos, quien vive el duelo es el protagonista y nuestro ego o nuestros juicios no deben olvidarlo.

Y estos ejemplos que les muestro, tienen un común denominador: nuestro deseo de control y nuestra actitud de juicio ante una realidad que no podemos conocer de ninguna manera. Pertenece a otra persona. Hacemos estos comentarios para tratar de disminuir el dolor, para “arreglar”, en cierto modo lo que ha ocurrido, pero solo conseguimos empeorarlo.

Es una situación difícil, que duda cabe, y nuestras intenciones vienen cargadas de amor, o eso nos decimos pero, repito: mejor acompañar que hablar ¡siempre!

Los comentarios que si ayudan son aquellos que no juzgan o intentan controlar.  Nadie puede arreglar lo inarregable. Algunos de ellos, que las personas que viven un duelo han resaltado como reconfortantes, son:

No puedo ponerme en tu lugar, pero estoy aquí para lo que me necesites, siento tu pérdida, me gustaría tener las palabras correctas, solo quiero que sepas que estoy aquí, ¿puedo traerte un café?, te llevo en mi corazón y en mis pensamientos, ¿quieres que me lleve a los niños un rato?, llevaré algo de cenar …

Cuando experimentamos la pérdida de un ser querido, vivimos un período intenso, durante los primeras semanas o meses, hasta que las cosas se calman. Es aquí, en muchos casos, donde debemos estar. Llamar, mantener el contacto, no olvidar es, sin duda, la mejor forma de apoyo.

Son esos los momentos del recuerdo, de las memorias agradables con la persona que se fue. Pero esto será más adelante. Ahora, en el momento más reciente, acompañar es la actitud clave.

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