Me equivoque ¿y qué?

El investigador sufre las decepciones, los largos meses pasados en una dirección equivocada, los fracasos. Pero los fracasos son también útiles, porque, bien analizados, pueden conducir al éxito.
Alexander Fleming

Has cometido un error, fallado o simplemente, tropezado. No le ves la gracia. Por mucho que te repitan que si no te equivocas no avanzas, que la carrera del éxito está plagada de fracasos y otras muchas frases hechas, nadie te quita de encima lo mal que te sientes cuando no has conseguido algo. Especialmente si lo has intentado, o así lo crees, con todas tus energías.

Porque, por mucho que nos lo repitan, cometer un error, no alcanzar lo que querías o meter la pata, no nos gusta a nadie. Y pretender lo contrario, es intentar comulgar con ruedas de molino.

Y este, paradojicamente, es el primer paso para superarlo. Aceptarlo. No el haber fallado, sino como nos sentimos por ello. Sin minimizarlo o maximizarlo. Entender si nos está fasitidiando mucho o poco. Sin tratar de evitar nuestra responsabilidad en ello. Pero, al mismo tiempo, sin encariñarnos con el error.

Entender el ciclo que tiene como nos sentimos, y dejarlo ir, es la manera de que nuestro tropiezo se integre realmente como una experiencia de utilidad para siguientes experiencias.

No intentes olvidarlo distrayendote con otras cosas o intentando pasar la responsabilidad a otras personas o al mundo en general. Tampoco sirve disimularlo con una sonrisa.

Simplemente, vivirlo. Es la única forma de aprender de ello. Encontrar ese dificil balance entre no haber conseguido aquello que queríamos y saber que esto nos ayudará a hacerlo mejor en el futuro. Si no hacemos este necesario recorrido, corremos el peligro de encontrarnos con los sentimientos que hemos reprimido en un futuro. Y ¡ya la hemos liado!

Porque es ahí donde encontraremos el miedo. Le daremos más importancia a las emociones negativas y estas no nos permitirán avanzar, como si de un bucle interminable se tratase.

No somos nuestro fracaso. En nuestro camino, tropezaremos muchas veces y de nosotros dependerá si dejamos que nos definan las emociones no deseables o simplemente las integramos dentro de la experiencia total y seguimos avanzando hacia adelante.

Es la diferencia entre pensar que por haber cometido un fallo ayer, lo vamos a cometer hoy o siempre. No caigamos en esta destructiva y, en ocasiones, seductora, profecía autocumplida.

Si cuando aprendimos a montar en bicicleta, nos hubiésemos rendido tras nuestra primera caída, es muy probable que ahora no supiésemos como hacerlo. Pero si además, cada vez que hablamos de ello, recordamos como nos sentimos al caernos, estaremos permitiendo que nos defina una sensación, que puede (y lo hace), contagiarse a muchas otras áreas de nuestra vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s