¿Y si educamos nuestra felicidad?

La felicidad frecuentemente se cuela por una puerta que no sabias que estaba abierta
John Barrymore

En Cámbiate, llevamos tiempo hablando de felicidad, de optimismo, de positividad. Hemos dejado claro que más que una forma edulcorada de ver la vida, hablamos de una actitud en ella. Que no se trata de no ver lo que nos rodea, sino de elegir como lo vemos e interpretamos.

Pero la pregunta que les hago va un poquito más allá. Se me ocurre que si enseñamos felicidad, como actitud, probablemente conseguiremos todo aquello que nos llama la atención en las personas que le “ponen una sonrisa a la vida” a pesar de todas las dificultades que les puedan rodear.

Y ¿cómo podemos hacer esto?

En primer lugar, esto implica acción. Asumiendo que la vida nos va a dar golpes, que vamos a sufrir con circunstancias personales, familiares o sociales, duras; podemos tener dos opciones: una consiste en esperar, sin actuar, que sea “la vida” quien decida como estamos y que nos vapulee a su antojo. La otra es hacer acopio de “bienestar mental” para que cuando esto ocurra, tengamos un adecuado margen de encaje. Esta segunda opción se sale del concepto habitual de enfermedad y va hacia la búsqueda de un estado que no sea neutro, sino positivo de nuestra salud mental.

Aunque vacunarnos con optimismo, no es el objetivo principal de la psicología positiva, si es posible trabajar en nuestro bienestar mental día a día, saliendo de una actitud pasiva frente a él, a una constructiva, que nos ayude a ver las cosas con perspectiva amplia.

Como hemos comentado en otras ocasiones, la felicidad no es un estado. No llegamos a ella y allí nos quedamos. Estaremos tristes y felices muchas veces durante el día. Pero, mientras parece que nos preocupa mucho descubrir los motivos de nuestra tristeza, ya es hora que aprendamos a hacer lo propio con nuestra felicidad.

Me preguntan mucho por la felicidad ¿Cómo puedo serlo?¿Qué necesito para conseguirlo?¿Cuándo me llegará? …Y es quizás ahí, donde radica nuestro principal problema. En la espera. Es el peor enemigo de la felicidad. Si esperamos a que llegue, no lo hará. Si vamos a por ella, puede que si. Pero, y eso es seguro, si somos conscientes de la que tenemos, la hallaremos.
Porque no es sino eso. Encontrar nuestro punto de partida. Saber identificar el momento en el que lo somos, como nos sentimos, en nuestro interior. La linea base sobre la que definiremos nuestra felicidad.

Lo se. Ahora viene la pregunta que se supone debe contestar el psicólogo avispado ¿Y eso como se hace? Pues no lo se. Yo puedo contarles lo que la psicología positiva dice, lo que yo he aprendido y lo que me aplico a mi mismo. Que esto sirva para todo el mundo no lo garantizo.

En primer lugar, la felicidad es algo que ocurre ahora, no mañana o ayer. Incluso en la magnifica película “En Busca de la Felicidad”, descubrimos como esta acontece en cada momento de complicidad entre padre e hijo, en cada logro. Y este sería el punto de partida. Si vemos la felicidad como una escalera que debemos subirá hasta llegar a un determinado piso, mal vamos.

A mi me gusta más sentirla como un sendero que, cuando te paras, y miras a tu alrededor, te sorprende con vistas maravillosas. La felicidad es el camino, no el final del mismo. Este es uno de los trucos principales de la gente feliz. Viven cada momento como un logro y cada obstáculo, como un reto a superar. Así siempre están en positivo, por muy cansados o tristes que puedan sentirse.

Y este es el segundo paso. La actitud. Desde luego que tenemos permiso para estar tristes. No todo el camino es bonito. Incluso mucho de él, puede llegar a ser realmente duro, aparentemente infranqueable. Pero es nuestra actitud de superación la que, incluso estando en las peores circunstancias, nos hace revivir. En ciclismo creo que lo denominan “energía de fatiga”. En psicología lo denominamos “resiliencia”.

Esta tercera pata de nuestra mesa de la felicidad, aparece cuando más lo necesitamos, en esos momentos en los que no esperamos tener mucha fuerza para afrontar un golpe de la vida, nos encontramos con que si. Somos capaces y además, nos sorprende nuestra fuerza.

Y esta es la última pata. Nuestra capacidad de cambio, adaptación y aceptación. Es quizás lo que más caracteriza a quienes llevan una vida satisfactoria. Aprenden a comprender que la vida funciona como las olas, estás arriba o abajo, pero en ambos momentos puedes surfear sobre ellas.

Por supuesto que para conseguirlo hace falta esfuerzo, perseverancia y altas dosis de motivación propia. Y, en algunas ocasiones, una infinita paciencia con nosotros mismos y con otras personas que nos quieren. No olvidemos que la estabilidad sigue siendo uno de los objetivos que nos inculcan desde pequeños. Y, claro, estamos yendo contracorriente.

Somos cambio, y nada puede evitarlo. Todo depende de una decisión. Ser protagonistas de él, o meros espectadores. La aceptación de nuestra naturaleza cambiante y, en cierto modo, nuestra identificación con ella es el reconocimiento de una realidad que, por mucho que nos empeñemos, siempre estará ahí.

Tal Ben-Sahar, Profesor de la Universidad de Harvard, nos da sus claves para ser feliz. No parecen muy desencaminadas

Perdónese sus fracasos. Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”, añade el experto. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad.

No dé lo bueno por hecho: agradézcalo. Cosas grandes y pequeñas. “Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista”.

Haga deporte. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad, porque en realidad son unos opiáceos naturales que produce nuestro propio cerebro.

Simplifique, en el ocio y el trabajo. “Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”, propone Tal Ben-Shahar. Ya se sabe que “quien mucho abarca, poco aprieta”, y por ello lo mejor es centrarse en algo y no intentarlo todo a la vez. Y no se refiere solo al trabajo, sino también al área personal y al tiempo de ocio.

Aprenda a meditar. A largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia. El profesor de Harvard añade que es también un momento idóneo para manejar nuestros pensamientos hacia el lado positivo, aunque no hay consenso en que el optimismo llegue a garantizar el éxito, sí le aportará un grato momento de paz.

Practique una nueva habilidad: la resiliencia. La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. Nuestro nivel de felicidad de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso. Esto se conoce como locus de control o ‘lugar en el que situamos la responsabilidad de los hechos’. Si perdemos la percepción del fracaso como ‘oportunidad’, que tiene mucho que ver con la resiliencia.

Artículo escrito como colaboración para laboratoriodefelicidad.mx Aquí puedes ver el artículo en su web

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Un pensamiento en “¿Y si educamos nuestra felicidad?

  1. Pingback: La Felicidad Frecuentemente se Cuela Por Una Puerta Que no Sabías Que Estaba Abierta - El Vaso Medio Lleno

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