Agradecimiento

Si se siente gratitud y no se la expresa es como envolver un regalo y no darlo.
William A. Ward

Para muchas personas, la gratitud es difícil. Quizás porque la vida lo es. Incluso más allá de la deprivación o la depresión, hay muchas circunstancias comunes en las cuales no resulta sencillo ser agradecido.

Sin embargo, y bajo las peores circunstancias, algunas personas son naturalmente más agradecidas que otras. Un artículo publicado en una prestigiosa revista de neurociencia identificaba la variación en un gen, (CD38) como asociado a la gratitud.

Al parecer estas personas tienen una mayor tendencia genética a experimentar, en palabras de los investigadores “una satisfacción relacional global, una capacidad para apreciar los esfuerzos de los demás y emociones positivas”. Es decir, esas personas raras que parecen estar agradecidas todo el tiempo ¡pueden ser mutantes!

Lo cierto es que somos mucho más, afortunadamente, que esclavos de nuestros sentimientos, circunstancias o genes. La evidencia sugiere que podemos elegir activamente practicar el agradecimiento. Y hacerlo aumenta nuestra felicidad.

Esto no es solo una máxima de crecimiento personal. De hecho es algo que se puede entrenar y tiene un efecto relativamente rápido sobre nuestro estado de  ánimo. Así lo demuestra un estudio llevado a cabo en 2003 en California, en el que se asociaba la gratitud al bienestar subjetivo. Para ello pidieron a un grupo de estudiantes que llevasen un “diario de agradecimiento”, durante diez semanas, y compararon sus indicadores de felicidad, con otro grupo que recogía lo que desease, en su propio diario.

Los resultados fueron claros. El grupo experimental manifestaba sentirse mucho más satisfecho, motivado y feliz, que el grupo control.

Lo se, parece de cajón. Si nos acostumbramos a agradecer, seremos conscientes de la cantidad de personas o circunstancias, que lo merecen a diario. Esto nos hace sentir mejor, que duda cabe.

Pero los efectos van mucho más allá. Al ser conscientes de ello, agradecer abiertamente a otras personas, se hace más sencillo. Y la gratitud es una potente herramienta de relación interpersonal. Digamos que el otro, al ser consciente que apreciamos lo que hace, -su trabajo, por ejemplo- lo valorará más. Y se valorará todavía más a él mismo.

Así que además de ser una potente herramienta para sentirnos conectados con el mundo, consigue que la vida de los demás también sea mucho mejor.

En psicología, las ventajas que puede tener a nivel personal, social o comunitario, enseñar gratitud, son infinitas. Estamos enseñando empatía. Aprendiendo a apreciar lo que otras personas hacen por nosotros, directa o indirectamente. Bien sea por su trabajo o por una decisión personal.

Es una magnífica forma, por otro lado, de sacudirnos nuestra egoísta costumbre de mirarnos el ombligo. Y, además, posee la maravillosa virtud de conseguir que nos sintamos parte de algo que se sostiene por el esfuerzo de muchas personas.

En definitiva, el refrán –es de bien nacidos, ser agradecidos-, puede tener una lectura mucho más amplia y hacernos ver el agradecimiento como una forma de comunicación humana que consigue una mejor sociedad a través de unos mejores individuos.

Les propongo hacer lo mismo que el experimento. Comenzar nuestro propio ejercicio de agradecimiento diario, hasta que lo convirtamos en una costumbre. Si, además, quieren compartirlo, sean bienvenidos. El espacio para comentarios es un buen lugar para hacerlo.

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