¿Seamos serios?

Ahora las torturas se llaman apremios ilegales. La traición se llama realismo. El oportunismo se llama pragmatismo. El imperialismo se llama globalización. Y a las víctimas del imperialismo se las llama países en vía de desarrollo
Eduardo Galeano

Las dos acepciones de esta palabra – la seriedad -, presenta un problema a la hora de utilizarla en comunicación ¿Nos referimos a seriedad cuando queremos decir aburrido, triste o poco imaginativo?¿O lo hacemos para hacer entender que lo que proponemos está fundamentado en sólidas bases, digamos, científicas?

En la primera acepción, encontraremos que la seriedad alude a una falta de sentido del humor, a una incapacidad creativa o imaginativa que, generalmente, la persona que la exhibe o comparte, no está orgulloso de tener. Es como si estuviese diciéndonos ¡soy una persona aburrida, con ningún interés para los demás! Más allá de despertar la compasión, es una situación que no parece deseable y que coloca a quien la padece en una, seguro no deseada, situación de aislamiento social.

Este primer uso de la seriedad como concepto es el más utilizado. en psicología. Especialmente por quienes necesitan potenciar su autoestima.

La segunda interpretación, que a priori parece la más sencilla de discernir es, sin embargo, la más confusa de largo. Porque es a esta a la que acuden quienes, para justificar su actuación, propuestas o modo de pensar, nos llevan a pensar que lo que dicen o hacen, está bien fundamentado.

Encontramos argumentos como ¡siempre se ha hecho así!¡era lo que había que hacer! o el tan socorrido ¡las circunstancias no nos dejaron otra salida! Todos para dotar de cuerpo científico o justificado, algo que no lo está.

Porque ser serios, en esta segunda acepción, se utiliza generalmente para cometer o proponer los disparates mayores que lleva a cabo el ser humano. Son cuestiones como cerrar la puerta a quienes huyen de la barbarie de la guerra, expulsar de sus casas a quienes han sido engañados por los bancos o recortar derechos fundamentales en aras de un supuesto bien mayor.

Y esto no es seriedad. Es impunidad. Y mucha cara dura por decirlo suavemente.

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