¿Positivo?

A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad.
Gerardo Diego

En los últimos años, es quizás una de las palabras que más hemos oído, leído o sugerido. Puede llegar a ser hasta algo cansino el que se nos diga, día tras día, que debemos ser positivos, que está en nuestras manos, que depende exclusivamente de nosotros …

Todo esto, rodeados de una situación que no invita a ello. Todo ha cambiado a nuestro alrededor y tenemos la sensación que a peor. Parece que los valores que teníamos como principales para una sociedad justa y una vida feliz, se han desmoronado.

Resulta difícil -mucho- salir de esta realidad que nos rodea.

¿Por qué? La respuesta es bien sencilla. Nos da mucho miedo. Y es natural que así ocurra. Pretender tener una sonrisa, cuando perdemos nuestro trabajo o cuando las perspectivas de futuro no se prevén como muy halagüeñas, es una tarea, cuando menos, compleja.

Y lo es por algo muy básico. Nos amenaza. Y venimos dotados de fábrica, de un sistema de auto protección que nos alerta contra posibles peligros. Cuando éstos son abordables por nosotros, este sistema, que dispara un estrés adaptativo, consigue manejar las situaciones de peligro. Como cuando en la sabana, huíamos hacia un árbol para salvarnos de un depredador.

El problema surge cuando este estrés, nos paraliza. Y puede ocurrir por varias razones.

Una de ellas, por la falta de entrenamiento. No estamos acostumbrados a esforzarnos o bien no hemos tenido la oportunidad de hacerlo. Lo que hemos perdido, no teníamos la sensación -o la hemos olvidado-, de haberlo conseguido.

Otra de las formas en que el estrés nos paraliza, es por un exceso del mismo.  Nos han convencido para pensar que podemos conseguirlo todo. Y esto es un error. Especialmente porque no nos han contado que esto cuesta, y a veces mucho. Y no siempre se logra.

Por esto, y aunque pueda parecer paradójico, el comienzo de un planteamiento de vida positivo, empieza por la consciencia de aquello que nos afecta, lo que nos pueda estar paralizando y condicionando para poder verlo. Podemos llamarlo “la realidad” o “lo negativo”. Yo prefiero llamarlo nuestras “debilidades”. Este conocimiento nos obliga a examinarnos y explorarnos. Es un trabajo necesario, que termina fortaleciéndonos como nunca hubiésemos pensado.

Una vez sepamos donde estamos y, en cierta forma, quienes somos, estaremos comenzando un camino de aceptación y conocimiento, que nos permitirá saber que es nuestro y que no lo es. Es el segundo paso, saber que miedos y debilidades nos pertenecen, cuales son heredadas o impuestas.

Es como si hiciésemos una limpieza de nuestro jardín, en el que, necesariamente, deberemos comenzar arrancando las hierbas malas o que no hemos plantado nosotros.

Estos dos pasos nos permitirán acceder al tercero. Observarnos limpiamente, sin juzgarnos y con una mirada, podríamos decir, inocente. No sabíamos las bellas plantas que crecían en nuestro jardín.

Este es el principio de la positividad. Algo tan sencillo como saber cual es nuestro punto de partida. Desde ahí podremos tomar las decisiones que construyan una vida con propósito y sentido. Y conducida por nuestra motivación propia. La que surge de nuestro interior.

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