¿Dónde está la empatía?

Si conociéramos el último porqué de las cosas, tendríamos compasión hasta de las estrellas
Graham Greene

A medida que la investigación sobre las emociones avanza, parece estar más claro que a menudo tenemos una visión distorsionada de cómo se sienten los demás. Al parecer, cuando estamos tristes percibimos el mundo que nos rodea como triste. Cuando estamos contentos, ocurre todo lo contrario.

La proyección de nuestras emociones es algo bien conocido por los investigadores. De hecho, los expertos piensan que este rasgo está en el centro de la habilidad para interpretar y relacionarnos con los demás.

Pero, en ocasiones, estas proyecciones emocionales nos pueden llevar a error. Este error se denomina sesgo egocéntrico. Este sesgo puede resultar algo muy complicado para las relaciones interpersonales. Podemos llegar a catalogar a alguien como insensible simplemente porque no se siente como nosotros.

Pero la buena noticia es que cuando se produce este error, nuestro cerebro se activa para compensarlo. Es lo que han estudiado un grupo de investigadores, liderados por la neurocientífica Giorgia Silani. Han identificado las áreas cerebrales implicadas en este complejo proceso.

En la investigación que llevaron a cabo midieron entre otros la probabilidad de las personas para cometer este tipo de errores, que estaba por encima del 40%, dependiendo de las situaciones.

En segundo lugar, mediante técnicas de imagen, identificaron el área que se activaba para corregir esto; el giro supramarginal derecho, un área cerebral relativamente desconocida para la neurociencia. En una tercera fase de sus investigaciones, trataron de “sabotear” esta parte del cerebro mediante estimulación intracraneal, un procedimiento indoloro que puede silenciar la actividad de las neuronas. Al hacerlo, Silani y su equipo comprobaron como se disparaba confirmaron la tendencia de los participantes a cometer muchos más errores sesgados.

La conclusión de los investigadores confirma la adaptabilidad de nuestro cerebro para corregir mecanismos automáticos como este sesgo. El reto está en descubrir como podemos entrenar a las personas para conseguir que multipliquen la actividad de este giro supramarginal derecho.

Sin duda un gran paso hacia la convivencia, empatía y compasión entre seres humanos.

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