La Navidad es la época del año
en que se nos acaba el dinero antes que los amigos.
Larry Wilde

Uff ¡Qué momentos! Estamos en la época navideña en la que nos bombardean por todos lados sugiriendo (es un decir), juguetes, regalos, cachivaches y un montón de cosas más que debemos comprar para ser felices, o para que lo sean los más pequeños de la casa.

Este tiempo es quizás el mejor exponente de nuestra sociedad de consumo. Regalaremos muchas cosas que no saldrán de la caja; otras que si, pero que apenas se usarán. Y, además, se repetirán los regalos en diferentes casas, dependiendo de lo amplia que sea la familia.

Siendo psicólogo se supone que yo no he caído en esto. Que me sabía la lección ¡Qué va! ¿Recuerdan aquello de “en casa del herrero”? Pues eso. Por supuesto que me he visto yendo de casa en casa recogiendo regalos que apenas caben en el coche, llevando de la mano a hijo o hija, con su regalo preferido de los “de casa”. Y poniendo cara de póquer cuando llegaba alguno que no era lo esperado o, peor aún, lo aconsejado.

Pero bueno, será por los años y por la profesión, que uno termina aprendiendo mucho de esto de los regalos de Navidad y Reyes. Comparto con ustedes algunos de mis descubrimientos y, si me permiten, algunos consejos para quienes todavía están en la tesitura de enviar la carta.

  1. ¿Estás seguro que quiere un robot de cocina? Esto es lo primero que debemos tener en cuenta. Les aseguro que no son los únicos en descubrir que, aunque el niño quiera una aparato de estos para cocinar, como su padre o su madre no sean unos cocinillas, el regalo quedará apartado a las primeras de cambio. Y esto es valido para la caña de pescar, la caja de herramientas o cualquier otra cosa que implique que papá o mamá tomen un papel activo en su uso.
  2. Ya tiene una consola. Como es lógico, todos los años aparecen nuevas consolas de juegos en el mercado más nuevas que la que tenemos en casa. Pero, creanme, con una es suficiente para la infancia y adolescencia de sus hijos e hijas. Si no, se verán con un montón de trastos contaminantes en casa, después de unos años. Esto es experiencia.
  3. ¿Has leído las etiquetas? Es esencial que lo hagamos. Son una fuente de sabiduría que ahora también pueden consultarlas en internet. Es importante que conozcamos de que están hechos y a las edades que se destinan. Si obviamos esto, quejarse luego no tiene sentido alguno ¡Ya te lo habían dicho!
  4. ¿Refleja con tus valores? Es, para mi, lo esencial. Y lo más complicado. Regalar juguetes no sexistas, ecológicos y que promuevan el compañerismo y la bondad es, en ocasiones, una decisión solitaria. Es como luchar contra el resto del mundo. Pero, recordemos: el principal lugar para la educación está en casa. Y los juguetes forman parte esencial de ésta.
  5. No necesita un móvil. Una de las decisiones más complicadas. Este aparato tan útil, se ha convertido en un juguete más, que se regala desde la más tierna infancia. Sus hijos le dirán que lo tienen todos sus amigos y amigas (como ha ocurrido siempre). Pero lo cierto es que lo que pueden hacer con un smartphone, también lo podrán hacer con un ordenador, que además les será útil para clase.

Resumiendo, este período puede realmente sacarnos de nuestras casillas por muchas razones. Pero si aplicamos un poco de sentido común a la hora de comprar los regalos aseguraremos que el daño sea mínimo.

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