¿Fuego con fuego?

Que fácil es empujar a la gente… Pero que difícil guiarla
Rabindranath Tagore 

CitasCambiate2016.007

No responder a un correo electrónico desagradable, que proviene de una persona que lo hace de forma premeditada es, de hecho, una buena idea. Sería muy fácil contestar en el mismo tono, y probablemente pueda ser nuestra primera opción. Pero esta ruta conlleva el riesgo de terminar convirtiéndonos en quien nos ofende.

Este dilema de como manejar a alguien que no es agradable, sin parecerlo nosotros, es algo común, y tremendamente difícil de abordar. Afortunadamente, hay formas de evitarlo e, incluso podríamos decir, salir siendo mejores personas.

Quienes utilizan una forma agresiva o poco respetuosa para relacionarse con otras personas, nos desestabilizan. Y, cayendo en su trampa, lo consiguen. Podemos llamarles personas tóxicas, pero su toxicidad dependerá en gran manera de la forma en que nosotros respondamos a sus provocaciones.

La buena gente puede ser incluso mejor, si tiene experiencias positivas con otras personas. Tenemos la tendencia a ser amistosos con quien sonríe, se muestra simpático, y se relaciona con el grupo. Por otro lado, al miembro gruñón, tendemos a evitarlo lo más posible si nos lo encontramos por la calle o somos los primeros en llegar a una reunión en  la que ya está. Esto solo conseguirá apartar todavía más a esta persona. Al igual que lo agradable se autoalimenta, también lo hace lo desagradable. El fuego no se combate con más fuego. ¡Consigue que el incendio sea todavía mayor!

Parece posible que, si nos esforzamos en cultivar lo agradable, lo consigamos. De hecho, existen evidencias de que las personas que lo hacen tienen una forma más alegre de abordar la vida.

Todo esto parece muy lógico ¿verdad?. Pero ¿como lo conseguimos? Porque, seamos sinceros, si alguien es desagradable, sea adrede, por timidez o falta de habilidades sociales, a la mayoría de nosotros nos apetece más bien poco invertir nuestro tiempo en interactuar con él o con ella. Y si lo tenemos que hacer, tenemos la tendencia a minimizar el tiempo de contacto y hacerlo en un tono, a lo más, neutro.

Conseguirlo no es sencillo. Pero con estas orientaciones podremos hacerlo en alguna que otra ocasión. Y además, tienen la ventaja de, si lo hacemos, nos animará a intentarlo más veces en el futuro.

No mezclemos gruñidos con gruñidos

Como comentábamos al principio, lo sencillo es responder de la misma forma que se dirigen a nosotros. Seremos agradables si lo hacen de forma agradable y viceversa. Pero si somos nosotros quienes cambiamos el sentido de la interacción y respondemos de forma agradable a un gruñido, es probable que consigamos darle la vuelta a la misma. No funciona siempre, pero la sorpresa que produce puede ser un gran antidoto, y contagiarse a quien no sabe, no puede o no quiere, salirse de su comodidad gruñona.

Preguntémonos que estamos proyectando

Vale tanto para lo bueno como para lo malo. Si tenemos un día desagradable, intentemos no contagiarlo a los demás. No siempre es fácil. Pero seamos conscientes que lo mejor, en estos casos, puede ser reducir la posibilidad de contacto con los demás o, simplemente, decírselo. Es sorprendente el efecto que esta última técnica tiene en nuestro (mal) estado de ánimo. Parece como si al compartirlo, se disolviese un poco.

Pero, observemos el matiz. Estamos compartiendo porque nos sentimos antipáticos hoy, en lugar de “estar” antipáticos. Diferente ¿verdad?

No nos pasemos

Vamos a ver. Esto no es una misión. Si no tenemos éxito en animar a alguien, podemos provocar la reacción opuesta si insistimos para conseguirlo. En este caso simplemente, dejemos espacio a quien no parece querer salir de su negatividad.

Aceptemos lo inevitable si de hecho lo es

Puede que no seamos capaces de cambiar la personalidad o forma de relacionarse de la otra persona, pero si lo haremos con nuestras reacciones. Y, creanme, es un cambio importante cuando lo hacemos. De hecho, en ese caso, seremos capaces de identificar como lo que más nos pone de mal humor, no es la persona tóxica, sino la forma como reaccionamos a ella.

Si no nos dejamos arrastrar por su actitud, gran parte del problema se soluciona. Al menos para nosotros.

Sería maravilloso si viviésemos en un mundo en que todas las personas fueran agradables con los demás. Sin embargo hay quien parece tener la antipatía grabada en su personalidad. Aprender a lidiar con ellos o ellas, puede que no les cambie, pero consigue que nosotros no caigamos en lugares que no tienen nada que ver con nuestra forma de ver el mundo.

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