Y se marchó …

Luego de subir una alta montaña, uno sólo descubre que hay muchas otras por subir 
Nelson Mandela

Vivimos tiempos de cambio, sin duda. Las circunstancias que nos rodean hacen que muchas (cada vez más) personas, tengan que salir de donde viven, para buscar un lugar nuevo donde desarrollar su vida, con ciertas garantías.

En principio, esto no parece nada extraño. Ir a otro lugar a trabajar no es algo malo. Al contrario: puede ser lo que muchas personas deseen. Pero puede tener sus costes psicológicos.

Comenzar una vida de cero, adaptarse a nuevas costumbres, a nuevos climas, las barreras en el idioma, pueden desencadenar un nivel alto de estrés en el emigrado, pudiendo llegar a producirse el denominado Síndrome de Ulises también conocido como el síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple.

Este síndrome no siempre se da. Es más, muchos de sus síntomas, se viven solamente durante un corto período o ante circunstancias particulares, como puede ser no estar en fechas como la navidad o en momentos de pérdida en casa. Pero para algunas personas, sus efectos son practicamente insoportables.

Se vive con tristeza, desarrollándos sentimientos de fracaso y de indefensión aprendida. O culpa, con una sensación de abandono hacia los seres queridos, con pensamientos negativos del tipo: “no debería haberme ido”.

En ocasiones límite, la tensión y nerviosismo puede venir acompañada de insomnio y llanto incontrolable. Si esto se mantiene durante más de dos semanas, es conveniente buscar apoyo psicológico. El tiempo que vivimos fuera, lejos de nuestro círculo cercano, intensifica estas sensaciones, y pueden conducir a la persona a un trastorno depresivo. Una buena opción es la terapia online, que nos permite tener un terapeuta en nuestro idioma o, incluso, de nuestro lugar de origen.

Aparte de hablar con regularidad con los seres queridos y utilizar todas las innovaciones tecnológicas que facilitan la comunicación, es conveniente que prestemos especial atención a nuestro bienestar mental. Incorporar prácticas de meditación, no descuidar los ritmos de comida o sueño o realizar ejercicicio físico con regularidad, son algunos de los protectores para afrontar esta nueva etapa de nuestra vida con garantías de éxito.

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