Trastornos ¿de película?

Hay una serie de trastornos psicológicos que oímos frecuentemente y que, en ocasiones, no están fundamentados en clasificaciones diagnósticas oficiales. Aún así, su uso es bastante común y extendido en la divulgación.

Quizás el más popular de todos, el síndrome de Peter Pan, y describe a aquellas personas adultas caracterizadas por su inmadurez emocional, que suelen huir de las responsabilidades y actúan de manera infantil. No es un síndrome reconocido oficialmente por la Organización Mundial de la Salud, pero su es bastante popular y más frecuente en los hombres que en las mujeres. Por ello, si un hombre padece este síndrome y tiene una pareja heterosexual, ella podría sufrir el denominado síndrome de Wendy, obligada a ejercer continuamente el rol de madre.

Una extraña enfermedad denominada tricofagia, que consiste en la ingesta de cabello o vello corporal de forma compulsiva, generando bolas de pelo en el estómago, recibe el sobrenombre de síndrome de Rapunzel. En ocasiones, esta masa puede envolverse alrededor de los órganos y perforarlos, por lo que la única solución es la cirugía. Aunque este síndrome es poco frecuente, habitualmente se relaciona con la tricotilomanía, un trastorno obsesivo compulsivo que provoca al enfermo la necesidad de arrancarse pelos de la cabeza continuamente, y que suele estar causado por episodios de estrés.

El síndrome Klene-Levin, un trastorno neurológico poco habitual que se caracteriza por períodos de excesivo sueño (que pueden llegar a durar semanas e incluso meses), durante los cuales se pueden sufrir alteraciones del comportamiento y amnesia, es conocido como el síndrome de la Bella Durmiente.

Aunque no está aceptado científicamente, habitualmente se dice de las personas sentimentalistas y compasivas hacia los animales y la naturaleza, que tienen complejo de Bambi. Se trata de llevar un paso más allá la defensa de la protección animal y el cuidado del medio ambiente, oponiéndose radicalmente a cualquier acto que implique una forma de dominio del planeta por parte de la humanidad. No obstante, tal vez no sería tan malo que todos tuviésemos alguna manifestación moderada de este complejo ¿No creen?

El complejo de Cenicienta fue acuñado en 1981 por Collete Downing en su obra “El complejo de Cenicienta. El miedo oculto de la Mujer de la Independencia”, aunque si bien aún no está aceptado como trastorno psicológico por la OMS. Describe a mujeres que se sienten totalmente dependientes de los hombres tanto emocional como económicamente. Además, el complejo se caracteriza por la idealización de una imagen mental masculina, un “príncipe azul”, que les genera una gran frustración al ser totalmente intolerantes ante cualquier defecto de su pareja.

Por último y aunque no se trata de un trastorno propiamente dicho, el efecto de Pinocho fue demostrado recientemente en una investigación pionera realizada en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada. El estudio aporta algo de verdad al cuento, ya que confirma que la nariz delata a las personas cuando mienten, no porque aumente de tamaño, sino porque sube su temperatura y, en consecuencia, se inflama levemente, apareciendo también ligeramente enrojecida.

Adaptado de artículo de Fotogramas

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