Dificultades

Proyecta lo difícil, partiendo de donde aún es fácil. Realiza lo grande partiendo de donde aún es pequeño. Todo lo difícil comienza siempre fácil. Todo lo grande comienza siempre pequeño.
Lao Tsé

Todos pasamos por dificultades de cuando en cuando. Forma parte del ciclo natural de la vida.

Y, al igual que no podemos saber si algo esta caliente, sin compararlo con algo frío, no conseguiremos apreciar los buenos tiempos si no conocemos malos momentos. Algunas veces las dificultades que enfrentamos vienen de situaciones que no podemos controlar. En otras ocasiones son consecuencia directa de decisiones que hemos tomado.

En la vida, no podemos cambiar los eventos o sus resultados. Podemos, sin embargo, elegir la emoción o significado que le asociamos a ellos.

La vida es un 10% lo que ocurre y 90% como reaccionamos a ello

Nuestros cerebros están diseñados para almacenar información y luego, en cada segundo del día, cuando se reciben nuevos datos, nuestro cerebro busca referencias en nuestra memoria para responder a ello. Por eso cuando tenemos una mala experiencia en una montaña rusa o con determinada comida, tendremos una respuesta automática si se repite la posibilidad de una o de otra. Es un principio de economía cerebral que, en ocasiones, puede hacernos la vida realmente complicada.

Tendremos que reentrenar a nuestro cerebro para conseguir ver lo positivo, incluso en las circunstancias más difíciles.

Para ello, en estos momento difíciles, podemos hacernos unas preguntas, que nos ayudarán a colocarnos en el lugar emocional que debemos.

¿Respiro?

Esta es una de las primeras preguntas que hago en mis cursos. Respirar es algo que hacemos tan naturalmente, que a menudo olvidamos su importancia para estar vivos. Conocer nuestra respiración, su frecuencia e intensidad, nos puede ayudar sobremanera a saber como estamos, además de anclarnos a la realidad. Si estamos en un momento complicado, busquemos un lugar tranquilo, cerremos nuestros ojos y concentrémonos en respirar. Solo en eso. Sin evitar que los pensamientos aparezcan, pero poniendo en primer lugar la respiración, conseguiremos centrarnos y abordar las situaciones difíciles con mucha mayor ecuanimidad.

¿Qué puedo controlar?

Resulta paradójico, pero ésta es una de las preguntas clave -que no nos hacemos-, cuando todo se descontrola en nuestra vida. Nuestra costumbre de intentar abordar la totalidad, consigue que los situaciones se conviertan en problemas. Si, por el contrario, hacemos un esfuerzo en pensar, que podemos controlar en una situación que, a primera vista, parece inabordable, cambiará enormemente nuestra perspectiva y competencia para generar soluciones.

¿Qué no puedo controlar?

La otra cara de la moneda. Es lo que conseguiremos al “despejar la ecuación” de los momentos complicados. Puede ser una enfermedad, una catástrofe natural o cosas cotidianas, que hacen que “se colme nuestro vaso”. Simplemente aceptar que ocurren cosas impredecibles y centrarnos en nuestra “lista de soluciones”, plausible, cambia nuestra visión de problema a reto.

¿Responsabilidad o culpa?

El ser humano, sea por educación o por religión, tiende a perder un tiempo precioso en atribuirse la culpa de lo malo (de lo bueno, no lo llamaremos culpa). Esto termina desactivando, en parte, su capacidad de actuar. No quiere decir que no asumamos la responsabilidad de nuestros actos.

Al contrario, debemos hacerlo, entendiendo que esta es la perfecta forma de comenzar a buscar una solución.

Lamentarnos no nos lleva a la acción. Nos paraliza.

¿Cuál es mi estado emocional?

Es probablemente lo más complicado de conocer. Implica una calma que, en muchos momentos, es precisamente de lo que carecemos. Pero, si junto con la respiración, nos tomamos tiempo de evaluar como nos sentimos, seremos capaces de saber hasta que punto podemos afrontar una determinada situación. Y tomar decisiones adecuadas.

Los cambios y las dificultades son algo consustancial a la existencia. Hacer el esfuerzo para ver las situaciones difíciles como oportunidades de actuar, es una forma positiva de conseguir navegar en la ola de la vida, en lugar de vernos arrastrados por ella.

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