¡No eres tus emociones!

En la última década, la ciencia ha descubierto el rol que las emociones juegan en nuestras vidas. Los investigadores han encontrado que incluso más que el coeficiente intelectual, tu consciencia emocional y habilidades para controlar sentimientos, determinarán nuestro éxito y felicidad en todos los ámbitos de la vida, incluyendo las relaciones familiares

John Gottman

¿Cuántas has dicho, “estoy triste” o “estoy enfadado”? O muchos otros sentimientos o emociones que, sin pretenderlo, permites que se apoderen de tu “ser“. Para manejar mejor nuestras emociones, debemos empezar reconociendo que no somos lo que sentimos o como nos encontramos. Solamente lo experimentamos.

Nuestro cerebro no es, ni mucho menos, el órgano sumiso y racionas que muchos creen o pretenden hacernos creer. Más bien todo lo contrario. Nuestro cerebro puede sentir cosas incluso aunque nosotros no queramos, y no siempre es sencillo controlarlo. 

El primer paso para manejar estos desconocidos e inesperados sentimientos es reconocer que son. Y que no son tu personalidad. Ni siquiera tu estado emocional.

El neurocientífico A. Kobb hace una interesante distinción. ¿Si te rompes el brazo dices “estoy roto“, a la gente? Sin embargo cuando estamos enfadados nos identificamos inmediatamente con ese estado de ánimo, nos identificamos con él y se lo contamos a todo el mundo ¡qué quiera oírnos, claro!

Esto nos hace profundamente infelices. Tu brazo levanta peso. Al igual que tu cerebro produce pensamientos. Es lo que hace. Y como todos sabemos, algunos de esos pensamientos son ridículos. No significa que sean lo que tu eres.

Aunque la distinción pueda resultar arbitraria, es la clave para manejar tus emociones. Si crees que eres tus emociones, no hay nada que hacer. Si tratas el estar enfadado, triste o frustrado de la misma forma que lo haces con un dolor de cabeza o un resfríado, sabrás que puedes conseguir aliviar el estrés que te pueden producir estas emociones.

Esta forma de pensar es clave para el abordaje del bienestar mental. Y de la consideración que tiene para nosotros. No esperemos que otros nos traten como nosotros nos gustaría, si no somos capaces de querernos nosotros mismos.

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